Después, actuando en un súbito impulso, llamó al número de Khedrom, el que hacía tiempo le había dado en la Torre de Loranne. No esperó, desde luego, obtener respuesta; pero siempre existía la oportunidad de que hubiera dejado algún mensaje para él.
Su suposición fue acertada: pero el mensaje fue de lo más sorprendente e inesperado.
La pared se disolvió y Khedrom apareció de pie frente a él. El Bufón aparecía cansado y nervioso, ya no era el hombre confiado en sí mismo y ligeramente cínico de siempre y que había puesto a Alvin sobre el camino hacia Lys. En sus ojos había una mirada temerosa y habló como si dispusiera de poco tiempo.
— Alvin — Comenzó —, esto es sólo un registro ya efectuado por mi voz y mi imagen. Sólo podrás recibirlo; pero puedes hacer de ello el uso que creas conveniente. A mí no va a importarme. Cuando volví a la Tumba de Yarlan Zey, encontré que Mystra estaba siguiéndonos. Ella ha tenido que decir al Consejo que abandonaste Diaspar y que yo te ayudé. Muy pronto los a en es se pusieron en mi busca y decidí esconderme. Estoy acostumbrado a esto… ya lo he hecho antes cuando mis bromas fracasaron y no gustaron. (Aquello, al menos, era un gesto de humor de Khedrom.) Ellos seguramente no me hubiesen encontrado en cien años, pero alguien estuvo a punto de hacerlo. Hay extranjeros en Diaspar, Alvin; sólo pueden proceder de Lys y me están buscando. No sé lo que esto pueda significar pero no me gusta ni pizca. El hecho de que casi estuvieran a punto de echarme el guante, aun estando en una ciudad que tiene que resultarles extraña por fuerza, sugiere que poseen poderes telepáticos. Yo podría enfrentarme con el Consejo; pero esto último es un peligro desconocido al que no tengo la menor intención de encararme.
«Me hallo, por tanto, anticipando un paso que creo que el Consejo me obligaría a dar, ya que me han amenazado antes en tal sentido. Voy a marcharme a donde nadie pueda seguirme, y donde escaparé a todos los cambios que pueda sufrir Diaspar, sean los que fueren. Tal vez cometa una estupidez con proceder así; esto es algo que el tiempo se encargará de demostrar. La respuesta, ya la conoceré algún día.
«En este momento, supongo que habrás imaginado que he vuelto a la Sala de la Creación, a la seguridad de los Bancos de Memoria. Suceda lo que suceda, deposito toda mi confianza en el Computador Central y en las fuerzas que controla en beneficio de Diaspar. Si algo se entremete en el Computador Central, todos estamos perdidos; en caso contrario, no tengo temor alguno.
«Para mí, parecerá que sólo habrá pasado un momento desde el instante en que vuelva a resurgir a la vida, de nuevo en Diaspar, de aquí a cincuenta o a cien años en el futuro. Me pregunto qué clase de ciudad me encontraré para entonces… Creo que será extraño si aún permaneces aquí; algún día, supongo, volveremos, no obstante, a encontrarnos. No sé si desear ese encuentro o temerlo.
«Nunca te he comprendido Alvin, aunque hubo un tiempo en que estuve seguro de que sí. Sólo el Computador Central conoce la verdad, como la conoce respecto a los otros Únicos que han ido apareciendo de tiempo en tiempo a través de las edades y que después han desaparecido y no vistos más. ¿Has descubierto lo que les ocurrió?
«Una razón por la que desaparezco hacia el futuro, supongo, es la de que soy un hombre impaciente. Quiero ver los resultados de lo que has empezado; pero al mismo tiempo, ansioso de suprimir los estados intermedios… que sospecho no van a ser muy agradables. Será interesante ver en aquel mundo, que sólo estará a unos minutos para mí, a partir de este momento, si se te recuerda como un creador o como destructor… o si eres recordado en absoluto.
«Adiós, Alvin… Había pensado en darte algún consejo; pero supongo que no lo tomarías. Sé que seguirás tu propio camino, como siempre lo has hecho y que tus amigos sólo serán herramientas para utilizarlas o descartarlas, según convenga a la ocasión.
«Esto es todo. No creo que tenga ya otra cosa que decirte.
Por un momento, Khedrom — el Khedrom que ya no existía, sino en forma de un dispositivo de cargas eléctricas en las células de memoria de la ciudad— miró a Alvin con resignación y al parecer, también con tristeza. Después, la pantalla quedó en blanco.
Alvin permaneció inmóvil durante largo rato, tras haberse desvanecido la imagen de Khedrom. Estaba rebuscando en lo profundo de su alma, como rara vez lo había hecho en su vida, ya que no podía negar la verdad de mucho de cuanto le había transmitido Khedrom en su mensaje final. ¿Cuándo se había detenido a pensar en todas sus aventuras y sus propósitos, en el efecto que sus acciones producían sobre sus amigos? Les había llevado la ansiedad, y pronto podría ser aún peor… todo a causa de su insaciable curiosidad y su urgencia por descubrir lo que no debería ser conocido, por saberlo todo, descubrirlo todo, a costa de lo que fuera…
Nunca había sentido demasiada simpatía por Khedrom, la absorbente personalidad del Bufón prevenía contra cualquier relación íntima, aunque Alvin lo hubiera deseado. Con todo, entonces, al pensar en las palabras de adiós a Khedrom, se encontró sacudido interiormente por el remordimiento. Por culpa de sus acciones, el Bufón había tenido que salir volando de su época para un desconocido futuro.
Pero seguramente, pensó Alvin, no tenía necesidad de reprocharse nada. Aquello probaba sólo una cosa que ya conocía: que Khedrom era un cobarde. Tal vez no fuese más cobarde de lo que cualquier otro lo fuese en Diaspar, pero tenía la adicional desgracia de poseer una poderosa imaginación. Alvin no podía aceptar ninguna responsabilidad por su destino, bajo ningún pretexto.
¿A quién más en Diaspar había molestado o producido algún daño? Pensó en Jeserac, su tutor, persona que había sido paciente con él, como el más difícil de sus discípulos. Recordó todas las pequeñas amabilidades que sus padres le habían dedicado durante sus años de vida y ahora que lo recordaba con más detenimiento, habían sido de mayor importancia que lo que él había supuesto.
Y pensó también en Mystra. Ella le había amado, y su amor había sido un juego para él, lo había tomado o dejado a puro capricho. Pero ¿cuál hubiera tenido que ser su conducta? ¿Habría sido la época más feliz si la hubiera despreciado completamente?
Entonces comprendió por qué no había amado a Mystra ni a ninguna de las mujeres que había conocido en Diaspar. Aquélla era otra lección aprendida en Lys. Diaspar había olvidado muchas cosas y entre ellas, era el verdadero significado del amor. En Airlee, había observado a las madres meciendo a los niños sobre sus rodillas e incluso él mismo había sentido la ternura por aquellas pequeñas e indefensas criaturas, sentimiento hermano gemelo del amor y totalmente falto de egoísmo. Y en Diaspar no existía ni una sola mujer que supiese o se hubiese preocupado de lo que una vez constituyó el principal objetivo del amor. En la ciudad inmortal no había emociones reales, pasiones profundas ni arraigados sentimientos. Quizá, tales cosas perdurasen a causa de su intrascendencia, ya que resultaría imposible que durasen para siempre en una ciudad, como Diaspar, que había subvertido todos los valores humanos en su inmortalidad.
Aquél fue el momento en que Alvin comprobó cuál tema que ser su destino. Hasta entonces, había sido el agente inconsciente de sus propios impulsos. De haber podido conocer tan arcaica analogía, se hubiera comparado a sí mismo a un jinete montando a un caballo en una loca galopada. Le habría llevado a muchos lugares extraños y le habría mostrado y enseñado dónde quería realmente ir.
Aquella especie de ensoñación, se vio bruscamente interrumpida por el zumbador de la pantalla situada en la pared. El timbre le dijo en el acto que no era una proyección lejana, sino que alguien iba a verle en carne y hueso. Dio la señal de admisión y un momento después, estaba encarándose con Jeserac.