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Eve Duncan. Era una herramienta de Logan, nada más. Convertirla en una prioridad era un disparate. Si Lisa no fuera tan feminista habría admitido que la amenaza principal era Logan.

Cielos, era como si las amenazas lo estuvieran cercando. Sus dedos se cerraron sobre los apoyabrazos del sillón. Tenía que mantener la calma, estaba haciendo todo lo que estaba en su poder para salvar la situación, y la salvaría. Había demasiadas cosas en juego como para querer escapar. Si se mantenía firme, tendría todo lo que había deseado en su vida.

Buscó el teléfono. Haría lo que ella quería… Por ahora. Necesitaba a Lisa para que lo ayudara a seguir con el encubrimiento y mantener a Detwil dentro de la Casa Blanca para otro mandato. Después de eso, Timwick buscaría la forma de ser el único al mando de todo. Mejor dejar que Lisa creyera que era la dueña del circo.

Le daría suficiente información sobre Eve Duncan como para que se atragantara.

– Despierta, llegamos.

Eve abrió los ojos y vio que Logan descendía del asiento del conductor.

– ¿Qué hora es? -preguntó, bostezando.

– Más de medianoche. -Gil extendió la mano hacia la manija de la puerta. -Dormiste casi todo el camino.

Le parecía imposible haberse quedado dormida. Había tenido los nervios tensos como cables.

– Has tenido un par de días difíciles. -Gil respondió a la pregunta que ella no había hecho. -Yo también dormí un poco. Pero admito que me vendrá bien estirarme un poco.

Eve se sentía tan entumecida que tuvo que aferrarse a la puerta al descender del automóvil. Observó a Logan subir los escalones y abrir la puerta de entrada. Llevaba el maletín de cuero con el cráneo de Chadbourne. Logan siempre con las prioridades en orden, pensó Eve con ironía.

– ¿Lista? -preguntó Gil mientras levantaba la maleta de Eve.

– Yo la llevo.

– No, yo me arreglo. Lleva la caja de Mandy. -Ya estaba subiendo los escalones detrás de Logan.

Eve no quería entrar. Sentía el aire fresco y húmedo en las fosas nasales y el sonido del mar contra la playa le resultaba una bendición. Hacía muchísimo que no estaba junto al mar. Joe la había llevado a la isla Cumberland después de que salió del infierno, pero no recordaba nada de la isla. Lo único que recordaba era a Joe abrazándola, hablándole, manteniendo la noche a raya.

Joe. Tenía que llamar a Joe. No le había hablado desde antes de la noche que habían ido al campo de maíz. Había evitado deliberadamente llamarlo e involucrarlo más en este espanto. Pero si no lo llamaba pronto, invadiría Barrett House con un equipo SWAT.

El viento estaba cobrando fuerza y soplaba la espuma de las olas al llegar a la orilla.

A Bonnie le había gustado el mar. Eve y Sandra la habían llevado a Pensacola unas cuantas veces y ella había corrido ida y vuelta junto al agua, riendo, conversando y buscando caracoles.

Cerró la puerta y se dirigió al muelle.

– Eve.

No se volvió al oír la voz de Logan. No quería entrar en la casa. No quería enfrentarse con él ni con ninguna otra cosa en este momento. Necesitaba estar sola.

Se quitó las sandalias, se sentó sobre el muelle bajo y bajó los pies al agua. La sintió fresca y sedosa contra la piel.

Apoyó la cabeza contra el poste para escuchar el ruido de olas.

Y recordar a Bonnie…

– ¿Vas a ir a buscarla? -preguntó Gil-. Hace casi una hora que está allá afuera, John.

– Dentro de un rato. -Caray, qué sola se la veía. -No me parece que quiera compañía.

– No es bueno que se ponga a pensar demasiado. Puede resultar muy peligroso. Bastante rencor siente ya.

– Qué diablos, estoy cansado de empujarla. Déjala en paz un rato.

– Dudo de que se deje empujar hacia donde no quiere ir.

– Pero es posible bloquear todos los caminos para que se obligada a tomar el único que queda libre. -Era lo que había hecho él desde el momento en que la había conocido. Y seguía haciéndolo.

¿Entonces qué? ¿Iba a dejar de hacerlo porque tenía algunos remordimientos de conciencia?

Iba a reparar la confianza rota de Eve y la iba a volver a utilizar.

– Iré a buscarla. -Bajó los escalones del porche y cruzó por la arena hacia el muelle.

Eve no lo miró cuando se acercó.

– Váyase, Logan.

– Tendrías que entrar. Se está poniendo fresco.

– Entraré cuando esté lista.

El vaciló y luego se sentó a su lado.

– Te esperaré. -Se sacó los zapatos, las medias y metió los pies en el agua.

– No quiero que se quede.

– Sabes, no he hecho nada parecido desde que estuve en Japón. -De una mirada abarcó el océano. -Durante el día no parece alcanzar el tiempo para relajarse.

– ¿Está tratando de establecer vínculos conmigo, Logan?

– Puede ser.

– Pues no lo está logrando.

– ¿No? ¡Qué lástima! Entonces, ya que estoy, me quedaré aquí sentado para ver si logro relajarme un poco.

Silencio.

– ¿En qué piensas?

– En Chadbourne le aseguro que no.

– ¿En tu hija?

Eve se puso rígida.

– No use a Bonnie para tratar de acercarse a mí, Logan. No va a funcionar.

– Lo pregunté por curiosidad, nada más. No termino de entender tu obsesión por identificar cráneos. Sé, por supuesto, que nunca pudieron encontrar a tu hija, pero no puede ser que…

– No quiero hablar de eso.

– Te observé con Mandy y luego con Ben Chadbourne. Hay como una… ternura.

– Estaré un poco loca, entonces. Todo el mundo tiene sus locuras respecto de algún tema u otro -se defendió Eve-. Le aseguro que no pienso que esos huesos tienen las almas colgando alrededor.

– ¿Crees en un alma eterna?

– A veces.

– ¿Sólo a veces?

– Bueno, sí, la mayoría del tiempo.

– Logan se mantuvo en silencio, expectante. -Cuando nació Bonnie, vi que no era como yo ni como mamá ni como nadie. Era… Ella. Completa y maravillosa. ¿Cómo puede darse algo así si no se nace con un alma?

– ¿Y esa alma es eterna?

– ¿Cómo lo voy a saber yo? Pienso que sí, que es eterna. Tengo esperanzas de que lo sea.

– ¿Entonces por qué te empecinas en devolverles esos huesos a los familiares? No tendría que tener ninguna importancia.

– Para mí sí la tiene.

– ¿Por qué?

– La vida es importante y habría que tratarla con respeto, no arrojarla a la basura como algo inútil. Debería haber… Un hogar para cada persona. No tuve un verdadero hogar de niña. Nos mudábamos de inquilinato a inquilinato. De hotelucho a hotelucho. Mamá era… No era su culpa. Pero todo el mundo debería tener un lugar permanente en el esquema de las cosas. Traté de darle a Bonnie un hogar, el mejor hogar posible, donde pudiera amarla y cuidarla. Cuando Fraser la mató tenía pesadillas de que yacía en un bosque, donde los animales podían… -Calló un instante y cuando volvió a hablar, tenía la voz ronca. -Quería que estuviera en casa, donde podía cuidarla come siempre lo había hecho. Él le había quitado la vida y no quería que nos dejara sin esa última posibilidad de cuidarla.

– Entiendo. -Caray, estaba entendiendo mucho más de lo que quería. -¿Sigues teniendo pesadillas?

Por un instante, Eve no respondió.

– No, pesadillas, no -dijo por fin-. Sacó los pies del agua. -Voy adentro. -Recogió las sandalias y se puso de pie. -Si es que su curiosidad está satisfecha, Logan.

– No del todo. Pero es evidente que no me vas a contar nada más.

– Es cierto. -Lo miró desde arriba. -Y no vaya a creerse que ha avanzado algo con esta charla íntima. No le dije nada que no le contaría a otra persona. Joe y yo decidimos que me haría bien hablar de Bonnie.