– En ese caso -dijo Daniel- he de decirle que Jesús Marañón ofrece una recompensa de medio millón de euros por cualquier información que lleve a la localización del manuscrito de la Décima Sinfonía.
– No se ha estirado mucho entonces, teniendo en cuenta lo que pueden llegar a valer esos manuscritos.
– También debo informarle de que estuve con él esta mañana, en su mansión, y me mostró un espeluznante museo de instrumentos de tortura que tiene en el sótano de su casa.
– Coleccionar cosas raras no está tipificado como delito -dijo Mateos con una sonrisa enigmática, como si ya hubiera oído hablar del museo de Marañón.
– Hablando de cosas raras. Esta mañana estuve a solas en su casa y me dio un extraño apretón de manos.
– ¿De veras? -dijo el inspector-. No me diga que colocó su dedo pulgar sobre el nudillo de la primera falange de su índice.
– ¿Cómo lo sabe?
– Es un apretón de manos masónico. Marañón estaba intentando saber si usted pertenece a la hermandad.
– ¿Marañón es masón?
– En efecto, aunque no sabemos aún a qué logia pertenece. Probablemente a la Gran Logia Escocesa, ya que su madre desciende de los Estuardo, los Stuart en inglés.
– ¡Por eso le interesa tanto la Décima! -exclamó Daniel-. Además del valor artístico, él debe de estar convencido de que es una obra masónica.
– ¿A qué se refiere?
– Tanto la partitura tatuada en la cabeza de Thomas como la Décima Sinfonía, comparten un elemento común: tres bemoles en la armadura. Es posible que Marañón contemple la Décima Sinfonía como el gran testamento masónico de Beethoven.
– Hágame un favor, señor Paniagua. Deje de suministrarle información a Jesús Marañón. Se está metiendo en un jardín muy peligroso.
– ¿Usted cree que está intentando captarme para su logia?
– No, no funciona así. Los masones nunca piden a nadie que ingrese en la sociedad. Es uno el que tiene que solicitarlo; por otra parte, entrar en una logia no es tan sencillo. Pero aún más difícil que ingresar es abandonar la sociedad una vez dentro.
– ¿A qué se dedican?
– En teoría se trata de una sociedad filantrópica. Dicen que tienen como fin la búsqueda de la verdad, el estudio de la ética y la práctica de la solidaridad. Sus principios, eso afirman ellos, son la tolerancia mutua, el respeto a los demás y de uno mismo, y la absoluta libertad de conciencia. Pero del dicho al hecho… ya sabe.
– No, no lo sé. ¿Es que están bajo sospecha?
– En una organización con tantos siglos de historia y con tantas ramificaciones internacionales, se imaginará usted que ha habido y sigue habiendo de todo. En Italia, ya sabe que los masones de la logia P2 se cargaron a Roberto Calvi, el director del Banco Ambrosiano. Y aquí en nuestro país tenemos también elementos muy peligrosos.
– ¿Ah sí? ¿Por ejemplo, quién?
Bastó con que Mateos le mencionara el nombre de un famoso empresario asociado a una logia española para que Paniagua comprendiera que si los masones estaban detrás del asesinato de Ronald Thomas, la resolución del caso podría llegar a ser de una complejidad extraordinaria.
30
De vuelta en Grenoble, Alicia Ríos se había dado de plazo a sí misma un par de semanas para decidir sobre su embarazo. Llevaba dos días sin recibir señal alguna de Daniel, cosa que lejos de mortificarla, había agradecido sobremanera, pues necesitaba poner sus ideas en orden y templar su estado de ánimo, antes de volver a tener una conversación con su novio.
Estaba tan confusa que dudó de si debía ponerse en manos de un especialista en salud mental para que le proporcionara una terapia de apoyo, pero al final decidió que su amiga Marie-Christine, con la que iba adquiriendo cada vez más confianza, era la persona indicada para echarle un cable emocional en tan delicados momentos.
Durante su corta estancia en Madrid, Alicia había omitido deliberadamente decirle a Daniel que el retrato que estaba haciendo su amiga era algo más que eso: se trataba de un desnudo de cuerpo entero que había pensado regalarle a su novio el día de su cumpleaños.
Las sesiones de posado estaban teniendo lugar en el domicilio de la suiza, un dúplex muy amplio con grandes ventanales en el piso superior, por los que entraba la luz a raudales. Durante los posados, que se hacían a salto de mata, pues ninguna de las dos tenía urgencia alguna para terminar el cuadro, conversaban de lo divino y de lo humano, aunque en los últimos tiempos y por razones obvias, sus charlas se habían convertido prácticamente en monotemáticas.
Llevaban hablando casi una hora de Daniel, sobre un fondo musical de highlights de ópera, cuando la pintora hizo un inciso pictórico-artístico antes de volver a la carga con el tema anterior.
– ¿Sabes una cosa? -dijo Marie-Christine mientras mezclaba sobre la paleta los dos colores que había decidido emplear para hacer justicia a la espectacular melena rizada de su amiga-. Normalmente, un cuadro como el tuyo lo habría hecho alla prima, pero me gusta tanto hablar contigo que he decido hacerte un retrato más minucioso.
– ¿Alla prima? -repitió Alicia descomponiendo la figura y provocando que su amiga tuviera que hacerle un gesto con la mano para que volviera a adoptar la postura original.
– Alla prima es como pintan los pintores de paisaje. Van Gogh, por ejemplo, casi siempre completaba la obra en una sesión, creando una masa de pinceladas aplicadas con gran rapidez. La pintura se vuelve mucho más excitante y espontánea, porque hay que aplicar el pincel rápidamente y con confianza. Yo suelo lograr así, incluso con los retratos, mucho mejores resultados que en obras de estudio más trabajadas, además de que es mucho más llevadero para la modelo, claro.
– No te preocupes por mí. Estas sesiones me están viniendo de miedo para desahogarme.
Las dos amigas callaron durante un minuto para escuchar cómo María Callas remataba la cabaletta de La Traviata:
Sempre libera degg'io
Folleggiar di gioia in gioia,
Vo' che scorra il viver mi ó
Pei sentieri del piacer.
Mecida por la música de Verdi y por vez primera desde su airada salida del restaurante en Madrid, Alicia pudo pensar en Daniel no solo sin despecho, sino incluso con ternura, al recordar cómo este le había explicado, la noche en que se habían conocido, por qué las cabalettas eran llamadas así: a diferencia de lo que ocurre en las arias, la orquesta acompaña al cantante con un ritmo que recuerda el galope de un caballo.
La voz de Marie-Christine la sacó de su ensimismamiento:
– Yo que tú me plantearía el tema del bebé de la siguiente manera. Si no existiera Daniel, ¿te animarías a tener el hijo tú sola?
– ¿Qué quieres decir? -preguntó Alicia sobresaltada-. Daniel existe, tenemos una relación sólida que se prolonga desde hace tres años.
– Sí, pero tienes que estar preparada, no te muevas, por favor, para que en caso de una crisis prolongada, o incluso definitiva, no te encuentres tú, de golpe y porrazo, sola, en un país que no es el tuyo y con un niño que has tenido sobre todo para complacer a tu novio.
– Lo que no voy a hacer de ninguna manera es interrumpir el embarazo sin decírselo antes a Daniel.