Viendo lo que hacia Cain, miré adelante y vi una zona menos densa del bosque al noroeste. Cain no fue hacia allí, pero yo sí. Nick siguió a Cain, no tanto para alcanzarlo como para cansarlo. Mi camino me llevó a una colina rocosa. Al subir sentí el olor de Clay. Había estado aquí, aunque no sabía cuánto tiempo antes. El terreno se hacía más difícil a medida que avanzaba, lo que me hacía andar más despacio y maldecir por haber elegido ese atajo. A mitad de la subida, una de mis patas delanteras resbaló en unas piedras, una de ellas lo suficientemente filosa como para cortarme la planta acolchada. Gruñí de dolor pero seguí adelante. En la cima de la colina, mi esfuerzo parecía dar sus frutos. Desde aquí podía mirar hacia abajo y ver todo el terreno. Hacia el este divisé un reflejo dorado, que era Clay moviéndose entre los árboles. Por ser un lobo negro, Nick no era tan fácil de ver de noche; pero, pasado un instante, vi sacudirse unos árboles abajo. Seguí con la mirada el camino de árboles y arbustos que se movían. Venían en mi dirección. Fui hasta el lugar donde pensó que saldría. Mi esfuerzo se vio premiado con una conmoción en la maleza directamente adelante. Unos segundos más tarde una forma inmensa salió de la espesura.
Al verme en su camino, Cain se detuvo. Gruñó y agachó la cabeza. Sus ojos verdes refulgieron y su pelambre rojiza se puso de punta, aumentando diez centímetros de tamaño, lo que era superfluo; Cain no necesitaba eso para verse imponente. En su forma humana media dos metros, con los hombros y el físico de un mariscal de campo de fútbol americano. En su forma de lobo, media el doble que yo. Retire los labios y gruñí, pero me sentí tan amenazadora como un pomerania enfrentando a un toro. Una parte de mi cerebro, lleno de adrenalina, insistía en que podía dominar a Cain, por más diferencia de tamaño que hubiera. Otra parte se preguntaba dónde carajo estaban Nick y Clay. Pero el grito más fuerte decía: “¡Corre, idiota, corre!”
Mientras lo pensaba, Cain de pronto se dio vuelta y… corrió. Por un momento no pude moverme, sin poder creer lo que veía, ¿Cain huía? ¿De mí? Por más que mi ego disfrutaba de la idea de que me temiera, el sentido común me decía que no era así. ¿entonces por qué escapó? Nuevamente mi instinto de lobo no dejó que mi cerebro pensara el asunto. Justo cuando Cain desaparecía colina abajo, me dominó el instinto y lo seguí.
No había avanzado más que dos o tres metros cuando algo aterrizó en mi espalda, lanzándome al suelo. Giré para ver a Clay parado sobre mí. Traté de ponerme de pie pero él me lo impidió. ¿Estaba loco? Cain escapaba lo tiré un mordisco, tomándolo de su pata delantera, gruñendo. Me tomó de debajo de de la garganta y me inmovilizó. A cada segundo veía que Cain se escapaba más y más lejos. Me debatí, pero Clay me contuvo. Finalmente supe que ya era demasiado tarde. Cain se había ido. Al advertirlo, Clay hizo un sonido en lo profundo de su garganta. No era un gruñido, pero tampoco un sonido amigable. Entonces corrió, no siguiendo a Cain, sino en dirección opuesta. Cuando me puse de pie lo seguí. Seguí su rastro veinte metros hasta un claro donde podía oler su ropa. Aquí había Cambiado. Metí el hocico en medio de la maleza y vi a Clay Cambiando, la espalda arqueada, la piel pulsando, demasiado inmerso en la transformación como para notar mi presencia. Vacilé un segundo. Luego busqué mi ropa y Cambié.
Cuando salí del claro, Clay me esperaba
– ¿Dónde está Nick? -dijo Clay antes de que pudiera articular una palabra-. ¡Carajo! Tiene las llaves. ¿No estaba detrás de ti?
– ¿De qué hablas?
Clay se metió entre los arbustos, buscando.
– No lo entiendes? Nos estaba distrayendo, nos tenía ocupados.
– ¿Nick?
– Cain. Clay ya no se ve la, sólo escuchaba su voz en el bosque. -Estábamos dormidos y no nos atacó. Lo perseguimos y no luchó ni trató de escapar. Anduvo en círculos. ¡Nicholas!
– ¿Pero por qué…?
Jeremy. Fueron por Jeremy. ¡Carajo! Probablemente estuvieran vigilando la casa y nosotros ni siquiera… ¡Allí estás!
– Un momento -la voz de Nick salió de la oscuridad-. ¿Me das un segundo para ponerme los pantalones?
Clay salió de entre los arbustos, arrastrando a Nick de un brazo.
– Al auto. Los dos. ¡Muévanse!
Nos movimos.
EMBOSCADA
Camino de Bear Valley, Clay condujo, Nick fue atrás y yo me senté adelante donde eran mejores los cinturones de seguridad. Tal como lo temí, el Camaro no estaba entusiasmado por volver a andar. Cuando se resistió, Clay le apretó el acelerador hasta el fondo, llevó las revoluciones del motor hasta la zona roja, y luego empujó el cambio hasta la posición de marcha atrás, ignorando los ruidos que venían de abajo del motor. El coche se rindió y modosamente se dejó sacar la mugre durante todo el camino a Bear Valley.
– No, toma la salida siguiente -dije cuando Clay iba a tomar el primer camino a Bear Valley-. Ve al este. Al hotel.
– ¿El hotel?
– No tiene sentido perseguirnos la cola por todo Bear Valley si los callejeros no han dejado siquiera su cuarto de hotel. Pero si se fueron, tal vez pueda seguirles la pista.
Clay apreté las manos. Sabía que estaba convencido de que los callejeros querían atrapar a Jeremy e ir al hotel significaba perder un tiempo precioso. Pero tenía sentido. En vez de contestarme, salió de nuevo a la carretera, delante de un camión cargado de troncos. Cerré los ojos el resto del camino.
Cuando llegamos al motel, Clay estacionó el auto en el lugar para discapacitados junto a la entrada y ya saltaba de su asiento antes de que se apagara el motor. Yo tomé las llaves y lo seguí. Esta vez no se esforzó por engañar al empleado del mostrador Por suerte no estaba allí. Clay subió los escalones de dos en dos. En el cuarto de Le Blanc, rompió la cerradura recién arreglada y entró sin esperar a ver si habrá alguien. Yo subía los últimos escalones cuando salió.
– No están -dijo, haciéndome a un lado para bajar. Cuando estaba a mitad de la escalera advirtió que yo seguía subiendo y se dio vuelta. -Dije que no están.
– No es el único cuarto -dije-. A Marsten no lo podrían convencer de que durmiera en el piso.
Clay gruñó algo, pero yo ya iba por el corredor, deteniéndome frente a cada puerta y tratando de percibir el olor de Cain o el de Marsten. Clay volvió a subir las escaleras y me siguió por el Corredor.
– No tenemos tiempo.
– Entonces ve -dije-. Vete.
No lo hizo. Me detuve a tres cuartos del de Le Blanc.
– Cain -dije- tomando la manija.
– Bien. Sigue adelante y encuentra el de Marsten.
Marsten tenía el siguiente cuarto. Clay estaba revisando el cuarto de Cain cuando rompí la puerta de Marsten y entré. El cuarto se veía deshabitado. Sólo vi una valija de cuero italiana en un rincón. La cama estaba hecha, las mesas limpias y las toallas estaban colgadas. Claramente era el cuarto de Karl Marsten. Si tenía que rebajarse a aceptar un cuarto en el Motel Big Bear, no iba a quedarse allí ni un minuto más de lo necesario. Estaba por salir del cuarto, cuando una brisa me trajo aire fresco y un olor familiar.
Jeremy -dijo Clay detrás de mi al entrar al cuarto.