Выбрать главу

– Habría estado perdida sin ti -concluyó Evie-. ¿Te lo había dicho alguna vez? Es verdad.

Lori se sintió muy incómoda. Su madre y ella no se llevaban bien. No estaba permitido que estrecharan lazos.

– No fue para tanto.

– Claro que lo fue. Una parte de la rehabilitación consiste en reconocer cómo afectó el alcohol a tu familia. A ti te obligó a crecer demasiado de prisa. Tú te convertiste en la madre. Yo nunca quise serlo.

Lori se movió, incómoda, en el sofá.

– No pasa nada -murmuró con ganas de cambiar de conversación.

– Sí pasa -replicó su madre-. Ojalá las cosas hubieran sido distintas -Evie frunció el ceño-. ¿Dónde están tus gafas? ¿Llevas lentillas?

– Se ha operado -intervino Madeline con tono orgulloso-. ¿Verdad que está muy guapa?

– Nunca será tan guapa como tú -fue la respuesta de su madre.

Madeline hizo una mueca de disgusto, pero sirvió para que Lori recuperara la perspectiva.

– Creí que no querías operarte de los ojos -comentó Evie.

– No puedo llevar lentillas -le explicó Lori-. Lo intenté, pero es imposible. Ya no tengo que preocuparme por las gafas.

– ¿Hay algún hombre? -preguntó su madre sin rodeos-. Las mujeres siempre hacemos tonterías por un hombre.

Lori recordó que había querido cambiar de tema, pero no a ése.

– No lo he hecho por un hombre -afirmó Lori rotundamente-. Me gusta poder ver sin gafas.

Su madre no se inmutó. Lori no soportaba que pareciera que había cambiado por Reid. Él había sido un catalizador, pero no el motivo.

– De acuerdo. Estoy viendo a alguien, más o menos. No es nada importante.

– ¿Nada importante? -preguntó Madeline-. Es fabuloso, como él. ¿Te acuerdas de Reid Buchanan? Aquel jugador de béisbol imponente que se fastidió el hombro el año pasado y tuvo que retirarse.

– No me acuerdo de eso -contestó Evie -, pero ¿no han publicado un artículo despreciable sobre él hace poco? Algo sobre que era un… -Evie no terminó la frase.

Lori no sabía qué decir. Parecía que si callaba otorgaba y si no lo hacía, significaría que lo sabía de primera mano.

– No es verdad -dijo por fin-. Nada de todo eso es verdad.

– Entiendo.

Evie y Madeline intercambiaron una mirada. Lori prefirió no saber lo que estaban pensando.

– Es fantástico -dijo Madeline-. Adora a Lori.

– Me alegro -Evie sonrió-. Ya era hora de que encontraras a alguien.

Lori supuso que la vida nunca era rectilínea, como tampoco lo eran las personas. Evie lo había intentado. No lo había conseguido, pero lo había intentado.

Capítulo16

Lori se sirvió un poco de pollo a la naranja.

– Está muy bueno -comentó-. ¿Dónde está ese sitio de comida para llevar?

– A un par de manzanas de aquí. Te lo enseñaré. Por fuera no parece gran cosa, pero la comida es muy buena.

Reid y ella estaban sentados en el suelo de la sala de casa de Gloria con las espaldas apoyadas en el sofá. La mesita estaba llena de recipientes de aluminio. Reid había llevado la comida y una botella de vino blanco. Lori estaba segura de que acabarían en el dormitorio, pero le gustaba esa situación. Era más normal, por decirlo de alguna manera.

– Anoche todo fue bastante raro con mi madre -Lori volvió al tema de conversación que estaban teniendo-. Sé que está intentando reconciliarse y empiezo a creer que se siente fatal por lo que pasó durante los años que bebía. Sé que lo correcto es perdonarla.

– La perdonarás cuando estés preparada.

– Es posible.

A veces quería perdonarlo todo y estar cerca de su madre, pero otras se sentía tan furiosa que quería castigarla para siempre.

Todavía se acordaba de cuando tenía diez años y se le rompió su vaso favorito. Era un vaso alto, perfecto para mezclar bebidas sin mucho hielo que aguara el alcohol. Lori estaba lavando los platos y se le resbaló el vaso. Su madre estaba borracha y cuando Lori confesó, empezó a gritar.

– ¡No sirves para nada! Lamento haberte traído al mundo. Naciste por accidente. Ya tengo una hija perfecta, ¿para qué iba a querer una niña espantosa como tú?

El dolor todavía se clavaba en ella, como los trozos de cristal roto.

– Sé que cuando muera Madeline, será la única familia que me quede. Eso debería significar algo. No dejo de pensar que si lo intento con ganas, podría olvidarlo todo.

– Nadie dice que tengas que hacerlo -replicó él.

– Lo sé, pero me siento culpable por no aceptar sus cambios y pasar página. Es extraño. Estuvimos hablando del pasado. Me di cuenta de que todas recordábamos el mismo incidente, pero de forma distinta. Supongo que eso es la perspectiva. Yo veía lo que me importó a mí y Evie lo que le importó a ella.

– Quizá todas tuvierais parte de razón -dijo Reid-. Puedes recordar las partes que prefieres recordar y olvidarte de las otras.

– ¡Ojalá pudiera!

– Quiero divulgar la enfermedad de Madeline -Reid dejó el tenedor-. Quiero que se conozca su historia para que le gente piense en hacer donaciones. Dijiste que su grupo sanguíneo es muy raro. He investigado un poco y hay pocas posibilidades de encontrar un donante. Creo que podemos hacer algo.

– ¿A qué te refieres con divulgarlo? -pregunto Lori con extrañeza.

– Hablar con la prensa. Dar entrevistas. Comentar lo importantes que son las donaciones. En Estados Unidos tienes que entrar en un programa de donaciones mediante contrato. Se da por supuesto que no quieres donar a menos que digas lo contrario. En Europa pasa lo contrario. Se supone que la gente quiere donar. Si no quieres, tienes que especificarlo. A mí me parece que eso es más lógico. He hablado con algunos centros de donaciones. Están dispuestos a ayudarme a coordinar todo el asunto. A ayudarnos… -Reid hizo una pausa y la miró-. ¿He ido demasiado lejos? ¿Estás enfadada?

Ella se inclinó y lo besó. Los ojos le abrasaban y se imaginó que era por las lágrimas.

– ¿Harías eso por mi hermana? ¿Has investigado y ahora estás dispuesto a salir para dar la cara?

Lori quiso decir que no podía hacerlo, que la prensa lo machacaría, pero la vida de Madeline era demasiado importante. Aun así, quiso cerciorarse de que él sabía dónde estaba metiéndose.

– No puedes olvidarte del articulo. Sabes que cualquier entrevistador lo sacará a relucir.

– Las personas que me importan saben cómo soy de verdad -Reid se encogió de hombros.

– Te refieres a mí y a otras cuatrocientas mujeres -bromeó Lori.

– Me refiero a ti -Reid no sonrió-. Me gustaría hablarlo con mi familia. Esto podría salpicarlos -él le acarició la cara-. Será molesto las primeras dos veces; luego, hablaremos de Madeline y de que la donación de órganos puede salvar vidas. Divulgaremos ese mensaje. ¿Qué me importa si alguien escribe un chiste a mi costa?

Reid estaba siendo juicioso de la mejor forma posible.

– No puedo creerme que ya hayas indagado.

– Soy un tipo impresionante…

– Lo eres -ella volvió a besarlo-. Más que impresionante, eres sensacional. Si alguna vez necesitas una carta de recomendación, no dudes en decírmelo.

Él la abrazó y la sentó en su regazo.

– Te tomo la palabra.

Reid aparcó su coche deportivo y entró en el Downtown Sports Bar. Un par de tipos lo llamaron y oyó algunos chistes, pero siguió adelante. Cal, Walker y Dani ya estaban allí, en la mesa del rincón.

– Sé que no llego tarde -dijo mientras saludaba a todos.

– Hemos llegado antes para poder hablar de ti -le explicó Dani con una sonrisa.

– Muy bien. ¿Qué habéis decidido?

– Que podrías acabar estando bien -Dani se sentó y le acercó una cerveza a Reid-. En realidad, te hemos despedazado durante un par de minutos.

Él le tiró de un mechón de pelo.