Выбрать главу

—Emboscada —repitió Miles—. Hay dos lugares donde podrían preparar una emboscada para el ba. Donde lleven a Guppy…, o mejor aún, donde el ba crea que llevan a Guppy. Si no quieren decir que ha escapado, entonces llévenlo a un lugar oculto y preparen un segundo lugar menos secreto donde poner un cebo. Luego, otra trampa en la Idris. Si Dubauer solicita permiso para volver a subir a bordo, cosa que pretendía hacer la última vez que nos vimos, autoricen la petición. Entonces cierren la trampa cuando entre en la bodega de carga.

—Eso es lo que iba a hacer yo —dijo Gupta resentido—. Si me hubieran dejado hacer, todo habría terminado ya.

Miles estuvo interiormente de acuerdo, pero no podía decirlo en voz alta. Alguien habría podido recalcar quién había presionado para que arrestaran a Gupta.

Greenlaw tenía un aspecto sombrío y pensativo.

—Me gustaría inspeccionar ese supuesto cargamento. Es posible que viole suficientes normas para merecer que lo retengamos aparte del resto de la carga de su nave.

El magistrado se aclaró la garganta.

—Eso podría complicarse mucho legalmente, Selladora. Más todavía. Los cargamentos que no se descargan para ser trasladados, aunque sean cuestionables, tienen normalmente permiso para pasar sin ningún comentario legal. Se considera que son responsabilidad territorial de la política de registro del transportador, a menos que sean un peligro público inminente. Un millar de fetos, si eso es lo que son, constituyen… ¿qué amenaza?

Inmovilizarlos supondría un horrible peligro, pensó Miles. Sin duda atraería la atención de Cetaganda sobre el Cuadrispacio. Hablando por experiencia histórica y personal, eso no era necesariamente buena cosa.

—Yo también quiero confirmarlo por mí mismo —dijo Venn—. Y dar órdenes a mis guardias personalmente, y calcular dónde colocar a mis francotiradores.

—Y me necesitan a mí, para entrar en la bodega de carga —recalcó Miles.

—No, sólo necesitamos sus códigos de seguridad —dijo Greenlaw. Miles sonrió dulcemente. La mandíbula de Greenlaw se tensó. Al cabo de un momento, gruñó—: Muy bien. Vamos, Venn. Usted también, magistrado. Y —suspiró brevemente—, usted, lord Auditor Vorkosigan.

Los dos cuadris que se habían encargado antes de él envolvieron a Gupta en biobarreras; una elección lógica, aunque no fue de su agrado. Le pusieron también guantes y ropa y se lo llevaron sin permitirle que tocara nada más. El anfibio sufrió todo esto sin protestar. Parecía completamente exhausto.

Garnet Cinco se marchó con Nicol al apartamento de ésta, donde las dos cuadris planeaban apoyarse mutuamente mientras esperaban noticias de Bel.

—Llámame —le susurró Nicol a Miles en voz baja mientras se marchaba flotando. Miles asintió, y rezó en silencio para que no tuviera que ser una de esas llamadas difíciles.

Su breve llamada vid a la Príncipe Xav y el almirante Vorpatril fue bastante difícil. Vorpatril se puso casi tan blanco como su pelo cuando Miles terminó de ponerlo al día. Prometió enviar una selección de voluntarios médicos a velocidad de emergencia.

La procesión hacia la Idris, finalmente, estuvo formada por Venn, Greenlaw, el magistrado, dos patrulleros cuadris, Miles y Roic. La zona de atraque estaba tan oscura y silenciosa como… ¿había sido sólo el día anterior? Uno de los dos guardias cuadris, observado con diversión por el otro, se había bajado del flotador y estaba encogido en el suelo. Evidentemente, estaba jugando a un juego de gravedad con trocitos de metal brillante y una pelotita de goma, que consistía al parecer en hacer rebotar la pelota en el suelo, recogerla y conseguir que pasara entre las piezas de metal entre bote y bote. Para hacerlo más interesante, se cambiaba de mano a cada pase. Al ver a sus visitantes, el guardia recogió rápidamente el juego y volvió a montarse en su flotador.

Venn fingió no verlo y preguntó simplemente si había sucedido algo importante durante su turno. No sólo ninguna persona sin autorización había intentado pasar, sino que del comité investigador eran las primeras personas vivas que los aburridos cuadris veían desde que habían relevado al turno anterior.

Venn se entretuvo con sus patrulleros para preparar la emboscada con aturdidores, por si aparecía el ba, y Miles condujo a Roic, Greenlaw y el magistrado a la nave.

Las brillantes filas de replicadores de la bodega de carga alquilada por Dubauer no habían cambiado desde el día anterior. Greenlaw apretó los labios y guió su flotador por toda la bodega para hacer un primer repaso, y luego se detuvo a contemplar los pasillos. A Miles le pareció que casi podía verla multiplicar mentalmente. Leutwyn y ella se acercaron luego a Miles cuando éste activó unos cuantos paneles de control para mostrar el contenido de los replicadores.

Fue casi una repetición de lo del día antes, excepto que… varios indicadores brillaban en ámbar en vez de en verde. Un examen más atento reveló que eran medidores de tensión, que incluían niveles de adrenalina. ¿Tenía razón el ba y los fetos estaban alcanzando algún tipo de límite biológico en sus contenedores? ¿Era el primer signo de un crecimiento peligroso? Mientras Miles observaba, un par de luces volvieron por su cuenta al tono verde más tranquilizador. Miles se dispuso a mostrar las imágenes de vid de los fetos para que las vieran Greenlaw y Leutwyn. La cuarta que activó mostró un fluido amniótico nublado de sangre escarlata cuando se encendió la luz. Miles contuvo la respiración. ¿Cómo…?

Sin duda eso no era normal. La única posible fuente de sangre era el feto mismo. Comprobó de nuevo los niveles de tensión (éste mostraba un montón de señales en ámbar), y luego se alzó de puntillas y observó la imagen con más atención. La sangre parecía brotar de un pequeño corte en la espalda del bebé haut. La luz roja, intentó tranquilizarse Miles, hacía que pareciese peor de lo que era.

La voz de Greenlaw junto a su oído le hizo dar un respingo.

—¿Le pasa algo a éste?

—Parece haber sufrido algún tipo de herida mecánica. Eso… no debería ser posible, en un replicador sellado.

Pensó en Aral Alexander y Helen Natalia, y se le formó un nudo en el estómago.

—Si tienen algún experto cuadrúmano en reproducción por replicador, tal vez no sea mala idea que venga a echar un vistazo.

Miles dudaba que fuera una especialidad en la que los médicos militares de la Príncipe Xav pudieran resultar de mucha ayuda.

Venn apareció en la puerta de la bodega, y Greenlaw repitió la mayor parte de la explicación de Miles.

La expresión de Venn cuando contempló los replicadores reflejó su preocupación.

—Ese hombre rana no mentía. Esto es muy extraño.

El comunicador de muñeca de Venn zumbó, y éste se excusó y se apartó flotando hasta un extremo de la sala y se puso a conversar en voz baja con el subordinado que hacía la llamada. Empezó en voz baja, al menos, hasta que gritó:

—¿Qué? ¿Cuándo?

Miles abandonó su preocupado estudio del niño haut herido, y se acercó a Venn.

—A eso de las 02.00, señor —respondió una voz apurada desde el comunicador de muñeca.

—¡Eso no estaba autorizado!

—Sí lo estaba, jefe, debidamente. El práctico Thorne lo autorizó. Como era el mismo pasajero que había subido a bordo ayer, el que tenía que atender el cargamento viviente, no creímos que fuera nada raro.

—¿A qué hora se marcharon? —preguntó Venn. Su rostro era una máscara de desazón.

—No durante nuestro turno, señor. No sé qué sucedió después de eso. Me fui directamente a casa y derecho a la cama. No vi el boletín de búsqueda del práctico Thorne en las noticias hasta que me levanté para desayunar hace unos pocos minutos.

—¿Por qué no reflejó este hecho en su informe al finalizar el turno?