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– Belém -informó Pam-. No está muy lejos de Lisboa, donde el río Tajo se une al mar. Belém es Belén en portugués.

Malone leyó la información relativa a esa lengua de tierra situada al suroeste del centro de Lisboa, el lugar del cual partían las carabelas portuguesas hacia oriente: Vasco De Gama a la India, Bartolomé Díaz a doblar el cabo de Buena Esperanza… Belém prosperó gracias a las riquezas -principalmente especias- que llegaron al país desde Extremo Oriente. El rey mandó construir allí un palacio de verano, y muchos ciudadanos acaudalados se establecieron allí. En su día era un municipio separado. En la actualidad constituía un imán que atraía a los turistas a disfrutar de sus tiendas, cafés y museos.

– Enrique el Navegante guarda relación con el sitio -añadió Pam.

– Pasemos a lo de la capilla consagrada al santo patrón -propuso Malone.

Unos cuantos clicks de ratón y Pam señaló el monitor.

– Ahí la tienes.

Una gigantesca construcción de gastada piedra llenó la pantalla. Intrincadas agujas se alzaban hacia un cielo nublado. El estilo era una combinación de arquitectura gótica y renacentista con evidentes influencias moriscas. Llamativas imágenes salpicaban la pétrea fachada.

– El monasterio de Santa María de Belém -leyó Malone.

Pam fue bajando, y él leyó que era uno de los monumentos más conocidos de Portugal, a menudo llamado Monasterio de los Jerónimos. Muchos de los personajes más importantes del país, incluidos sus reyes y reinas, se hallaban enterrados allí.

– ¿Cómo es que ha aparecido esto? -le preguntó a Pam.

– Escribí varias palabras clave y el motor de búsqueda fue directo ahí. En 1498, cuando Vasco De Gama volvió de su viaje tras descubrir la ruta a la India, el rey de Portugal aportó fondos para erigir el monasterio. La Orden de san Jerónimo tomó posesión del lugar en 1500, y la primera piedra se puso el 6 de enero de 1501.

Malone conocía la importancia de esa fecha de cuando era pequeño. Su madre era católica, y ellos iban a la iglesia con regularidad, sobre todo después de que falleciera su padre. El 6 de enero, la festividad de la Epifanía.

¿Qué había escrito Haddad en sus libretas?

«Las grandes búsquedas a menudo comienzan con una epifanía.»

– La capilla principal del monasterio se consagró a san Jerónimo -contó Pam-. Cotton, ¿recuerdas lo que dijo Haddad de él?

Lo recordaba. San Jerónimo fue uno de los primeros padres de la iglesia que, en el siglo iv, tradujo numerosos textos bíblicos al latín, incluido el Antiguo Testamento.

– Hay un enlace con más cosas sobre san Jerónimo -añadió ella, y la pantalla cambió con otro clic del ratón.

Los tres se pusieron a leer, y fue Malone quien lo vio primero.

– Es el santo patrón de las bibliotecas. Por lo visto, esta búsqueda empieza en Lisboa.

– No está mal, Malone.

– ¿Nos hemos ganado el resto?

– Como le dije, los acertijos no son lo mío, y a ustedes dos parece que se les dan bien. Pero el resto es más complicado.

Él sonrió.

– ¿Y si lo intentamos entre los tres y vemos adonde nos lleva?

44

Viena

13:00

Thorvaldsen salió del baño y vio que Gary estaba deshaciendo el equipaje. Aparte de lo que llevaba puesto cuando lo secuestraron, el muchacho no tenía más ropa, así que el día anterior Jesper había ido a Copenhague a comprarle unas cuantas cosas.

– Esta casa es antigua, ¿no? -preguntó el chico.

– Lleva en pie desde hace generaciones, como Christiangade.

– En Europa hay un montón de cosas antiguas, no como en casa.

Thorvaldsen esbozó una sonrisa.

– Llevamos algo más en el mundo.

– La habitación es estupenda.

También él opinaba que el cuarto era muy interesante. En la segunda planta, cerca de su anfitrión. Una novedad. Estaba decorado con mobiliario femenino, sin duda había pertenecido a una mujer con gusto.

– ¿Te gusta la historia? -quiso saber el danés.

Gary se encogió de hombros.

– No me gustaba hasta hace dos veranos. Aquí es mucho más interesante, cuando se ve.

Thorvaldsen decidió que había llegado la hora de comentarle al chico cuál era la situación.

– ¿Qué te han parecido nuestro anfitrión y su hija?

– No muy amables. Pero parece que les cae bien.

– Conozco a Alfred desde hace mucho, pero me temo que trama algo.

Gary se sentó en la cama.

– Creo que tal vez esté detrás de tu rapto.

Vio que el muchacho empezaba a comprender el aprieto en que se hallaban.

– ¿Está seguro?

El danés meneó la cabeza.

– Por eso estamos aquí, para averiguarlo.

– Yo también quiero saberlo. Esos tipos le dieron un susto de muerte a mi madre, y eso no me gusta.

– ¿Tienes miedo?

– No me habría traído si corriese peligro.

Le gustó la respuesta. El chaval era listo.

– Has visto morir a dos hombres. Pocos chicos de quince años pueden decir lo mismo. ¿Estás bien?

– El que se cargó mi padre se lo merecía. Intentó secuestrarme. Papá hizo lo que debía. ¿Qué va a hacer usted?

– No estoy seguro, pero durante los próximos días aquí habrá un montón de gente, gente poderosa de la que tal vez averigüe lo que queremos saber.

– ¿Es como un club o algo por el estilo?

– Podría decirse que sí. Gente con intereses similares que se reúne para hablar de esos intereses.

Su móvil tintineó en la mesilla de noche, y él se acercó y vio el número: Jesper. Lo cogió.

– Tiene una llamada. De Tel Aviv.

– Pues pásamela ya mismo.

A los pocos segundos, después de establecer la conexión, oyó decir a una grave voz de barítono:

– Henrik, ¿qué te traes entre manos?

– ¿A qué te refieres?

– No te hagas el tonto. Cuando llamaste ayer sospeché algo, Pero ahora estoy paranoico perdido.

El día anterior había llamado al despacho del primer ministro israelí. Como había donado millones para causas judías y financiado a multitud de políticos israelíes, incluido el actual primer ministro, su llamada no había sido pasada por alto. Sólo había hecho una simple pregunta: ¿qué interés tiene Israel en George Haddad? No había hablado directamente con el primer ministro a propósito, sino que había encauzado la pregunta a través de su jefe de gabinete, que ahora, notó, estaba nervioso. De manera que inquirió:

– ¿Conoces la respuesta a mi pregunta?

– El Mosad nos dijo que nos metiéramos en nuestros asuntos.

– ¿Así es como le hablan a sus dirigentes?

– Sólo cuando quieren que nos metamos en nuestros asuntos.

– Así que ¿no hay respuesta?

– No he dicho eso. Quieren muerto a George Haddad y quieren pararle los pies a Cotton Malone. Al parecer Malone y su ex mujer van camino de Lisboa en este momento, y eso después de que la otra noche cuatro personas murieran en un museo del norte de Londres. Curiosamente los británicos saben que Malone tuvo algo que ver en esos asesinatos, pero no han hecho nada. Lo han dejado salir del país sin más. Los nuestros opinan que es porque los americanos dieron luz verde a lo que hizo. Creen que Norteamérica ha vuelto a entrometerse… en lo tocante a George Haddad.

– ¿Cómo es que saben eso tus empleados?

– Tienen, línea directa con Malone. Saben exactamente dónde está y qué hace. Además, contaban con esto desde hace algún tiempo.

– Parece que hay mucho movimiento por ahí.

– Por no decir otra cosa. El primer ministro y yo apreciamos tu amistad. Eres un mecenas de esta nación. Por eso te hemos llamado. El Mosad va a eliminar a Malone, ya han enviado a unos agentes rumbo a Lisboa. Si puedes prevenirlo, hazlo.