Isaac estaba hablando a Lin entre murmullos, diciéndole lo mucho que lo sentía, que había creído que estaba muerta, que hubiera debido venir.
Me obligó a seguir trabajando, mientras me golpeaba y… y me torturaba y se burlaba de mí, les dijo Lin con señas, ansiosa y exhausta de emoción.
Yagharek estaba a punto de decir algo, pero entonces volvió la cabeza repentinamente.
En el exterior, se oía el estrépito de unos pasos que se apresuraban por el corredor.
Isaac se puso en pie, sosteniendo a Lin mientras lo hacía y manteniéndola protegida por su abrazo. Derkhan se apartó de ellos, desenfundó las pistolas y apuntó a la puerta. Yagharek se pegó a la pared bajo la sombra de la escultura, el látigo enrollado y dispuesto.
La puerta se abrió de par en par, chocó contra la pared y rebotó.
Motley se encontraba frente a ellos.
Solo veían su silueta. Isaac distinguió un perfil deformado, recortado contra las paredes pintadas de negro del pasillo. Un jardín de miembros múltiples, un remiendo andante de formas orgánicas. El asombro lo dejó boquiabierto. Se dio cuenta, mientas contemplaba a aquella criatura arremolinada con patas de cabra y de pájaro y de perro, mientras contemplaba los tentáculos prensiles y los nudos de tejido, los huesos compuestos y la piel inventada, de que la obra de Lin estaba inspirada, sin la menor concesión a la fantasía, en la vida.
Al verlo, el cuerpo de Lin quedó fláccido a causa del miedo y el recuerdo del dolor. Isaac sintió que la cólera empezaba a engullirlo.
Motley retrocedió ligeramente y se volvió para mirar en la dirección por la que había venido.
— ¡Seguridad! —gritó Motley por alguna boca incierta—. ¡Vengan aquí enseguida!
Volvió la vista hacia la habitación.
—Grimnebulin —dijo. Su voz era rápida y tensa—. Ha venido. ¿Es que no recibió mi mensaje? Es usted un poco descuidado, ¿no?
Penetró en la habitación y en la tenue luz.
Derkhan disparó dos veces. Sus balas atravesaron la piel blindada de Motley y las franjas de pelaje. El mafioso retrocedió tambaleándose sobre sus múltiples patas con un aullido de dolor. Su grito se tornó una risa cruel.
—Demasiados órganos internos como para que puedas herirme, zorra inútil —gritó. Derkhan escupió de rabia y se pegó un poco más a la pared.
Isaac miró fijamente a Motley, vio asomar dientes de una multitud de bocas. El suelo tembló mientras un grupo de personas corría por el pasillo en dirección a la habitación.
Aparecieron varios hombres en la puerta, detrás de él, blandiendo armas. Por un momento, el estómago de Isaac se encogió: los hombres no tenían rostro, solo suave piel estirada sobre el cráneo. ¿Qué clase de malditos rehechos son estos?, pensó estupefacto. Entonces reparó en los espejos que se extendían desde la parte trasera de los cascos.
Sus ojos se abrieron al darse cuenta de que eran rehechos con el cráneo afeitado y la cabeza girada ciento ochenta grados, especial y perfectamente adaptados a la lucha contra las polillas asesinas. Ahora aguardaban órdenes de su jefe, los cuerpos musculosos frente a Isaac, las cabezas permanentemente apartadas.
Uno de los miembros de Motley (una cosa fea, segmentada y cubierta de ventosas) se extendió para señalar a Lin.
— ¡Termina de una vez tu puto trabajo, maldita zorra, o ya sabes lo que te espera! —gritó, y avanzó a trompicones hacia Isaac y Lin.
Con un rugido completamente bestial, Isaac empujó a la khepri a un lado. Un chorro de angustia química brotó de ella. Sus manos se retorcieron mientras le suplicaba que se quedara a su lado, pero él se abalanzó sobre Motley, presa de una agonía de furia y culpabilidad.
Motley profirió un grito sin palabras y aceptó el desafío.
Hubo un impacto súbito y estruendoso. Una explosión de fragmentos de cristal roció toda la habitación, dejando sangre e improperios detrás de sí.
Isaac se quedó helado en el centro de la habitación. Motley estaba congelado delante de él. Los agentes de seguridad trataban de empuñar sus armas, mientras se gritaban órdenes los unos a los otros. Isaac levantó la mirada hacia los espejos que tenía delante de los ojos.
La última de las polillas asesinas se encontraba frente a él. Su cuerpo estaba delineado en los fragmentos dentados de la ventana. El cristal todavía goteaba a su alrededor como un líquido viscoso.
Isaac exhaló un grito sofocado.
Era una enorme y terrible presencia. Se erguía, medio acurrucada, un poco más allá de la pared y del agujero de la ventana, sujeta al suelo de madera por varios miembros salvajes. Era tan grande como un gorila, un cuerpo de terrible solidez e intrincada violencia.
Sus inimaginables alas estaban desplegadas. Los patrones las recorrían como fuegos artificiales en negativo.
Motley había estado de cara a la gran bestia: su mente era prisionera. Miraba las alas con un sinfín de ojos que no pestañeaban. Detrás de él, los soldados gritaban agitados, mientras preparaban sus armas.
Yagharek y Derkhan habían estado con la espalda contra la pared. Isaac los vio en sus espejos, detrás de la cosa. No podían distinguir los lados coloridos de sus alas: seguían asustados pero no estaban hechizados.
Entre la polilla e Isaac, tirada sobre las tablas, donde la había derribado la lluvia de erizados cristales, se encontraba Lin.
— ¡Lin! —gritó Isaac desesperadamente—. ¡No te vuelvas! ¡No mires atrás! ¡Ven conmigo!
Su tono de pánico la paralizó. Lo vio extender los brazos hacia ella en un gesto espantosamente torpe, caminar con vacilación hacia ella, de espaldas, sin volverse.
Se arrastró, lenta, muy lentamente, hacia él.
A su espalda, escuchó un ruido sordo, animal.
La polilla asesina se irguió, intranquila y pugnaz. Podía saborear mentes por todas partes, moviéndose a su alrededor, amenazándola y temiéndola.
Estaba inquieta y nerviosa, traumatizada todavía por la muerte de sus hermanas. Uno de sus afilados tentáculos palpó el suelo como una cola.
Frente a ella, una de las mentes había sido capturada. Pero sus alas estaban extendidas por completo y sin embargo, ¿solo había capturado a una…? Estaba confundida. Se volvió hacia el grupo principal de sus enemigos, batió hipnóticamente sus alas en dirección a ellos, tratando de atraerlos y enviar sus sueños burbujeando a la superficie.
Se resistieron.
La polilla asesina fue presa del pánico.
Detrás de Motley, los hombres de seguridad se agitaban, frustrados. Trataban de apartar a su jefe, pero este había quedado paralizado en el umbral de la puerta. Su enorme cuerpo parecía congelado, sus diversas patas plantadas firmemente en el suelo. Contemplaba las alas de la polilla asesina en un intenso trance.
Había cinco rehechos detrás de él. Estaban serenos. Les habían equipado específicamente para defenderse de las polillas asesinas, por si se producía una fuga. Además de armas ligeras, tres de ellos llevaban lanzallamas; otro, un atomizador de ácido femtocorrosivo; y el último, una pistola de dardos elictrotaumatúrgicos. Podían ver a su presa, pero no pasar por encima de su jefe.
Los hombres de Motley trataron de apuntar sus armas a su alrededor, pero su enorme corpachón interrumpía su línea de fuego. Empezaron a gritarse mutuamente y trataron de desarrollar una estrategia, pero no pudieron. Miraban por sus espejos, observaban la enorme polilla depredadora bajo los brazos y los miembros de Motley, a través de huecos en su forma. La monstruosa visión los intimidaba.
Isaac extendió los brazos hacia atrás, hacia Derkhan.
—Ven aquí, Lin —siseó—, y no mires atrás.
Era como una especie de espeluznante juego de niños.
Yagharek y Derkhan se movieron lentamente, el uno en dirección al otro, tras la polilla. Esta lanzó un chillido y movió la cabeza hacia ellos, pero permanecía más atenta a la masa de figuras que tenía enfrente y no se volvió por completo.