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En el suelo, junto al banco, había una unicápsula completamente hinchada, como si la hubieran dejado allí en mitad de una comprobación cuando los cuadris hicieron evacuar la nave.

Miles se acercó a una de las portillas redondas de la cápsula, y se asomó.

Bel estaba sentado dentro, las piernas cruzadas, completamente desnudo. El herm tenía los labios entreabiertos y los ojos vidriosos y distantes. Tan quieto estaba que Miles temió estar contemplando ya la muerte, pero entonces el pecho de Bel se alzó y bajó, los pechos temblando con los estertores que sacudían su cuerpo. En el rostro inexpresivo el tono rojizo de la fiebre floreció y se desvaneció.

«¡No, Dios, no!» Miles intentó pulsar el sello de la cápsula, pero su mano se detuvo y cayó; apretó el puño con tanta fuerza que las uñas se le hundieron en la palma como cuchillos. «No…»

14

«Primer paso. Sellar la zona biocontaminada.»

¿Estaba cerrada la compuerta de acceso cuando el grupo había entrado en la Idris? Sí. ¿La había abierto alguien desde entonces?

Miles se llevó a los labios el comunicador de muñeca y pronunció el código de contacto de Venn. Roic se acercó a la unicápsula, pero se detuvo cuando Miles agitó una mano: agachó la cabeza y miró más allá del hombro de Miles, y sus ojos se abrieron de par en par.

Los pocos segundos de espera mientras el programa de búsqueda del comunicador de muñeca localizaba a Venn parecieron fluir como aceite frío. Finalmente, se oyó la voz irritada del jefe de personal.

—Aquí Venn. ¿Qué pasa ahora, lord Vorkosigan?

—Hemos encontrado al práctico Thorne. Atrapado en una unicápsula en la sección de ingeniería. El herm parece drogado y muy enfermo. Creo que tenemos un caso urgente de biocontaminación, al menos de Clase Tres y posiblemente de Clase Cinco. —El nivel más extremo, epidemia de guerra biológica—. ¿Dónde están todos ustedes ahora?

—En la Cabina de Carga Número Dos. La Selladora y el magistrado están conmigo.

—¿Nadie ha intentado entrar ni salir de la nave desde que subimos a bordo? ¿No han salido por ningún motivo?

—No.

—¿Entiende la necesidad de permanecer así hasta que sepamos a qué demonios nos estamos enfrentando?

—¿Qué, cree que estoy lo bastante loco para llevar una plaga infernal a mi propia Estación?

Touché.

—Muy bien, jefe. Ya veo que pensamos lo mismo respecto a este asunto.

«Segundo paso. Alertar a las autoridades médicas de tu distrito.» A todas ellas.

—Voy a informar de esto al almirante Vorpatril y solicitar ayuda médica. Supongo que la Estación Graf tendrá sus propios protocolos de emergencia.

—En cuanto deje usted libre mi comunicador.

—Bien. En cuanto sea posible, pretendo romper los tubos de sellado y apartar un poco la nave de su zona de atraque, sólo para asegurarnos. Si usted o la Selladora quieren advertir al control de tráfico de la Estación, además de dar permiso a la lanzadera que envíe Vorpatril, tanto mejor. Mientras tanto… le insto urgentemente a que selle las compuertas entre su cabina y esta sección central hasta que… hasta que sepamos más. Busque los controles atmosféricos de su cabina y pónganse en circulación interna, si pueden. Yo no… he decidido todavía qué hacer con esta maldita unicápsula. Naism… Vorkosigan fuera.

Cortó la comunicación y contempló con angustia la fina pared que lo separaba de Bel. ¿Hasta qué punto sería una barrera anti-biocontaminación eficaz la piel de una unicápsula sellada? Probablemente lo era bastante, aunque no la hubieran fabricado para tal fin. Una nueva y horrible idea de dónde buscar a Solian, o más bien los restos orgánicos del teniente que pudieran quedar, asomó ineludiblemente la imaginación de Miles.

Con esa deducción llegaron una nueva esperanza y un nuevo terror. Solian había sido eliminado hacía semanas, probablemente a bordo de aquella misma nave, en un momento en que pasajeros y tripulación se movían libremente entre la Estación y la nave. No había estallado ninguna epidemia todavía. Si Solian había sido disuelto con el mismo método de pesadilla que los compañeros de Gupta, dentro de una unicápsula, que luego había sido plegada y quitada de en medio… dejar a Bel en la cápsula con los sellos sin romper podría mantener a todo el mundo perfectamente a salvo.

A todo el mundo, por supuesto, excepto a Bel…

No estaba claro si el periodo de incubación o de latencia de la infección era regulable, aunque lo que Miles estaba viendo ahora sugería que sí. Seis días para Gupta y sus amigos. ¿Seis horas para Bel? Pero la enfermedad o el veneno o el artilugio biomolecular, fuera lo que fuese, había matado rápidamente a los jacksonianos cuando se activó, en sólo unas cuantas horas. ¿Cuánto tiempo tenía Bel hasta que la intervención fuera inútil? ¿Antes de que los sesos del herm empezaran a convertirse en una borboteante masa gris por todo su cuerpo…? ¿Horas, minutos, era ya demasiado tarde? ¿Y qué intervención podía ayudar?

«Gupta sobrevivió a esto. Por tanto, es posible sobrevivir.» Su mente se aferró a ese hecho como un pitón se clava en una superficie rocosa. «Agárrate y escala, muchacho.»

Se llevó el comunicador a los labios y llamó por el canal de emergencia al almirante Vorpatril.

Vorpatril respondió casi inmediatamente.

—¿Lord Vorkosigan? El escuadrón médico que solicitó llegó a la estación cuadri hace unos minutos. Deberían presentarse ante usted de un momento a otro para ayudarle con el reconocimiento de su prisionero. ¿No se han presentado todavía?

—Puede que lo hayan hecho, pero ahora estoy a bordo de la Idris, junto con el soldado Roic. Y, por desgracia, junto con la Selladora Greenlaw, el magistrado Leutwyn y el jefe Venn. Hemos ordenado que sellen la nave. Parece que tenemos a bordo un incidente de biocontaminación.

Repitió la descripción de Bel que le había dado a Venn, con unos cuantos detalles más.

Vorpatril soltó una imprecación.

—¿Envío una cápsula personal para recogerlo, milord?

—De ninguna manera. Si hay algo contagioso suelto por aquí…, circunstancia que no está descartada todavía…, ya es, hum, tarde.

—Le enviaré al escuadrón médico de inmediato.

—A todos no, maldición. Quiero que algunos de los nuestros se queden con los cuadris, examinando a Gupta. Es de la mayor urgencia averiguar por qué sobrevivió. Como puede que tengamos que estar aquí durante un tiempo, no comprometa a más hombres de los necesarios. Pero envíeme a los más listos. Con trajes bioprotectores para Nivel Cinco. Puede enviar con ellos todo el equipo que quiera a bordo, pero nada ni nadie saldrá de esta nave hasta que este asunto esté resuelto.

O hasta que la epidemia se los lleve a todos… Miles tuvo una visión de la Idris remolcada y abandonada lejos de la Estación, una tumba intocable para todos los que estaban a bordo. Un sepulcro jodidamente caro, por si servía de consuelo. Se había enfrentado a la muerte antes y, una vez al menos, había perdido, pero la solitaria fealdad de ésta le hizo estremecerse. Sospechaba que no habría posibilidad de hacer trampas con ninguna criocámara, esta vez. No para las últimas víctimas, desde luego.

—Voluntarios solamente, ¿me comprende, almirante?

—Le comprendo —dijo Vorpatril, sombrío—. Me pongo en marcha, lord Vorkosigan.

—Bien. Vorkosigan fuera.

¿Cuánto tiempo tenía Bel? ¿Media hora? ¿Dos horas? ¿Cuánto tiempo tardaría Vorpatril en agrupar aquel nuevo contingente de voluntarios médicos y su compleja carga? Más de media hora, de eso estaba seguro. ¿Y qué podrían hacer cuando llegaran?