¿Como se verá todo esto en tu París? Hoy, la oficina nuestra, English die hard, es casi la única abierta. Pero no han cerrado los bancos, para no crear un pánico mayor.
Yo estoy sólita sin tus cartas, pero igual te abrazo en una esquina de los laberintos de Montmartre.
Fernanda Tuya
San Salvador, 10 de mayo de 1979
Juan Manuel, mi amor, ¿dónde estás?
Nunca ni nunca llega una carta tuya y ya me siento muy en el aire. Como si quizás tal vez no te vi en París, me lo imaginé todo. Me haces falta. Todo es tanto más alegre cuando tú estás. Y siempre ha sido así. Y ahora me estoy entristeciendo en esta selva porque no estás, ni siquiera por carta. Para compensar, he escuchado tus cassettes un millón de veces. La última me gustó muchísimo, aunque, por supuesto, muerta de celos todo el rato.
Cuéntame de tu vida. Así como son las cosas, quién sabe lo que pudo haber sucedido por tu lado. Ya que por mi lado, todo es tan contradictorio. Ahora que ya me estoy yendo, Enrique al fin tiene ganas de llegar. Pero no se puede recuperar lo que no se gozó a tiempo, por más que uno quisiera. Enrique siempre se va a Chile en julio, la cosa es posible ya. De eso está contento, creo.
Escríbeme y cuéntame cómo está tu casa, y tu calle, y tu ciudad, y tú.
Mi familia, la poca que queda, anda fuera. Sólo está mi mamá aquí. Mis tíos andan en Europa, yo pienso que por precaución. Salieron a principios de mayo, por unos dos o tres meses.
Me haces falta. Te quiero.
Tu Fernanda
San Salvador, 15 de mayo de 1979
Juan Manuel, mi amor,
LLEGÓ TU CARTA!!! Me gustó tanto la imagen de nosotros juntos flotando en cuarto lugar en la tablita de salvación. Es lo más alegre que he oído desde que llegué. Porque aquí todo está bastante triste. El paisito se está encaminando rápidamente hacia la requetemierda. Puros muertos, secuestros, lugares tomados, autos incendiados. Y como han matado a tanto policía, ya no hay policías en las calles. Cuando anda la policía, es una manada completa de guardias nacionales con ametralladoras inquietas. Y del otro lado, el gran desorden de la ultra izquierda, y los maleantes que se aprovechan de toda ocasión. Con los obreros de la construcción parados en huelga, hay muchísima gente en las calles y no hay buses porque los queman. En fin, un panorama bien desquiciado. Y el pobre embajador francés sigue preso, en su embajada. El tiempo no está para tafetanes.
En medio de todo esto, pienso siempre en ti y eso me alegra y me hace bien, y me hace mal, y me hace bien otra vez. Por lo menos mentalmente estamos juntos. Pienso que has de estar preocupadísimo, si la prensa como de costumbre está diciendo todo lo mal que estamos aquí. Pero no te preocupes, que no me va a pasar nada, te lo aseguro. Ya el colmo sería. A mi edad y en mis condiciones.
Qué bueno lo de tu gira por las Canarias unos días. Tengo un mapa en frente de mí en la oficina, y estarás ya mucho más cerca. Casi a medio camino, si fueras un excelente nadador. Pero aun siendo como somos, creo que ya estamos a más de medio camino. No nos van a parar así nomás ahora. No al menos a mí que me siento tan fuerte como Tarzán al borde de un río muy caudaloso, donde hasta los cocodrilos le tienen mucho respeto. No. No nos van a parar. «Procesos irreversibles», como dicen los políticos. Bueno, ellos siempre se equivocan, pero estoy segura de que nosotros no.
El panorama personal aquí sigue igual. Enrique siempre piensa viajar a Chile en julio, con la idea de buscar camino allá. Pienso que no habría razón de no poder vernos este verano. Lo único que a mí se me hace más difícil viajar que a ti, puesto que no tengo vacación en este tiempo. Tal vez tú podrás viajar a este magnífico Pacific Paradise. No creas que todo ha de ser ametralladoras y asesinatos. Los lagos y los volcanes todavía están y el mar y sus conchas. Alguna que otra langosta se podrá comer todavía. Y podríamos ir a Guatemala o pasar los fines de semana en la costa. O simplemente pasarla juntos y poder hablar. Tú podrías trabajar, componer, hasta cantar, si quieres. Esto te lo arreglo yo facilito. Bueno, creo que algo muy bonito se nos podría ocurrir. Aunque, por supuesto, este mi paraíso no está muy tentador en este momento. Pero una fuga a otro lugar me parece más complicado. ¿A ti qué te parece?
Ya no te escribo más porque realmente tengo cosas que hacer. Estoy en la oficina, que como te imaginarás, es el único lugar donde tengo un poco de privacidad para escribirte. Siempre y a todo instante pienso en ti. Te quiero, te amo, te beso cien veces mientras nos tomamos una copa en algún café de alguna isla canaria,
Tu Fernanda
San Salvador, 24 de mayo de 1979
Juan Manuel Carpio,
Hay buenas noticias y hay malas. Hay buenos días y los hay malos. Lo más constante es que siempre pienso en ti a cada rato, y pienso y pienso si habrá solución para nosotros. Y al final mejor dejo de tanto pensar y me dejo llevar por el tiempo y los acontecimientos porque de todas maneras no es con preocuparse que se arreglan las cosas. Los acontecimientos son los siguientes.
El país sigue vuelto loco. Ayer mataron al ministro de Educación, por aquí a cuatro cuadras de la oficina, con su chofer. Y el gobierno al fin de tanto y tanto muerto ha declarado Estado de Sitio por treinta días. Entre el gobierno de militares de porquería que no se les puede creer nada, y por otro lado los ultras de todo tipo que andan matando gente, no se sabe qué pensar. Ahora ha aparecido una «Guardia Blanca» que está matando a los «traidores a la patria», o sea al bloque popular, que a su vez está matando a los colaboradores de la corrupción burguesa, que es cualquiera que se les atraviese. Y el gobierno mata a quien se le dé la gana. De manera que el denominador común es el cadáver. ¡Qué Pulgarcito más siniestro!
En lo personal, sigo mi caminito diario. O sea, la oficina por las mañanas. Ahora con los líos hay menos pedidos, menos trabajo, y también preocupación y desconcierto sobre si vale la pena o no seguir trabajando. Claro que no se puede cerrar la tienda así de la noche a la mañana. Los niños no van al colegio esta semana, porque han declarado duelo nacional por lo del ministro de Educación. Enrique sigue en su campaña de ser buenísimo. Ahora resulta que se muere sin los niños y sin mí. No deja de ser una canallada. Joder de la manera más constante, quejarse, pegar, tirar puertas y decir que se va a marchar a cada rato, y el día en que yo decido que ya basta, él decide que no, que va a ser buenísimo, y que al fin y al cabo me adora y a los niños y todo.
No me extrañaría nada que por tu lado de golpe Luisa te esté adorando también de nuevo. ¿Qué le pasará a la gente? Parece que sólo quieren lo que ya no tienen, o lo que ya no pueden tener. Y lo peor es que una cuando se entrega es tan entregada que tal vez les arruina todo eso del misterio y lo difícil, o a saber qué cosa rara. Y sólo recuperan ese amor cuando una ya se pone misteriosa y con ganas de irse. Lo malo es que en lo personal, cuando tengo ganas de irme, es bien de verdad. No hay ningún misterio. YA NO QUIERO MÁS.
Ni siquiera quiero que Enrique se porte bien ni que sea bueno ni nada. Más bien me da cólera que por bruto sólo se le viene a ocurrir ahora que yo valgo la pena y que me quiere y que me va a respetar, y que en realidad siempre me ha adorado. Figúrate con lo que viene saliendo ahora. No sé ni qué puedo hacer.
Pero también hay buenas noticias. Regresó Andresín, nuestro desaparecido perro y locura de los niños. Bueno, regresó de una manera un poco especial. Porque no es propiamente Andresín. De partida, porque ahora es hembra. La cosa es que llegó a la casa una perrita de la misma raza, exacta, y hasta le quedó perfecto el collar del desaparecido. Y ahora Andresín se llama Manolita. Llegó ayer en la tarde y los niños y yo estamos todos excitados con este regreso. Mariana la bautizó y la verdad es que se encuentra muy feliz en la casa. Hoy la vamos a bañar antipulgas, etcétera, y llevarla a vacunar, en cuanto yo regrese de la oficina.
Otra buena buena noticia. Ayer soñé con un aeropuerto en que todos los pasajeros que llegaban eran tú. Y salía otro Juan Manuel Carpio y otro, todos con distintos trajes, y sacaban sus pasaportes y yo me ponía feliz mil veces seguidas con tu llegada.
Esta carta seguramente te va a llegar a tu regreso de tu largo y anunciado viaje a Canarias. Espero que ese viaje, y el mar que siempre lo compone todo, te hayan dado optimismo y te sientas bien, con cuerpecito caliente como se siente al regresar del mar. Fíjate que aquí no he ido al mar ni una sola vez desde que regresé de Europa. Y es que al mar aquí no se puede ir sola, porque de pacífico no tiene nada. Y a Enrique no le gusta ir al mar. Aunque cualquier día inventa que siempre le ha encantado la cosa. Con lo bueno y complaciente que se ha puesto. En fin.
Espero tener tu casa inundada de cartas a tu regreso de Canarias, ya que no puedo recibirte en persona.
Te quiero y confío en ti,
Fernanda Tuya
San Salvador, 5 de junio de 1979
Juan Manuel, mi amor, querido y distante en medio de los problemas que nos invaden,
Llegó Charlie Boston, dizque después de haber pasado y de haberte visto en París, antes de que partieras a Canarias. Y con él llegó un lindo disco de Yves Montand.
Y más que nada llegó tu amor en cada palabra de cada canción. Un millón de gracias. Tú seguirás con tu ronda por esas islas, y espero que el mar y el sol te darán fuerzas y optimismo. Con lo lento que está el correo, quizás esta carta no logre saludarte a tu regreso, como hubiera querido.
Quisiera contarte cómo es mi vida, cómo son mis días. Y quisiera tener algo lindo para contarte pero no están muy lindas las cosas en este momento. Por lo que me cuenta Charlie de que te vio triste y desanimado, deduzco que es un mal universal, por lo menos ha alcanzado tu casa y la mía y eso ya me parece universal. Yo, por mi lado, me bato cual Tarzán contra la tristeza, contra los interminables problemas económicos. Estoy pensando buscar otro empleo. Aquí estoy bien y sólo trabajo medio día, pero lo que gano no me alcanza para vivir. Ya me aburrí de «a mal tiempo buena cara». Ya no tengo buena cara que dar y prefiero tener un poco de bienestar. Necesito con urgencia, igual que tú en la carta que me trae Charlie, un tiempo de mi vida en que me sienta muy bien, muy querida, y no constantemente al borde del precipicio. Esto tiene bastante que ver con la razón de partir de Enrique. Nunca en los años que nos conocemos, hemos logrado una época de tranquilidad. Si no son los problemas económicos, son los problemas personales, la agresividad, el alcohol o cualquier otra cosa. Y aunque no me siento cansada y más bien tengo ganas de hacer un millón de cosas, Enrique está desesperado. Quizá ahora, por primera vez en su vida, quiera realmente ofrecerme cariño y ayuda material, pero no tiene ni la costumbre ni las posibilidades. Creo que nunca antes se le había ocurrido que a una mujer hay que quererla, o por lo menos intentarlo. Es curioso, he sido más feliz y me he sentido más mujer y más segura contigo, en una semana, que en siete años de conocer a Enrique. Es una tristeza, porque por otro lado, amor creo que sí tiene por mí, y muchísimo por los niños. Pero ya yo me aburrí. Y más que nada ahora que veo que, encima de todo, para salir del hoyo él dependerá de mis esfuerzos. Perdona. Siento que te estoy tirando mis problemas, y que te molestarán. Pero en ellos estoy metida, atrapada, como Tarzán en momentos de apuro, como estamos todos amarrados hoy por hoy.
Por otro lado, el pesimismo absoluto que reina en el país, ya que vemos avecinarse una crisis económica, política, humana y de todo tipo, muy grave. Como te imaginarás, el capital extranjero se ha retirado en su mayoría, así como el capital nacional ha sacado muchísimo. De aquí a fin de año, veremos agravarse bastante el problema económico, y con él todos los demás. Tengo que moverme muy rápido para colocarme con un sueldo que me permita guarecerme con los niños durante ese tiempo.
Todo esto es latoso y da cólera, y es una carta bien poco alegre y bien poco romántica la que te escribo. Pobrecito, mi amor, regresar de viaje y encontrarte con esta carta. Me dan ganas de romperla, pero entonces cómo vas a saber realmente de mí. Yo quisiera estar contenta. Mas qué puedo hacer si estoy como un animal atrapado. A veces hay también cosas bonitas, eso sí. Al fin me animé a volver a ver a los caballos, y fue lindo volver a montar. Ya ves que mis placeres son bien sencillos. Aunque mi pobre cabeza está hecha una omeleta.
Mejor bota esta carta, enviada desde el fondo de mi jaula, en el fondo de mi casa en crisis, en el fondo de mi país desmoronándose, en el fondo de mi Centroamérica queriendo torpemente nacer a otra vida. Y desde aquí te estrecho las manos y me abrazo a ti.
Te quiere, te ama,