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– What ho, Afonso, my lad! -saludó el inglés, haciendo una venia, y miró al Zanahoria-. ¿Cómo está, Pinto?

– Hola, Tim -saludó Afonso-. ¿Tú por aquí?

– Sí, estoy preparando un report para mi boss.

– Esto va mal, ¿no?

– Right ho -asintió el teniente Cook sombríamente-. Not good, not bloody good.

– Venga, vamos a tomar un tecito.

El inglés aceptó la invitación y se unió a los dos portugueses. Caminaron por la Harlech Road, cogieron la Rué du Bacquerot junto a Red House, giraron a la izquierda hasta Picantin Road y se instalaron en Picantin Post.

– Joaquim, té para tres -dijo Afonso a su ordenanza al entrar en el puesto.

El soldado fue a calentar la tetera mientras los tres oficiales recién llegados se instalaban dentro del refugio del capitán, sentados en cajas de municiones. Cook sacó del bolsillo una pipa y un saquito lleno de lo que parecía una hierba oscura.

– Tabaco de Aleppo -explicó, notando la mirada inquisitiva de los portugueses.

El teniente inglés puso el tabaco en la pipa y le acercó la lumbre de una cerilla. Afonso carraspeó.

– ¿Qué crees que están preparando?

– ¿Quiénes? ¿Los jerriesl -Sí.

El teniente inglés aspiró fuerte, con la cerilla encendida sobre el tabaco, y consiguió echar una bocanada de humo. El aroma agradable de la pipa perfumó el refugio.

– Hard to say -dijo finalmente. Aspiró un poco más y echó una nueva nube de humo-. No hay dudas de que los jerries atacarán en breve. No doubts what soever. El propio Alto Comando ya lo comenta abiertamente. La cuestión es saber dónde.

– ¿Crees que será aquí?

– Hardly. -Se levantó y se acercó al mapa que se encontraba en la pared-. Tenemos informaciones fidedignas que apuntan a algún sitio en el sector de Arras, más hacia el sur. -Indicó con la pipa el punto que destacaba Arras en el mapa-. Aquí.

– Entonces, ¿por qué están bombardeándonos de esta forma todos los días y emprendiendo estos raids?

– El Alto Comando piensa que son maniobras de distracción. Los jerries quieren mantenernos en la oscuridad, que intentemos descubrir qué punto va a ser atacado. Por ello han reactivado este frente.

– Pero ¿sabes qué es lo que ya hemos notado? -preguntó Afonso, moviéndose incómodo en la caja sobre la que estaba sentado-. Los boches han comenzado a regular el tiro sobre nosotros.

Cook hizo un gesto de intriga.

– What do you mean?

– El fuego de artillería no está cayendo aleatoriamente. Por el contrario, han empezado a disparar con mucha precisión sobre determinados objetivos. Por ejemplo, están regulando el tiro sobre caminos, cruces y puestos de comando. -Frunció el ceño-. Da la impresión de que están ensayando. ¿De qué les sirve bombardear caminos, a no ser para marcarlos de tal modo que, si emprenden un gran ataque, puedan impedir la circulación de refuerzos?

– Eso es curioso -reflexionó Cook, que se sentó en su caja-. Confieso que me estoy inclinando a la posibilidad de que estén intentando crear una maniobra de distracción, pero lo que usted dice me crea más dudas. -Aspiró la pipa y soltó una bocanada más de humo aromático-. Da la impresión, ¿sabe?, de que todos estos raids están sirviendo para que estos tipos pongan a prueba las defensas de este sector. Admito que lancen una operación por aquí, pero seguro que va a ser una acción limitada, sólo para incordiarnos, ¿me entiende?

Afonso y Pinto se miraron. El capitán se levantó, fue a buscar una carpeta que guardaba debajo del catre y volvió a sentarse en la caja. Abrió la carpeta y mostró un fajo de folios mecanografiados, copias de documentos hechas con papel de calco.

– ¿ Ves esto? -preguntó, levantando los folios y agitándolos delante del inglés-. Son nuestros informes diarios. Los han elaborado los oficiales de la Brigada del Miño y se refieren a la actividad aquí, en Fauquissart, el sector bajo nuestro control. -Afonso se puso a hojear los documentos, leyendo aquí y allá, pasando los folios, leyendo un poco más, pasando más folios, y así sucesivamente. En un momento dado, se detuvo en un folio, volvió al anterior, de nuevo el siguiente, otra vez el anterior-. Aquí está -exclamó finalmente, y señaló el centro de la página-. Mira esto.

– What?

Afonso leyó el documento.

– Éste es el informe del día 7 de marzo, hace menos de dos semanas. Esa noche salieron varias patrullas hacia la Tierra de Nadie, y dice aquí lo siguiente. -Hizo una pausa para leer el texto-: «Ha habido bastante ruido de vehículos en la retaguardia de las líneas enemigas». -Alzó la cabeza y miró al inglés-. ¿ Has oído? Es la primera vez que un informe menciona la existencia de ruido de vehículos en la retaguardia alemana. -Pasó al folio siguiente-. Ahora el informe del 8 de marzo. -Comenzó a leer el fragmento que le interesaba-: «Se oyó circular vagonetas en la retaguardia de la primera línea enemiga». -Sin levantar la cabeza, pasó al folio siguiente-. Este es el informe del 9 de marzo. -Una breve pausa y leyó-: «Durante toda la noche se oyó circular vagonetas en la retaguardia de la primera línea enemiga». -Nuevo folio-. Informe del 12 de marzo. -Vaciló, sorprendido-. Mira, me falta el del 10 y el del 11. -Buscó en el fajo, fue hacia atrás y hacia delante, pero no los encontró y se encogió de hombros, resignado-. No importa, vamos a ver el del 12. -Breve pausa-: «Todas las patrullas informan de que durante la noche hubo gran movimiento de vehículos en la retaguardia de las líneas enemigas y circulación de vagonetas». -Folio siguiente-. Informe del 13 de…

– All right, all right, I got it -interrumpió Cook-. Ya he entendido que hay gran movimiento de vehículos en las líneas alemanas.

Afonso alzó la cabeza y lo miró a los ojos.

– Exactamente. Están movilizando tropas en nuestro frente.

– Puede significar muchas cosas.

– Puede ser.

– Puede ser que estén movilizando fuerzas hacia otros puestos del frente.

– Puede ser. Pero también puede ser que estén movilizando fuerzas de otros puntos hacia aquí. Además, todo esto coincide con el aumento de los bombardeos y de los raids enemigos sobre nuestras líneas. Más claro, imposible.

Joaquim entró en el refugio con el agua caliente de la tetera y jarros de lata. Los dos oficiales portugueses se sirvieron, pero el inglés prefirió concentrarse en la pipa. Cook aspiró fuerte, sus labios se cerraron sobre la boquilla, pero no salió nada de humo.

– Damn! -protestó, examinando el tabaco que había en la pipa-. Se ha apagado.

Dejó la pipa a un lado, con fastidio, y se sirvió té.

– El problema es que esta actividad de los boches está reflejándose negativamente en la moral de las tropas -dijo Afonso.

– Lo he notado -repuso Cook-. He visto a centinelas cabeceando en las trincheras, con las municiones desparramadas por el suelo, al azar, y he visto también parapetos sin reparar. Eso no es bueno, claro que no.

Afonso suspiró.