r doscientos muñecos con un solo molde, no aguantaría mucho tiempo, comenzaríamos con un payaso sin barba y acabaríamos con una enfermera barbuda. Marta desvió los ojos al oír las primeras palabras, sentía que la sangre le estaba subiendo a la cara y que nada podía hacer para obligarla a regresar a la espesura protectora de las venas y de las arterias, ahí donde la vergüenza y el pudor se disfrazan de naturalidad y ligereza, la culpa la tenía aquella palabra, madre, y las otras que de ella nacen, maternidad, materno, maternal, la culpa la tenía su silencio, Por ahora no le hablaremos de esto a mi padre, dijera, y ahora no podía quedarse callada, es cierto que un atraso de dos días, o tres, contando con éste, no es nada para la mayoría de las mujeres, pero ella siempre había sido exacta, matemática, regularísima, un péndulo biológico, por así decirlo, si albergase la más mínima duda en su espíritu no se lo habría comunicado en seguida a Marcial, y ahora qué hacer, el padre está a la espera de una respuesta, el padre la está mirando con aire de extrañeza, ni siquiera había sonreído a su chiste sobre la enfermera barbuda, simplemente no lo oyó, Por qué te sonrojas, imposible responderle que no es verdad, que no está sonrojándose, dentro de poco, sí, podría decirlo, porque de súbito empalidecerá, contra esta sangre delatora y sus maneras opuestas de acusar no hay otro amparo que una confesión completa, Padre, creo que estoy embarazada, dijo, y bajó los ojos. Las cejas de Cipriano Algor se irguieron de golpe, la expresión del rostro pasó de la extrañeza a una perplejidad sorprendida, a la confusión, luego pareció que buscaba las palabras más adecuadas a la circunstancia, pero sólo encontró éstas, Por qué me lo dices ahora, por qué me lo dices así, claro que ella no va a responder Me he acordado de pronto, para fingimientos ya basta, Porque ha dicho la palabra madre, He dicho esa palabra, Sí, hablando de los moldes, Es verdad, tienes razón. El diálogo se deslizaba rápidamente hacia el absurdo, hacia lo cómico, Marta sentía unas ganas locas de reír, pero de repente se le saltaron las lágrimas, los colores le volvieron al rostro, no es inusual que dos temblores tan opuestos, tan contradictorios como éstos, tengan modos parecidos de manifestarse, Creo que sí, padre, creo que estoy embarazada, Todavía no tienes la certeza, Sí, tengo la certeza, Por qué dices entonces que crees, Qué sé yo, perturbación, nerviosismo, es la primera vez que me sucede, Marcial ya lo sabe, Se lo dije cuando llegó, Por eso estabais tan diferentes de lo habitual ayer por la mañana, Qué ocurrencia, eso fue una impresión suya, estábamos como siempre, Si te figuras que tu madre y yo nos quedamos como siempre en tu primer día, Claro que no, perdone. La interrogación que Marta veía aproximarse desde el principio de la conversación acabó llegando, Y por qué no me lo habías dicho antes, Preocupaciones, padre, ya tiene, y de sobra, Me ves con cara de preocupado ahora que ya lo sé, preguntó Cipriano Algor, Tampoco parece muy contento, observó Marta, intentando desviar el curso de la fatalidad, Estoy contento por dentro, muy contento incluso, pero seguro que no esperas que me ponga a bailar, no es mi estilo, Le he hecho daño, Me has hecho daño, sí, pero si no hubiese usado la palabra madre, cuánto tiempo seguiría ignorando que mi hija está embarazada, durante cuánto tiempo te miraría sin saber que, Padre, por favor, Probablemente hasta que se te notase, hasta que comenzases a tener náuseas, entonces sería yo quien te preguntaría si estás-enfer-ma-andas-con-la-barriga-hinchada, y tú responderías qué-disparate-padre-estoy-embarazada-no-se-lo- había-dicho-porque-se-me-olvidó, Padre, por favor, repitió Marta ya llorando, hoy no debería ser un día de lágrimas, Tienes razón, estoy siendo egoísta, No es eso, Estoy siendo egoísta, pero por mucho que me esfuerce no consigo entender por qué no me lo dijiste, hablaste de preocupaciones, mis preocupaciones son igualitas que las tuyas, la loza, las figurillas, el futuro, quien comparte una cosa también comparte la otra. Marta se pasó rápidamente los dedos por las mejillas mojadas, Había una razón, dijo, pero fue una niñería mía, imaginar sentimientos que lo más probable es que no existan, y si existen no tengo que meterme donde no soy llamada, Qué historia es ésa, qué quieres decir, preguntó Cipriano Algor, pero el tono de su voz se había alterado, la alusión a unos indefinidos sentimientos de cuya existencia ora se duda, ora se cree, lo perturbaba, Hablo de Isaura Estudiosa, avanzó Marta como si estuviese empujándose a sí misma a un baño de agua fría, Qué, exclamó el padre, Pensé que si está interesado en ella, como a veces me parece, llegar diciéndole que está esperando un nieto podría, comprendo que es un escrúpulo absurdo, pero no pude evitarlo, Podría, qué, No sé, hacerle caer en la cuenta, quizá hacerle notar que, Que es imbécil y ridículo, Esas palabras son suyas, no mías, Dicho con otros términos, el vejestorio viudo que andaba por ahí exhibiéndose, echándole miradas tiernas a una mujer viuda como él, pero de las jóvenes, y de pronto aparece la hija del vejestorio dándole la noticia de que va a ser abuelo, que es como quien dice acaba con eso, tu tiempo ya no da para más, limítate a pasear al nietito y a alzar las manos al cielo por haber vivido tanto, Oh, padre, Será muy difícil que me convenzas de que no había algo parecido a esto tras la decisión de callarte lo que me deberías haber contado en seguida, Por lo menos, no tuve mala intención, Sólo faltaba que la tuvieses, Le pido perdón, murmuró Marta hundida, y el llanto regresó irreprimible. El padre le pasó despacio las manos por el pelo, dijo, Déjalo, el tiempo es un maestro de ceremonias que siempre acaba poniéndonos en el lugar que nos compete, vamos avanzando, parando y retrocediendo según sus órdenes, nuestro error es imaginar que podemos buscarle las vueltas. Marta tomó la mano que se retiraba, la besó, apretándola con fuerza contra los labios, Disculpe, disculpe, repetía, Cipriano Algor quiso consolarla, pero las palabras que le salieron, Déjalo, en el fondo nada tiene importancia, no fueron seguramente las más adecuadas para su propósito. Salió a la explanada confundido por el inevitable pensamiento de que había sido injusto con la hija, y, más todavía, consciente de que acababa de decir de sí mismo sólo lo que hasta hoy se había negado a admitir, que su tiempo de hombre llegaba a su fin, que durante estos días la mujer llamada Isaura Estudiosa no había sido sino una fantasía de su cabeza, un engaño voluntariamente aceptado, una última invención del espíritu para consuelo de la triste carne, un efecto abusivo de la desmayada luz crepuscular, un soplo efímero que pasa y no deja rastro, la gota minúscula de lluvia que cae y en breve se seca. El perro Encontrado notó que otra vez el dueño no estaba en el mejor de los ánimos, todavía ayer, cuando fue a buscarlo al horno, se extrañó de la expresión ausente de quien considera agradable pensar en cosas que cuesta entender. Le tocó la mano con la nariz fría y húmeda, alguien ya debería haber enseñado a este animal primitivo a levantar la pata delantera como acaban siempre haciendo con naturalidad los perros instruidos en preceptos sociales, además, no se conoce otra manera de evitar que la amada mano del amo huya bruscamente al contacto, prueba final de que no todo está resuelto en la relación entre las personas humanas y las personas caninas, tal vez esa humedad y esa frialdad despierten viejos miedos en la parte más arcaica de nuestros cerebros, la viscosidad indeleble de una babosa gigante, el gélido y ondulante deambular de una serpiente, el aliento glacial de una gruta poblada por seres de otro mundo. Tanto es así que Cipriano Algor retiró con presteza la mano, aunque el hecho de haber acariciado en seguida la cabeza de Encontrado, siendo obviamente una petición de disculpa, deba ser interpretado como señal de que tal vez un día deje de reaccionar así, suponiendo, claro está, que el tiempo de vida en común de ambos venga a ser tan dilatado que pueda convertir en hábito lo que por ahora todavía se manifiesta como instintiva repulsión. El perro Encontrado está incapacitado para comprender estos melindres, el uso que hace de la nariz es algo instintivo, que le viene de la naturaleza, luego más saludablemente auténtico que los apretones de manos de los hombres, por muy cordiales que nos parezcan a la vista y al tacto. Lo que el perro Encontrado quiere saber es adonde irá el dueño cuando se decida a salir de la inmovilidad medio absorta en que lo ve. Para hacerle comprender que está esperando una decisión, repite el toque de nariz, y como Cipriano Algor, a continuación, comenzó a andar hacia el horno, el espíritu animal, que, por mucho que se proteste, es el más lógico de cuantos espíritus se encuentran en el mundo, hizo que Encontrado concluyera que en la vida de los humanos una vez no basta. Mientras Cipriano Algor se sentaba pesadamente en el banco de piedra, el perro se dedicó a olfatear la piedra gruesa bajo la que apareció la lagartija, pero las transparentes preocupaciones del dueño tuvieron más poder en su ánimo que la seducción de una dudosa caza, por eso no tardó mucho en tumbarse delante de él, preparado para una interesante conversación. La primera palabra que el alfarero pronunció, Se acabó, precisa y lacónica como una sentencia sin considerandos, no parecía enunciar desenlaces ulteriores, sin embargo, en casos de éstos, lo más productivo para un perro es siempre mantenerse en silencio durante el tiempo necesario hasta que el silencio de los dueños se canse, los perros saben perfectamente que la naturaleza humana es parlanchina por definición, imprudente, indiscreta, chismosa, incapaz de cerrar la boca y dejarla cerrada. En realidad nunca lograremos imaginar la profundidad abisal que puede alcanzar la introspección de un animal de éstos cuando se pone a mirarnos, creemos que está haciendo simplemente eso, mirarnos, y no nos damos cuenta de que sólo parece estar mirándonos, cuando lo cierto es que nos ha visto y después de habernos visto se ha marchado, dejándonos braceando como idiotas en la superficie de nosotros mismos, salpicando de explicaciones falaces e inútiles el mundo. El silencio del perro y aquel famoso silencio del universo al que en otra ocasión se hizo teológica referencia, pareciendo de comparación imposible por ser tan desproporcionadas las dimensiones materiales y objetivas de uno y de otro, son, a fin de cuentas, igualitos en densidad y peso específico a dos lágrimas, la diferencia está en el dolor que las hizo brotar, resbalar y caer. Se acabó, volvió a decir Cipriano Algor, y Encontrado ni siquiera pestañeó, demasiado bien sabía él que lo que había acabado no era el abastecimiento de cacharrería al Centro, eso ya pasó a la historia, el caso de ahora tiene que ver con faldas, y no pueden ser otras que las de aquella Isaura Estudiosa que había visto desde la furgoneta cuando el dueño le llevó el cántaro, mujer bonita tanto de cara como de figura, aunque deba observarse que esta opinión no la formuló Encontrado, eso de feo y bonito son cosas que no existen para él, los cánones de belleza son ideas humanas, Incluso siendo el más feo de los hombres, diría el perro Encontrado de su dueño, si hablase, tu fealdad no tendría ningún sentido para mí, sólo te extrañaría si tuvieras otro olor, o pasaras de otra manera la mano por mi cabeza. El inconveniente de las divagaciones está en la facilidad con que pueden distraer por caminos desviados al divagante, haciéndole perder el hilo de las palabras y de los acontecimientos, como le acaba de suceder a Encontrado, que alcanzó la frase siguiente de Cipriano Algor cuando ya iba por la mitad, ésa es la razón, como se va a notar, de que le falte la mayúscula, no la buscaré más, remató el alfarero, claro está que no se refería a la dicha mayúscula, ya que no las usa cuando habla, sino a la mujer llamada Isaura Estudiosa, con quien, a partir de este momento, renunció a tener trato de cualquier especie, Andaba procediendo como un niño tonto, a partir de ahora no la buscaré más, ésta fue la frase completa, pero el perro Encontrado, sin atreverse a dudar de lo poco que había oído, no puede dejar de percibir que la melancolía de la cara del dueño contrariaba abiertamente la determinación de las palabras, aunque nosotros sabemos que la decisión de Cipriano Algor es firme, Cipriano Algor no buscará más a Isaura Estudiosa, Cipriano Algor está agradecido a la hija por hacerle ver la luz de la razón, Cipriano Algor es un hombre hecho, rehecho y todavía no deshecho, no uno de esos adolescentes alocados que, porque están en la edad de los entusiasmos irreflexivos, se pasan el tiempo corriendo detrás de fantasías, nieblas e imaginaciones, y no desisten de ellas ni siquiera cuando se dan con la cabeza y los sentimientos que creían tener contra el muro de los imposibles. Cipriano Algor se levantó del banco de piedra, parecía que le costaba izar su propio cuerpo de allí, no es de extrañar, que no es lo mismo el peso que el hombre siente y el que la mecánica de la balanza registraría, unas veces de más, otras veces de menos. Cipriano Algor va a entrar en casa, pero, al contrario de lo que quedó anunciado antes, no agradecerá a la hija que le hiciera ver la luz de la razón, no se puede pedir tanto a un hombre que acaba de renunciar a un sueño, aunque sea de tan poco alcance como era éste, una simple vecina viuda, dirá, sí, que va a encargar las cajas al carpintero, no es que sea lo más urgente que hay que hacer, pero algún tiempo se adelantará, que en materia de plazos nunca los carpinteros ni los sastres han sido de fiar, por lo menos era así en el tiempo antiguo, con la ropa de confección y el hágalo-usted-mismo el mundo ha cambiado mucho. Todavía está enfadado conmigo, preguntó Marta, No me he enfadado, fue sólo una pequeña decepción, pero no vamos a quedarnos hablando de este asunto el resto de la vida, Marcial y tú vais a tener un hijo, yo voy a tener un nieto, y todo irá bien, cada cosa en su lugar, ya era hora de que se acabaran las fantasías, cuando vuelva nos sentamos a planificar el trabajo, tendremos que aprovechar al máximo esta semana, la próxima estaré ocupado con el transporte de la loza, por lo menos una buena parte del día, Llévese la furgoneta, dijo Marta, evítese el cansancio, No merece la pena, la carpintería no está lejos. Cipriano Algor llamó al perro, Vamos, bicho, y Encontrado fue detrás, Puede ser que la encuentre, pensaba. Los perros son así, cuando les da por tal, piensan por cuenta de los dueños.