– Lo sabía. ¿Crees que no lo sabía? Le pediste que viniera a vivir contigo cuando más lo necesitaba. Le abriste tu corazón y tu vida. Ahorrabas para no tener que trabajar durante sus últimos meses. Ella lo sabía. Te habría querido en cualquier caso, pero también te quería por eso. Te respetaba y admiraba. Me lo dijo.
Lori lloró, por primera vez desde que su hermana había muerto. Unas lágrimas enormes y ardientes le cayeron por las mejillas.
– La… echo de menos -balbució entre sollozos-. La echo mucho de menos. Quiero que vuelva. Sé que tenía que intentar el trasplante y siempre estaré agradecida de que muriera con esperanza, pero la añoro.
– Lo sé.
Se abrazaron unidas por un dolor que pareció interminable. Sin embargo, las lágrimas cesaron y Lori se secó la cara.
– Mamá, ¿quieres venir a vivir conmigo?
– Te lo agradezco -su madre sonrió-, pero las dos somos demasiado cabezotas para que salga bien. Sin embargo, me gustaría que no nos alejáramos. Nos tenemos la una a la otra y no quiero perderme ni un minuto de eso.
– Yo tampoco.
Entre su trabajo nuevo y los preparativos del entierro, Dani no había tenido ni un segundo libre. Pasó una semana antes de que pudiera encontrar una tarde libre y el valor para ver a Gloria.
Aparcó delante de la enorme casa y se quedó mirando las ventanas iluminadas. De niña, la casa la aterraba. De joven, represento un sitio del que tenía que escapar. Nunca se había sentido cómoda entre aquellas paredes y no esperaba sentirse mejor después de esa reunión, pero tenía que intentarlo.
Había llamado a Gloria y le había pedido una cita. Le explicó el motivo y, aunque su abuela se portó muy civilizadamente durante el entierro, supuso que le colgaría el teléfono. Sin embargo, esa mujer a la que siempre consideraría su abuela, aceptó.
– Eso no significa nada -se dijo Dani en voz baja mientras se acercaba a la puerta-. Sólo quiere torturarme personalmente.
No había otra explicación lógica para que Gloria hubiera aceptado verla. Aun así, no pudo evitar que un rayo de esperanza la iluminara por dentro.
Reid le abrió la puerta, la acompañó hasta el cuarto de Gloria y le hizo un gesto con el pulgar hacia arriba.
– Hola, Dani -la saludó Gloria desde su butaca de orejas-. Siéntate.
– Gracias -Dani se sentó en la otra butaca que había en la habitación-. Estás mucho mejor. Te apañaste bastante bien en el entierro de Madeline.
– Estoy reponiéndome -Gloria se encogió de hombros-, pero cada día estoy más vieja. Es un incordio, pero es lo que hay.
Dani parpadeó. Nunca la había oído hablar de forma tan natural y sincera, y le asustó un poco oírla en ese momento.
– Creo que has entrado a trabajar en Bella Roma… Una elección interesante.
– Estoy contenta. Se trabaja muy bien con Bernie.
– Su madre puede ser un poco pesada.
Dani se acordó de que Lucia Giuseppe tampoco había tenido palabras muy amables para con Gloria y se preguntó qué habría pasado en otros tiempos.
– Disfruto con mi empleo nuevo -Dani decidió no tomar partido-. Es complicado, pero divertido. Los empleados son fantásticos, los clientes son fantásticos y la comida increíble.
– Hacía mucho que no sabía nada de ti -comentó Gloria mirándola fijamente.
– Lo sé.
– ¿Qué ha pasado?
Dani también la miró fijamente, como si no pudiera creerse la pregunta.
– Dejaste muy claro y muy cruelmente que no soy de la familia. Me hiciste daño a conciencia. ¿Para qué iba a venir a recibir más y para qué ibas a querer que viniera?
Gloria bajó la mirada
– Claro, visto de esa manera…
Se hizo un silencio incomodo y Dani se sintió casi culpable, algo que la sacó de quicio. Ella no tenía la culpa de nada. No había hecho nada mal. ¿Por qué iba a tener que sentirse responsable?
– No quiero entretenerte -Gloria le señaló una carpeta que estaba en una estantería-. Eso es para ti. Hay alguna información elemental sobre tu padre. No me he molestado con nada más porque serás capaz de encontrar lo que más te interese.
Dani miró la carpeta, pero no la agarró.
– Vas a decirme su nombre.
– Naturalmente, Dani. Entiendo por qué haces esto, pero, por favor, ten cuidado. Un hombre en la posición de tu padre… -Gloria suspiró-. No será fácil y tienes que entenderlo.
Dani se levantó y tomó la carpeta, pero no la abrió.
– ¿Qué me ocultas? ¿Es un asesino o algo parecido?
– En absoluto. Es… -hizo un gesto con la mano-. Ábrela de una vez. Entenderás lo que quiero decir.
Dani tomó aliento y abrió la carpeta. En la primera página vio la foto de un hombre de cincuenta y tantos años. Era guapo, sonriente y le pareció increíblemente conocido. Se quedó petrificada. No pudo leer lo que decía debajo ni pasar la página. Miró a Gloria.
– ¿Mark Canfield? -preguntó con un hilo de voz-. ¿El senador Mark Canfield?
– Sí.
– ¿Es mi padre?
– Sí.
Dani se quedó atónita.
– Aspira a ser presidente de Estados Unidos. ¿Quieres decir que mi padre puede ser el presidente?
– Todavía está calculando sus posibilidades, pero eso tengo entendido.
Dani se dejó caer otra vez en la butaca. No podía asimilar ese cambio en su vida.
– No puedo creérmelo -susurró-. Mark Canfield… Sé quién es. Le he votado.
– Estoy segura de que le encantará saberlo -comentó Gloria con una sonrisa.
Reid se despertó a mitad de la noche y se encontró solo en la cama. Se quedó tumbado un instante antes de levantarse e ir a la sala. Lori estaba acurrucada en un rincón del sofá. Las luces de la calle se filtraban por la ventana entreabierta y pudo comprobar que estaba despierta.
– ¿Has tenido pesadillas? -le preguntó mientras se sentaba a su lado.
– Eso cuando me quedo dormida -ella se encogió de hombros-, que es muy pocas veces.
– Podrías tomar algo.
– No estoy preparada para automedicarme, aunque estoy a punto de hacerlo -Lori tomó aliento-. ¿Por qué estás levantado?
– No estabas en la cama.
Ella no contestó y él la abrazó, pero estaba rígida. Reid se sintió intranquilo. Ella seguía sufriendo por la muerte de su hermana y no era el momento adecuado para hablar de su relación, pero se sintió obligado a decir algo.
– Has estado muy callada -dijo él-. Sé que estás pasándolo muy mal. Me he quedado para ayudarte, pero ¿preferirías que me marchara?
Ella lo miró con unos ojos indescifrables en la penumbra.
– Creo que sería lo mejor. En estos momentos, necesito algo de espacio.
Fue como si ella se hubiera infiltrado en su pecho y le hubiera pateado el corazón. No supo qué pensar ni qué decir. Lori no lo quería cerca; no lo quería.
– Está bien -Reid se levantó-. Me marcharé.
Él esperó un segundo, pero ella no dijo nada y no le quedó más remedio que marcharse. Mientras se vestía, se acordó de todas las veces que ella se había preocupado porque él podía hacerle daño. Al parecer, Lori se había preocupado demasiado y él demasiado poco.
Capítulo21
Gloria dejó la servilleta con un golpe.
– ¿Qué te pasa? No paras de dar vueltas por la casa. Francamente, estás empezando a sacarme de quicio.
– No me apetece salir -contestó Reid mirando a su abuela.
– No lo entiendo -ella resopló- pero me gustaría saber por qué estás tan alicaído. Madeline era una joven encantadora, pero casi ni la conocías. No puede ser por eso.
– Echo de menos a Lori -reconoció al darse cuenta de que no tenía sentido negar la verdad-. Por fin había encontrado la mujer con la que quería estar y no podemos mantener una relación.
– ¿Por qué? Esa chica está loca por ti. Lo ha estado desde el principio. Intenté disuadirla, pero no me hizo caso. Los jóvenes de hoy en día sois así.