Выбрать главу

– Muy bien. Mi marido me abandonó cuando caí enferma. Eso no le pasa a las personas perfectas.

– Tampoco es culpa tuya -Lori puso los ojos en blanco-. Es un cretino.

– Yo lo elegí.

– Es verdad. Ya tienes un defecto. Un gusto pésimo con los hombres.

– Es un defecto considerable que impide que sea perfecta.

– Para mí siempre serás perfecta -Lori la abrazó-. Te quiero. Ni se te ocurra morirte.

– No lo haré. Lo prometo. Quiero llegar a ser un incordio para ti cuando seamos viejas.

– Me encantaría.

– Además, también quiero bailar con Reid en vuestra boda.

– No habrá ninguna boda.

– Creía que estabas loca por él.

– Lo estoy, pero no tengo ni idea de lo que piensa Reid. Sé que le gusto, pero entre eso y casarse hay todo un mundo. Ni siquiera pienso en ello.

Era mentira. Claro que pensaba. A veces, era lo único que pensaba. Estar con Reid le parecía un sueño imposible. Sin embargo, a veces se concedía esa fantasía.

– Es mucho mejor de lo que me imaginé -siguió Lori-. Es un hombre maravilloso.

– Tú tienes el mérito de algunos cambios.

– Te lo agradezco, pero lo hizo todo él solo. Yo… -Lori tragó saliva- estoy enamorada.

– ¿Se lo has dicho?

– No. Me da miedo de que se ría.

– ¿Qué posibilidades hay de que pase eso?

– En este momento, hasta la más mínima posibilidad es demasiado grande. No soportaría ese sufrimiento.

– Está loco por ti -Madeline la agarró de la mano con fuerza.

– Es posible…

Aun así, Lori no sabía si eso era suficiente.

– Lo está -insistió su hermana-. Plantéatelo de esta manera. Ha estado con suficientes mujeres para saber lo que quiere. Te quiere a ti. Lo veo en sus ojos.

Lori quiso creerlo con tanta fuerza que le dolió.

– Cambiemos de tema -ordenó Lori-. Ahora no puedo seguir hablando de Reid.

– Hablemos de mamá -propuso Madeline-. Vas a tener que ayudarla con todo esto.

– Lo sé.

Lori tampoco quería pensar en eso.

– No es el demonio.

– Nunca he dicho que lo fuera.

– Tienes que perdonarle lo que paso -insistió Madeline-. No era ella misma.

Lori no estaba segura de que las borracheras fueran una excusa, pero asintió con la cabeza por Madeline.

– Si pasara algo -siguió su hermana-, he detallado mis cuentas bancarias y otra información económica en una carpeta. Está en el cajón superior de mi cómoda. También hay una póliza de un seguro de vida. Me la hice cuando me casé, pero ahora mamá y tú sois las beneficiarias. Ayúdala a invertir el dinero. Ella no sabe de esas cosas.

Lori tuvo que hacer otro esfuerzo para contener las lágrimas y dio una palmadita en el brazo de su hermana.

– Deja de hablar como si fueras a morirte.

– Tengo que decirlo -replicó Madeline con delicadeza-. Ayuda a mamá. Tendrá dinero para comprase un piso. Le dará cierta seguridad.

– Querrá comprarse otra caravana. Estoy segura.

– Entonces ayúdala a comprarla. Está haciéndose mayor, Lori. Su salud no es muy buena. Tantos años bebiendo la han envejecido. Quiero que esté contenta y segura.

– Muy bien -Lori se secó los ojos-. La ayudaré para que se asiente en algún sitio, sea un piso o una caravana. Si sobra, la ayudaré a invertir el dinero en algo seguro. No quiero seguir hablando de esto.

– Lo sé, pero quiero que lo prometas.

– Lo prometo.

– ¿Estás segura?

– ¿Por qué no? -Lori sollozó-. Las dos sabemos que no va a pasarle nada. ¿Por qué no iba a prometer cualquier cosa?

– Me gusta que pienses así.

– ¿De cuánto dinero hablamos por el seguro de vida? -Lori decidió que eso les pondría de mejor humor-. ¿Debería hacerme ilusiones?

– Tendrás que esperar -Madeline sonrió.

– Me encantaría esperar para siempre.

Dani archivó los menús y miró a su cuñada. Penny había pasado un par de horas en la cocina supervisando los preparativos para la cena de esa noche.

– Me encantan las buenas reducciones -susurró Penny para sí misma-. Si añadimos un poco más de vino tinto a la salsa, debería resaltar los elementos frutales. ¿Qué opinas?

Dani cerró el archivador y se dejó caer en la butaca que había delante de la rebosante mesa de despacho de Penny.

– Echo de menos trabajar contigo.

Penny la miró con una mueca de fastidio.

– Yo no soporto que te hayas ido. Ya sé que no debería decirlo, que tienes que ponerte a prueba en otro sitio, pero no tiene por qué gustarme. Por cierto, sólo estás poniéndote a prueba para ti misma. Todos los demás ya estamos convencidos. ¿De acuerdo?

– A mí tampoco me gusta -reconoció Dani-. Quiero decir, estoy muy ilusionada, pero me ha encantado trabajar contigo.

– Soy la mejor jefa de cocina que conocerás en tu vida -aseguró Penny con una sonrisa-. Y la más modesta.

– Sin duda.

– Te encantará trabajar con Bernie. Es adorable y bastante atractivo -Penny arqueó las cejas-. Un poco mayor para ti, pero si te gustan esas cosas…

Dani levantó las manos con los dedos cruzados.

– Ni hablar. Parece encantador, pero no. He zanjado definitivamente la relaciones sentimentales. He recibido un mensaje muy claro de alguien muy importante que está en el cielo.

– Que Gary sea ex sacerdote no significa que Dios quiera que te olvides de los hombres.

– Entonces ¿cuál es el mensaje?

– Que te olvides de ése. O no. Quizá Dios quisiera decirte que Gary es un encanto y que deberías ser afable con él.

– No lo creo -Dani sacudió vehementemente la cabeza-. Tengo remordimientos por haberme alejado de Gary, pero te aseguro que no soy la mujer indicada para tratar los asuntos que una relación con él pondría sobre la mesa. No tengo tanta paciencia.

– No lo sé. Todo tiene un elemento romántico. ¿Qué pasaría si fueras su primera vez?

Dani no quería llegar ahí. En cuanto Gary le había confesado su pasado, había notado un nudo en las entrañas que le indicaba que tenía que salir corriendo, y ella le hizo caso. No se sentía muy orgullosa, pero tampoco lo lamentaba.

– Se ha acabado mi relación de amistad con Gary y cualquier relación con un hombre, para siempre.

– Si tú lo dices… Podrías intentarlo con mujeres.

– No, gracias -Dani arrugó la nariz.

– Por cierto, no tienes que hacer eso -Penny señaló el archivador.

– Quiero terminar lo que he empezado.

– Ya no trabajas aquí. Tienes que pasar página.

– Lo he hecho -Dani se encogió de hombros-, pero sigo echando de menos este sitio, aunque estoy entusiasmada con el trabajo.

– Si vas a olvidarte de los hombres, podrás dedicarte en cuerpo y alma al trabajo. Sabe Dios que yo lo he hecho muchas veces -dijo Penny.

Dani asintió con la cabeza y tomó un bolígrafo que asomaba por debajo de un montón de papeles.

– He pensado en intentar encontrar a mi padre.

– Es un paso considerable -Penny se dejó caer contra el respaldo de la butaca-. ¿Sabes algo más de él?

– No. Ni siquiera sé su nombre. Hablé con una detective, pero me dijo lo que ya me imaginaba. Si no tengo más información, estoy perdida. Necesito algo para poder avanzar. He preguntado a mis hermanos, pero ellos tampoco saben nada.

– Sabes cuál es el paso siguiente -Penny lo dijo con delicadeza.

– No voy a darle otra oportunidad a Gloria para que me amargue la vida. Con una vez he tenido bastante.

– Es la única que sabe algo. Piénsalo -le recomendó Penny-. Ha cambiado. No sé cómo ni por qué. A lo mejor se dio un golpe en la cabeza cuando se cayó, o quizá la enfermera de día ha obrado un milagro, sólo sé que ya no es la mujer espantosa que conoces.

– No quiero darle el placer de tener que suplicarle. Significaría que se ha salido con la suya.