Выбрать главу

Guardó silencio unos instantes, para que asimilara sus palabras. Esperó a que Yagharek se calmara, a que volviera a la calamitosa actitud que se había labrado.

—No he abandonado —repitió—. Lo que ha pasado es genial, en realidad. Creo que hemos entrado en una nueva fase. Adiós a lo antiguo. Esa línea de investigación ha sido… eh… cancelada.

Yagharek inclinó la cabeza. Sus hombros temblaron al inspirar profundamente.

—No comprendo.

—Mira, ven a ver esto de aquí. Te quiero enseñar algo.

Isaac llevó a Yagharek a su mesa, donde se detuvo un momento y chasqueó la lengua al ver al grueso ciempiés, tumbado en su caja sobre un costado. Se agitaba deleznable.

Yagharek no le dedicó una segunda mirada.

Isaac señaló los diversos montones de papel que sobresalían de los gastados libros de la estantería, o que descansaban sobre la mesa: dibujos, ecuaciones, notas y tratados. El garuda comenzó a escudriñarlos lentamente. Isaac lo guiaba.

—Mira… Mira estos malditos esquemas, por todas partes. Alas, en su mayor parte. El punto inicial de la investigación eran las alas. Parece lógico, ¿no? De modo que me he dedicado a comprender ese miembro en particular. Los garuda que viven en Nueva Crobuzon no nos son de utilidad, por cierto. Puse anuncios en la universidad, pero al parecer no ha entrado ninguno como estudiante este año. Por el bien de la ciencia, llegué incluso a intentar argumentar con un… un líder comunitario… y resultó en un pequeño desastre. Dejémoslo ahí. —Isaac hizo una pausa, recordando, antes de devolverse a la discusión—. Así que miremos a los pájaros. Pero claro, eso nos lleva a un problema totalmente distinto. Los bichos pequeños, los zumbones, los reyezuelos, todos esos son interesantes y útiles en términos de… ya sabes, de trasfondo amplio, de física del vuelo, de lo que quieras, pero básicamente buscamos a los grandes. Los cernícalos, los halcones, las águilas, si consigo alguna. Porque en esta fase aún pienso de forma análoga. Pero no quiero que pienses que soy estrecho de miras. No estoy estudiando a los efemerópteros, o lo que sea, solo por interés. Estoy tratando de averiguar si puedo aplicar este estudio. Quiero decir que presumo que no eres muy exigente, ¿no? Presumo que si te injerto un par de alas de murciélago o de moscarda, o incluso una glándula de vuelo de un pólipo, no te irás a cabrear. Puede que no sean bonitas, pero el objetivo es hacerte volar, ¿no?

Yagharek asintió. Escuchaba con feroz interés, revolviendo entre los papeles sobre la mesa. Se esforzaba por comprenderlo todo.

—Muy bien. Así que parece razonable, aun a pesar de todo, que en los que debemos fijarnos es en los pájaros grandes. Pero, por supuesto… —Isaac rebuscó entre los papeles, tomó varios dibujos de la pared y entregó los diagramas relevantes a Yagharek—. Por supuesto, al final resulta que no así. Es decir, puedes llegar bastante lejos con la aerodinámica de los pájaros, tiene muchas cosas útiles, pero en realidad su estudio despista. Y es porque la aerodinámica de vuestros cuerpos no tiene nada que ver. Tú no eres solo un águila con un flaco cuerpo humano adosado. Estoy seguro de que nunca pensaste que eras… No sé cómo serán vuestras matemáticas o vuestra física, pero en esta hoja de aquí… —Isaac la encontró y se la entregó— hay algunos diagramas y ecuaciones que te mostraran por qué el vuelo de los grandes pájaros no es la dirección en la que buscar. Todas las líneas de fuerzas están confundidas. No son lo bastante fuertes, cosas así. De modo que volví sobre las demás alas de la colección. ¿Qué pasaría si te injertáramos unas alas de libélula? Bueno, claro, primero tenemos el problema de conseguir unos insectos con alas lo bastante grandes. Y los únicos que encajan en la descripción no van a regalártelas. Y no sé tú, pero a mí no me apetece una mierda irme a las montañas o a cualquier otra parte a tender emboscadas a un escarabajo asesino. Nos iban a dar por culo. ¿Y qué hay de construirlas según nuestras propias necesidades? En ese caso, podemos conseguir tanto el tamaño como la forma. Podemos compensar tu forma… complicada. —Isaac sonrió antes de seguir—. El problema es que, siendo lo que es la ciencia de los materiales, podríamos conseguir hacerlas lo bastante exactas, lo bastante ligeras, lo bastante fuertes… pero he de confesar que lo dudo. Estoy trabajando en diseños que podrían funcionar, pero que podrían no hacerlo. No creo que las posibilidades sean buenas. Además, tienes que recordar que todo este proyecto depende de que todo un virtuoso te reconstruya. Me alegra poder decir que no conozco a ningún reconstructor, lo que es un problema. Otro es que suelen estar más interesados en la humillación, la potencia industrial y la estética que en algo tan intrincado como el vuelo. Hay un huevo de terminaciones nerviosas, otro de músculos, huesos arrancados y demás flotando por tu espalda, y tienen que reformar cada uno exactamente si quieres tener la menor posibilidad de volar de nuevo.

Isaac había conducido a Yagharek hasta una silla. Él acercó una banqueta y se sentó enfrente. El garuda estaba en completo silencio. Observaba con una intensa concentración a Isaac, y después a los diagramas que sostenía. Así era como leía, comprendió Isaac, con aquella intensidad y concentración. No era como un paciente esperando a que el doctor fuera al grano. Estaba asimilando cada una de las palabras.

—Debería decir que no he terminado del todo con esto. Conozco a alguien capacitado en la clase de biotaumaturgia que necesitas para conseguir que te injerten unas alas funcionales. De modo que voy a hablar con él para comentar las probabilidades de éxito. —Isaac torció el gesto y negó con la cabeza—. Y tengo que decirte, Yag, viejo, que si conocieras a ese tipo comprenderías el valor de mi gesto. No repararé en gastos para conseguir que… —hizo una larga pausa—. De modo que cabe la posibilidad de que este tipo diga: «Sí, alas, no pasa nada, tráemelo por aquí y se las ponemos el Día del polvo por la tarde». Es posible, pero me has contratado por mi capacidad científica, y te doy mi opinión profesional cuando te digo que no va a ser así. Creo que necesitamos pensamiento lateral. Mis primeras aproximaciones por esta ruta estaban encaminadas a observar a las distintas cosas que vuelan sin alas, pero prefiero ahorrarte los detalles de los esquemas. La mayoría de los planes están… aquí, si te interesan. Un mini dirigible subcutáneo autoinflable; un transplante de glándulas de un pólipo mutante; integrarte con un gólem volador; incluso algo tan prosaico como enseñarte taumaturgia física básica —Isaac indicó las notas de cada uno de los planes a medida que los mencionaba—. Todo imposible. La taumaturgia es poco fiable y agotadora. Cualquiera puede aprender algunos hechizos básicos si se aplica, pero la contrageotropía constante a voluntad necesita mucha más energía y habilidad de la que la mayoría de la gente posee. ¿Tenéis sortilegios poderosos en el Cymek?

Yagharek negó lentamente con la cabeza.

—Algunos susurros para llamar a la presa a nuestras garras; algunos símbolos y pases para ayudar a que los huesos se suelden y la sangre coagule. Eso es todo.

—Sí, no me sorprende. Así que mejor no confiar en eso. Y créeme cuando te digo que mis otros planes, los extraños, no eran viables. Así que he pasado todo el tiempo trabajando en cosas así sin llegar a ningún sitio. Y comprendí que, cuando me detengo un minuto o dos y me pongo a pensar, lo mismo viene una y otra vez a mi mente: acuartesanía.

Yagharek frunció el ceño enarcando sus cejas, ya marcadas, hasta convertirlas en un desfiladero de aspecto casi geológico. Sacudió la cabeza, confuso.

—Acuartesanía —repitió Isaac—. ¿Sabes lo que es?

—He leído algo al respecto. La habilidad de los vodyanoi…