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Fui hacia el este, olfateé el aire y volví a pescar el olor del ciervo. Era un macho solitario. Eso era bueno porque no tendríamos que alejar a un ciervo de una manada. Pero un macho era más peligroso, especialmente en la primavera, cuando tienen los cuernos plenamente crecidos. Clay se me acercó y olfateé el ciervo, luego me, dirigió una mirada que decía: “Qué diablos, sólo se vive una vez”. Resoplé ni acuerdo y fui junto a Nick. Clay no me siguió. En cambio, volvió a meterse en el bosque y desapareció. El plan estaba decidido.

Nick y yo dimos una vuelta por el bosque, para colocarnos a contraviento antes de volver a seguir el rastro. Encontramos al macho pastando en un bosquecillo. Mientras Nick esperaba la señal, se frotó contra mí, gimiendo demasiado bajo como para que el ciervo pudiera oír. Gruñí en lo profundo de mi garganta y se detuvo. El ciervo alzó la cabeza y miró en derredor. Cuando volvió a pastar, me agaché y me abalancé. El ciervo sólo tardó un milisegundo en saltar unos arbustos y lanzarse a galopar. Nick y yo lo perseguimos, pero la distancia entre nosotros y el ciervo aumentaba. Los lobos son corredores de resistencia, no velocistas, y la única posibilidad que teníamos de alcanzar un ciervo a la carrera viniendo desde atrás era cazarlo.

Como sucede a menudo, el ciervo cometió el error fatal de poner toda su energía en el primer esfuerzo. No habíamos ido muy lejos cuando empezó a perder velocidad, lo oía resoplar; tratando de tomar más aire y demasiado asustado como para regular su marcha. Yo también me estaba cansando un poco, después de haber gastado ya toda una cantidad de energía en encontrar y perseguir al macho, lo que me hacía seguir era su olor, ese perfume denso que me hacía gruñir el estómago.

Encontré el rastro de Clay en el aire y arrié al ciervo en esa dirección, abriéndome a un costado con un breve impulso, lo que lo hizo ir en la dirección opuesta. En la carrera, el temor del ciervo se convirtió en pánico. Iba a pleno galope, saltando árboles caídos y atravesando a toda carrera la maleza. Los árboles y los arbustos lo lastimaban y en el aire comenzó a haber olor a san gre. Cuando dábamos una vuelta, Clay saltó de los arbustos y tomó al ciervo de la trompa.

El macho se detuvo resbalando y comenzó a sacudir la cabeza enloquecido, tratando de quitarse a Clay. Entonces llegamos nosotros. Me metí debajo del ciervo y hundí los dientes en su estómago. Probé la sangre caliente bajo una capa de grasa y comenzó a hacérseme agua la boca. Nick atacó al ciervo por el flanco, embistiendo y mordiendo y saliendo del alcance de los cascos y los cuernos del animal. Clay estaba siendo zamarreado de un lado a otro, pero no soltó. Ésa era una estratagema surgida de la memoria subconsciente: si a la presa se le muerde la cara, estará demasiado ocupada tratando de liberarse de] peligro más evidente como para molestarse con los otros atacantes.

Asida del ciervo, le abrí la panza a dentelladas, bailoteando todo el tiempo para esquivar los cascos. Cuando logré abrir un agujero, solté y metí el hocico más arriba. Comenzaron a salir las entrañas por el primer agujero y el olor casi me volvió loca. La sangre también chorreaba por donde había atacado Nick, lo que hacía resbaladizo y difícil de agarrar el cuero del animal. Mordí más fuerte y sentí que mis dientes atravesaban la piel, alcanzando órganos vitales. Por fin las piernas delanteras del ciervo cedieron. Clay soltó la trompa y le abrió la garganta. Entonces el ciervo cayó al suelo.

Cuando cayó el ciervo, Nick retrocedió y se acostó en un lugar cercano. Clay bajó la cabeza y se volvió para mirarme. Tenía el hocico cubierto de sangre. Lo lamí y me froté con él, sintiendo el temblor que provocaba la adrenalina. Aún temblaban las patas del ciervo, pero sus ojos miraban fujos hacia delante, sin vida. Cuando lo abrimos por el costado, se formó vapor en el aire fresco de la noche. Comenzarnos a devorarlo, arrancando pedazos de carne y tragándolos sin masticar.

Cuando acabamos y nos alejamos, se acercó Nick y comenzó a comer. Clay fue hasta un claro y me miró por sobre el hombro, lo seguí y me dejé caer junto a él. Clay se acercó, puso una pata en mi cuello y comenzó a lamerme el hocico. Cerré los ojos mientras trabajaba Cuando acabó de quitarme la sangre del cuello yde los hombros, yo empecé a limpiarlo a él. Nick terminó de comer luego se acercó, acurrucándose con nosotros. Terrminamos de higienizarnos y luego nos dormimos en un enredo de patas y piel variopinta.

No habíamos dormido mucho cuando Clay se levantó y se puso a sacudirnos a Nick y a mí. Me desperté de golpe cuando mi cabeza dio contra una piedra; me puse de pie, tensa y alerta al peligro. Estábamos solos en el claro. Había caído la noche, y trata tan sólo los sonidos normales de la noche, los llamados de los cazadores y los chillidos de las presas. Le gruñí a Clay y ya estaba por volver a acomodarme, cuando él me dio en las costillas con el hocico y me indicó que olfateara. Lo miré con ira pero hice lo que me pedía. Al principio no percibí nada. Entonces el viento cambió y supe lo que lo había hecho saltar tan rápidamente. Había alguien aquí. Otro licántropo: Zachary Cain.

En cuanto comprobó que yo le había entendido, Clay se fue. Detrás de mí, Nick seguía sacudiéndose la bruma del sueño interrumpido. Lo miré, luego comencé a correr, sabiendo que me seguiría aunque no supiera por qué. En el borde del claro, el olor de Cain se volvió más fuerte, seguí el rastro hasta un bosquecillo cercano. Había estado allí, lo suficientemente cerca como para poder meter el hocico entre las zarzas y observarnos dormir. Había algo extraño, pero no estaba segura de qué podía ser. La parte humana de mi cerebro quería quedarse a analizar el problema, pero el instinto de lobo lo dominó y puse mis pies en movimiento. Había un intruso y teníamos que ocuparnos de él.

A pesar de que yo vacilé cerca del bosquecillo, Nick no. Metió el hocico, inhaló profundo, retrocedió y comenzó a correr tras Clay. Por una vez quedé a la retaguardia Los otros dos se habían adelantado tanto que no podía verlos ni oírlos y tuve que seguir el rastro de Clay. Se metía en el bosque, atravesando arboledas tan densas que ocultaban la luz de la Luna y de las estrellas. Por buena que fuera mi visión nocturna, necesitaba luz, aunque más no fuera luz reflejada. Aquí no había nada. Sólo podía discernir las formas de los troncos de árboles y los arbustos, sombras oscuras sobre un fondo aún más oscuro- Al atravesar la maleza, advertí que no era tan capaz de deshacerme de mis sentidos humanos como me gustaba creer. Aún dependía demasiado de la vista. Desaceleré y puse la nariz en el suelo para seguir el rastro de Clay.

Al otro lado de la espesura, los árboles se abrían y dejaban entrar un poco de luz de la luna. Comencé a aumentar la velocidad, luego escuché arbustos que se abrían hacía el norte al paso de algo grande. No era Clay ni Nick. Hasta Nick se movía en el bosque con más fineza. Abandoné el rastro de Clay y viré al norte. Había corrido unos quinientos metros cuando sentí la vibración de patas que daban en la tierra detrás de mí. Eran Clay y Nick. Lo sabía sin mirar, así que no reduje la marcha Pero como yo era la que abría el paso, no corría tan rápido como ellos y en poco tiempo escuché la respiración rítmica de Clay detrás de mí. Dimos la vuelta a unas rocas grandes y entonces escuchamos las ramas que se rompían detrás de nosotros. Giré para ver una sombra marrón rojiza inmensa que salta de atrás de la roca y corría en la dirección opuesta.

Clavé las garras en la tierra blanda para detenerme, giré y fui tras Cain. Sólo me siguieron las pisadas de Nick. Clay tomaba otro camino, con la esperanza de emboscar a Cain como lo había hecho con el ciervo. Cain siguió el sendero que había abierto yo, en dirección hacia el lugar de donde había venido. Después de unos cuatrocientos metros giró hacia el este. Iba hacía la carretera, con la esperanza de escapar. Me adelanté hasta acercarme lo suficiente como para que su cola me rozara la cara. Entonces mi pata dio en un accidente del terreno. No era un agujero ni nada lo suficientemente grande como para hacerme tropezar, simplemente un mínimo cambio de la altura del terreno que me hizo andar más lento. lo suficiente corno para que Cain lograra alejarme un poco. Nick me alcanzó. Entonces avancé más despacio para conservar energía. Adelante el bosque se abría a medida que nos aproximábamos a la carretera. Giré a la izquierda, esperando ganar unos metros al anticiparme a la ruta de Cain. Pero él no viró. En cambio, siguió corriendo, de vuelta hacia el bosque.