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Logan asintió.

Kessler sonrió con expresión traviesa.

– ¿Es cierto que tiene cualquier cantidad de dinero?

– Bastante.

– ¿Quiere desprenderse de una buena suma? Las cosas ya no son como cuando era joven. Nosotros, los científicos brillantes, necesitamos mecenas, lamentablemente.

– Tal vez podríamos llegar a un arreglo -dijo Logan.

– Basta, Gary. -Eve abrió el maletín. -Sé perfectamente bien que cuando el trabajo te interesa, lo haces sin cargo.

– Hablas demasiado, Duncan -declaró Kessler-. De tanto en tanto es bueno ser codicioso. Además, me he vuelto más materialista desde la última vez que trabajamos juntos. -Hablaba en tono distraído y tenía la vista fija en el maletín. A pesar de sus palabras, Eve intuía su entusiasmo. Le recordaba a un niño cuando espera para ver qué hay adentro del paquete de Navidad. -Y enviar a Quinn como emisario para despertar mi curiosidad es una treta muy burda, hubiera dicho que emplearías un poco más de sutileza.

Eve sonrió.

– Si una cosa funciona, no la desperdicio.

– Debe de haber sido algo realmente interesante si te metió en un lío como éste. -Sus ojos en ningún momento se apartaron del maletín. -Por lo general no eres tonta.

– Gracias.

Eve esperó.

– ¿Bueno, qué es? -preguntó él con impaciencia.

Eve abrió la tapa y extrajo el cráneo con cuidado.

– Dímelo tú a mí.

– ¡Oh!, mierda -susurró Gary.

Eve asintió.

– Precisamente.

El tomó el cráneo de manos de ella y lo apoyó sobre el escritorio.

– ¿No es una broma?

– ¿Te parece que estaría escapándome si se tratara de una broma?

Kessler contempló la cara.

– Dios mío. Chadbourne. -Miró a Eve. -Si es que realmente se trata de Chadbourne. ¿Sabías sobre quién estabas trabajando?

Eve sacudió la cabeza.

– Lo hice a ciegas. No tenía idea hasta que lo terminé.

– ¿Y qué quieres de mí?

– Pruebas.

– ADN. -Frunció el entrecejo. -¿Y qué tengo para trabajar? ¿Supongo que volviste a trabajar sobre el cráneo, no? ¿Por qué no haces moldes? Vaya uno a saber qué estuviste destruyendo.

– Ya estaba limpio. El cuerpo fue quemado.

Kessler entornó los párpados.

– ¿Entonces qué tengo que hacer yo?

– Pensé…, en los dientes. El ADN debe de haber quedado protegido por el esmalte. Podrías partir un diente y extraer el ADN. ¿Es posible?

– Es posible, sí. Ha sido hecho en otras oportunidades. Pero no es seguro.

– ¿Lo intentarás?

– ¿Por qué iba a hacerlo? No es algo que me concierna y podría traerme muchos problemas.

Joe habló.

– Me quedaré aquí a custodiarte mientras estés trabajando. -Miró a Logan. -Y estoy seguro de que el señor Logan quiere que tu trabajo te sea redituable.

– Dentro de ciertos límites, por supuesto -dijo Logan.

Estaban encarando el asunto mal, pensó Eve. Supo que tenían a Gary desde el momento en que vio su expresión. Solamente había que darle un empujoncito.

– ¿No quieres saber si realmente se trata de Chadbourne, Gary? ¿No quieres ser el que lo demuestre?

Kessler lo pensó unos instantes.

– Puede ser.

Claro que lo quería. Eve podía ver el entusiasmo que él trataba de disimular.

– Sería algo increíblemente difícil -continuó Eve-. Caray, hasta podría ser material de un libro.

– No sería algo tan difícil -objetó Kessler-. A menos que me hayas arruinado también los dientes.

– Los toqué lo menos posible. -Sonrió. -Y sabes bien que mi trabajo no interfiere con el tuyo. Está todo allí, esperándote.

Kessler levantó la mirada.

– Sé perfectamente bien lo que estás tratando de hacer, Eve.

– Claro que sí. Bueno, ¿vas a hacerlo o le llevamos el cráneo a Crawford en Duke?

– Despertar mis instintos de competencia no te va a servir de nada, tampoco. Sé que soy el mejor. -Se sentó en el sillón. -Pero puede que te haga el favor. Siempre me caíste bien, Duncan.

– Lo harías aunque me odiaras a muerte. -La sonrisa de Eve se esfumó. -Pero no te voy a mentir. Esto es mucho más peligroso que meterse en problemas con la ley.

– Me di cuenta. -Se encogió de hombros. -Soy un anciano. Necesito algo que mantenga activa la adrenalina. ¿Puedo usar mi propio laboratorio?

– Preferiríamos que no. Creemos que estamos a salvo, pero no queremos correr riesgos. ¿Hay algún otro lugar donde puedas trabajar?

– ¡Cómo me dificultas las cosas! -Pensó un instante. -¿El laboratorio de mi casa? -Eve hizo un gesto negativo. -Tengo un amigo que es profesor en la Universidad Estatal de Kennesaw, que está a unos cuarenta minutos de aquí. Me dejará usar su laboratorio.

– Perfecto.

– ¿Y mi asistente?

Eve volvió a negar con la cabeza.

– Que se ocupe de tus clases. Te ayudaré yo.

– No creo que te necesite. Pero trata de librarte de toda esta maldita arcilla. Quiero una superficie limpia.

– De acuerdo. -Eve respiró hondo. -Pero primero necesito hacer una superimposición.

– Y yo qué, ¿me quedo papando moscas?

– Me apuraré todo lo posible. La necesitamos, Gary. Sabes que los dientes son importantes para la superimposición y no sabemos cuántos vas a tener que sacar. No podemos verificar los registros dentales, así que necesitamos todas las pruebas que podamos conseguir.

– Es posible -reconoció él de mala gana-. Pero mi ADN se llevará los laureles.

– Lo sé. ¿Podrás utilizar tu influencia para pedir un equipo de vídeo prestado al departamento audiovisual? Yo tengo la mezcladora.

– No pides nada -farfulló Gary-. ¿Sacar equipos valiosos de la universidad? Se armará un lío terrible.

– No les digas que vas a sacarlos de la universidad.

– De todas formas van a armar un escándalo.

– Derrítelos con tu encanto.

– Sí, sí, claro. Entonces sí que sospecharán que me he vuelto loco. En lugar de eso, los amenazaré y los extorsionaré.

– Tienes razón, no queremos que te comportes de un modo ajeno a tu personalidad.

– Pero trabajarás a toda velocidad y terminarás cuanto antes.

– No voy a discutir.

– Me asombras -murmuró Kessler-. ¿Cuánto te llevará limpiar el cráneo?

– Una hora, tal vez dos. Quiero hacerlo con mucho cuidado.

– Te buscaré los equipos y luego rastrearé a mi asistente y le diré que me voy por un par de días. -Kessler se dirigió a la puerta. -Empaca a nuestro amigo presidencial. Volveré lo antes posible.

– Gracias, Gary -dijo Eve en voz baja-. Quedo en deuda contigo.

– Sí, y asegúrate de pagarme.

– Lo manejaste muy bien -comentó Logan cuando la puerta se cerró detrás de Kessler.

– Nos entendemos. -Miró a Joe. -¿Quieres seguirlo y asegurarte de que no le pase nada? No quisiera armar lío, pero no me gusta que ande solo por toda la universidad.

– Tú misma dijiste que no creías que pudieran relacionarlo contigo.

– No quiero correr riesgos. Lo convencí de que nos ayudara y me siento responsable.

– Y yo me siento responsable por ti.

– Por favor, Joe.

– No quiero… -Se interrumpió al ver la expresión de ella y, abruptamente, dio media vuelta. -Quédese con ella, Logan. Si deja que algo le pase, le romperé el cuello. -La puerta se cerró detrás de él con un sonido terminante.

Otra vez violencia. Eve miró el cráneo, sin verlo.

– ¿Estás lista para ir? -preguntó Logan.

– Todavía no. Voy a empacar a Ben y después voy a revisar el equipo de Gary, porque necesito algo con qué sacar toda esta arcilla. -Cruzó hasta Adónde estaba la mesa y abrió la vitrina. -Mientras, usted puede llamar a Margaret y averiguar cuándo mi madre estará en un sitio seguro.