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Habían aprendido a usar la precaución en el anterior planeta y tras haber considerado cuidadosamente todas las posibilidades, cerniéndose en la alta atmósfera, enviaron al robot a investigar. A través de sus ojos, vieron cómo se aproximaba a uno de aquellos hemisferios y al robot flotando a pocos pies de distancia de la superficie completamente suave y sin características especiales de ornamentación externa.

No aparecía señal alguna de acceso, ni la menor indicación del propósito a que estaba destinada semejante estructura. Era bastante ancha y de unos cien pies de altura, siendo algunos de los otros hemisferios más grandes aún. De ser un edificio, no aparecía allí, ni entrada, ni salida.

Tras una leve vacilación, Alvin ordenó al robot que se adelantase y tocara la cúpula. Ante su completo asombro, el robot rehusó cumplir la orden recibida. Aquello era ciertamente un motín… o así lo parecía en principio.

— ¿Por qué no has hecho lo que te he ordenado? — preguntó Alvin una vez repuesto de su asombro.

— Está prohibido — fue la respuesta de la máquina.

— Prohibido… ¿por quién?

— No lo sé.

— Entonces, cómo… no, cancelada la orden. ¿Esa orden ha sido construida en tus circuitos?

— No.

Aquello parecía eliminar una posibilidad. Los constructores de aquellas cúpulas podrían muy bien haber sido la raza que fabricó el robot, habiendo introducido aquel tabú entre las instrucciones originales de la máquina.

— ¿Cuándo recibiste la orden? — preguntó Alvin.

Al aterrizar.

Alvin se volvió hacia Hilvar, con una luz de esperanza en los ojos.

— ¡Aquí existe una auténtica inteligencia! ¿No puedes apreciarla?

— No — repuso Hilvar —. Este lugar me parece tan muerto como el primer mundo que visitamos,

— Voy a ir a reunirme con el robot. Lo que pueda hablarle a él, me hablará a mí.

Hilvar no discutió aquel punto, aunque no parecía sentirse muy a gusto. Llevaron la nave a tierra a un centenar de pies de la cúpula, no lejos del robot que aguardaba, y abrieron la cámara reguladora de presión.

Alvin sabía que la puerta no se abriría a menos que el cerebro de la nave hubiese comprobado de antemano sí la atmósfera sería respirable. Por un momento, pensó que había cometido un error; el aire era tan sutil que apenas si sus pulmones pudieron respirarlo suficientemente. Después, inhalando profundamente, comprendió que podía captar suficiente oxígeno para sobrevivir, aunque supuso que no podría soportar aquella situación mucho tiempo.

Jadeando, se encaminaron hacia el robot y la pared curvada de aquella enigmática cúpula. Dieron un paso más… y se detuvieron al unísono como sacudidos por la misma y súbita sorpresa. En sus mentes, como el resonar de un gong poderoso, había aparecido el mismo mensaje.

PELIGRO. NO SE APROXIMEN MAS

Aquello era todo. Era un mensaje sin palabras, expresado en un puro pensamiento. Alvin estaba cierto que cualquier criatura, fuese cual fuese su nivel de inteligencia, habría recibido el mismo aviso en la misma forma totalmente inequívoca: en lo más profundo de su mente.

Se trataba de una advertencia, no de una amenaza. En cierta forma, ellos sabían que no iba dirigida especialmente contra ellos, y que sin duda era en favor de su propia protección. Allí, parecía decir, existía algo intrínsecamente peligroso y ellos, los constructores, sentían la ansiedad de evitar que nadie pudiese resultar dañado al irrumpir ignorantes de ello.

Alvin e Hilvar recularon unos pasos, mirándose el uno al otro, esperando a su vez que alguno dijese lo que tenía en el pensamiento. Hilvar fue el primero en resumir la posición a adoptar.

— Yo tenía razón, Alvin. Aquí no existe inteligencia alguna. Esa advertencia ha sido algo automático… disparada por nuestra presencia al llegar demasiado cerca.

Alvin hizo un signo de aprobación.

— Me gustaría saber qué están tratando de proteger. Podría, haber edificios… alguna cosa… bajo estas cúpulas.

— No existe forma de descubrirlo, si todas estas cúpulas nos advierten en el mismo sentido. Es interesante, por la diferencia con los otros planetas que hemos explorado. Del primero se lo llevaron todo, abandonaron el segundo sin molestarse respecto a su suerte; pero han tenido que tener muchas dificultades en éste. Tal vez esperasen volver de nuevo algún día deseando que todo estuviese dispuesto para ellos, cuando estuvieran de vuelta.

— Pero nunca lo hicieron… y tiene que haber transcurrido mucho tiempo.

— Puede que hayan cambiado de opinión.

Era curioso, pensó Alvin, cómo ambos habían comenzado a expresarse inconscientemente empleando la palabra «ellos». Quienes fuesen o lo que fuesen «ellos» su presencia había sido importante en aquel primer planeta… pero era aún más fuerte allí. Aquél era un mundo que había sido cuidadosamente conservado y dejado en condiciones hasta que pudieran volver a necesitarlo…

— Volvamos a la nave dijo Alvin quejándose —. Me cuesta mucho él poder respirar este aire.

Tan pronto como la cámara reguladora se hubo cerrado y estuvieron a gusto nuevamente acomodados en la cabina, discutieron su próximo paso a realizar. Para llevar a cabo una extensa exploración, tendrían que intentar el tanteo de gran número de cúpulas de aquéllas, con la esperanza de hallar una que no advirtiese ningún peligro y a donde pudiera tenerse algún acceso. Si aquello fallaba… pero Alvin no se quiso encarar con tal posibilidad hasta haberlo llevado a cabo.

Se tuvo que encarar con ella, menos de una hora más tarde, y en una forma mucho más dramática de lo que hubiera podido soñar. Habían enviado al robot una docena de veces y siempre con el mismo resultado, cuando se enfrentaron con una escena que parecía totalmente fuera de lugar, en un mundo como aquél, cerrado y limpiamente aislado de cualquier contacto exterior.

Bajo ellos, aparecía un amplio valle, moteado a grandes trechos con aquellas cúpulas impenetrables e inasequibles. En el centro aparecía la inequívoca cicatriz de una gran explosión… una explosión que había lanzado ruinas y destrozos en millas de distancia en todas direcciones y fundido un hueco cráter en el terreno.

Y junto al cráter, lo que quedaba en forma de destrozada chatarra, de lo que hubo sido una vez una nave estelar.

CAPÍTULO XXI

Aterrizaron junto al escenario de aquella antigua tragedia, y caminaron despacio, manteniendo la respiración, hacia el inmenso y destrozado casco que sobresalía por sobre sus cabezas. Sólo una corta sección, que podía ser la proa o la popa, quedaba de la hermosa nave del espacio; presumiblemente el resto había sido destrozado por completo a causa de aquella explosión. Conforme se aproximaban a los restos de la catástrofe, un pensamiento comenzó a cobrar vida en la mente de Alvin, haciéndose más y más fuerte, hasta llegar al estado de la certidumbre.

— Hilvar — dijo a su amigo, encontrando difícil hablar y caminar al mismo tiempo. Creo que esta nave es la que aterrizó en el primer planeta que visitamos.

Hilvar estuvo de acuerdo con un sencillo gesto, prefiriendo no gastar aire. La misma idea le había ocurrido a él. Era una buena lección aquel objeto y esperó que Alvin no la menospreciara.

Llegaron hasta el casco y miraron con atención al expuesto interior de la nave destrozada. Era como mirar en un gran edificio abierto a la curiosidad de cualquiera, partido en dos, con sus paredes, techo y suelo rotos en el punto de la explosión, proporcionando una visión distorsionada de la sección central de la nave. ¿Qué extraños seres, imaginó Alvin, se hallarían allí cuando murieron en la catástrofe de su nave?