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—Estupendo, hijo. Puedes ver a los estibadores usarla en ocasiones, en Arboleda o en el Meandro de las Nieblas. Si se reúnen los bastantes, pueden dar forma a buena parte del río. Excavan en el agua hasta los cargamentos que caen al fondo, de modo que las grúas pueden recogerlos. Acojonante. En las comunidades rurales, la emplean para cavar zanjas de aire en los ríos, para conducir a los peces a ellas. Simplemente salen de la zona vertical del agua y caen al suelo. Brillante. —Isaac apretó los labios en señal de aprecio—. En cualquier caso, hoy en día solo se usa para gilipolleces, como pequeñas esculturas. No existen competiciones, ni nada así. El asunto, Yag, es que lo que ahí tienes es agua que no se comporta como debería, ¿no? Y eso es lo que tú quieres. Quieres que cosas pesadas, eso de ahí, ese cuerpo —dijo, dando unos suaves golpecitos en el pecho al garuda—, vuele. ¿Me sigues? Volvamos nuestra atención hacia el conundrum ontológico de persuadir a la materia para que rompa los hábitos de eones. Queremos que los elementos se comporten de forma extraña. No es un problema de ornitología avanzada. Es filosofía. ¡Y eso, Yag, es en lo que llevo trabajando toda la vida! Casi lo he convertido en una especie de afición. Pero, esta mañana, revisé algunas de las primeras notas que había tomado sobre tu caso, y lo enlacé todo con mis viejas ideas, y vi que ese era el camino a tomar. Y llevo todo el día peleándome con ello. —Isaac agitó un trozo de papel frente a Yagharek, aquel con un triángulo que contenía una cruz.

Tomó un lápiz y escribió unas palabras en los tres vértices del triángulo, para después volver el papel hacia el garuda. El vértice superior rezaba «Ocultista/taumatúrgico»; el inferior izquierdo, «Material»; el inferior derecho, «Social/sapiente».

—Bueno, Yag, viejo, no te enfrasques demasiado con este diagrama, que no pretende ser más que un foco para ayudar en la concentración. Lo que aquí tienes es una representación de los tres puntos entre los que se encuentra toda erudición, todo conocimiento. Aquí tenemos lo material. Se trata de los conocimientos físicos, átomos y demás. Todo, desde las partículas femtoscópicas fundamentales, como los elictrones, hasta los gigantescos volcanes. Rocas, elictromagnetismo, reacción química… cosas así. A él se opone lo social. A las criaturas inteligentes, de las que no hay precisamente escasez en Bas-Lag, no puedes estudiarlas del mismo modo que a las piedras. Reflejándose en el mundo y en su propio reflejo, los humanos, los garuda, los cactos y cualquier otra especie crean un orden diferente de organización, ¿no? Así que hay que estudiarlos en sus propios términos. Pero, al mismo tiempo, también están evidentemente relacionados con la materia física que lo compone todo. Para eso está aquí esta hermosa línea, conectándolos. Arriba está el ocultismo. Ahora empieza lo interesante. Ocultismo, lo oculto, que incluye las varias fuerzas y dinámicas que no tienen que ver con la interacción de elementos físicos, y que no son meros pensamientos o pensadores. Espíritus, demonios, dioses, si quieres llamarlos así, taumaturgia… ya me entiendes. Y todo eso se encuentra ahí arriba, pero está relacionado con los otros dos elementos. Primero, las técnicas taumatúrgicas, la invocación, el chamanismo y demás afectan, y son afectadas, por las relaciones sociales que las rodean. Y después tenemos el aspecto físico: los hechizos y encantamientos son, en su mayor parte, la manipulación de partículas teóricas, las «partículas encantadas», llamadas taumaturgones. En este sentido, algunos científicos —se señaló el pecho con el pulgar— creen que, en esencia, son como los protones y todas las demás partículas físicas. Y aquí—añadió con timidez, bajando la voz— es donde las cosas se ponen verdaderamente interesantes. Si piensas en cualquier área de estudio o saber, se encuentra en alguna zona de este triángulo, pero no por completo en una esquina. Toma la Sociología, la Psicología o la Xentropología. Bastante sencillo, ¿no? Se encuentran aquí abajo, en la esquina «Social», ¿no? Pues no del todo. Sin duda, ahí está su nudo más cercano, pero no puedes estudiar las sociedades sin pensar en sus recursos físicos, ¿no es así? Así que, de momento, el aspecto físico entra en liza. De modo que movemos un poco la sociología por el eje inferior —deslizó el dedo medio centímetro a la izquierda—. Pero luego, ¿cómo puedes entender, digamos, la cultura cacta sin comprender su foco solar, o la de las khepri sin sus deidades, o la de los vodyanoi sin comprender la canalización chamánica? No es posible — concluyó triunfante—. De modo que tenemos que mover las cosas un poco hacia el ocultismo. —Su dedo se desplazó en consonancia—. Así, que, más o menos, ahí es donde tenemos la Sociología y la Psicología. En la esquina inferior derecha, pero un poco arriba y un poco a la izquierda. ¿Y la Física? ¿Y la Biología? Deberían encontrarse justo sobre las ciencias materiales, ¿no? Pero, si dices que la biología tiene un efecto en la sociedad, lo contrario también es cierto, de modo que la biología está, en realidad, desplazada un poco a la derecha del vértice «Material». ¿Y qué hay de los pólipos volantes? ¿Y de la alimentación de los árboles de almas? Todo eso es ocultismo, de modo que nos movemos otra vez, ahora hacia arriba. La Física incluye la eficacia de ciertas sustancias en los hechizos taumatúrgicos. ¿Me sigues? Aun la materia más «pura» se encuentra siempre en algún punto intermedio. Y después tenemos todas aquellas disciplinas que se definen precisamente por su naturaleza bastarda. ¿Sociobiología? A mitad del lado inferior y un poco hacia arriba. ¿Hipnotología? A mitad de camino por el lado derecho. Sociopsicológico y ocultista, pero con un poco de química cerebral, de modo que se desplaza un poco hacia…

El diagrama de Isaac se encontraba ahora cubierto de pequeñas cruces, allá donde localizaba las distintas disciplinas. Miró a Yagharek y trazó una última y limpia cruza en el mismo centro del triángulo.

— ¿Y qué tenemos aquí? ¿Qué es este punto intermedio? Hay quien piensa que aquí se encuentran las matemáticas. Bueno. Pero, aunque estas sean el estudio que mejor te ayuda a pensar hacia el centro, ¿cuáles son las fuerzas que investigas? Las Matemáticas son totalmente abstractas en cierto nivel, con raíces cuadradas de menos uno, y cosas así; pero el mundo es rigurosamente matemático. De modo que este es un modo de mirar un mundo que unifica las tres fuerzas: mentales, sociales y físicas. Si las materias están localizadas en un triángulo, con tres vértices y un centro, así lo están las durezas y dinámicas que estudian. En otras palabras, si piensas que este modo de mirar las cosas es interesante o útil, entonces básicamente hay una clase de campo, una clase de fuerza, estudiada aquí en sus varios aspectos. Por eso a esto se le llama «teoría unificada de campos».

Isaac sonrió, exhausto. Por el esputo divino, comprendió de repente, estoy haciendo un buen trabajo… Diez años de investigación han mejorado mi capacidad de enseñanza. Yagharek lo contemplaba con cuidado.

—C…comprendo —dijo al fin el garuda.

— Me alegro. Y hay más, hijo, así que átate los machos. La TUC no está del todo aceptada como teoría, ¿sabes? Probablemente se deba a la situación de la Hipótesis de Tierra Fracturada, si es que te dice algo. —Yagharek asintió—. Muy bien, entonces sabes a qué me refiero. Es igual de respetable, aunque un poco disparatado. Sin embargo, para despojarme de los últimos vestigios de credibilidad que puedan quedarme, yo me suscribo a una visión minoritaria dentro de los teóricos de la TUC. Y se trata de la naturaleza de las fuerzas investigadas. Intentaré exponerlo de forma sencilla. —Isaac cerró los ojos unos instantes mientras ordenaba sus pensamientos—. Muy bien. La pregunta es si es patológico que un huevo caiga si se lo suelta. —Se detuvo un largo rato para concentrarse en la imagen—. Fíjate, si piensas que la materia, y por tanto las fuerzas unificadas investigadas, son en esencia estáticas, entonces el caer, el volar, el rodar, el envejecer, el moverse, son básicamente desviaciones de un estado esencial. En caso contrario, piensas que el movimiento es parte del tejido de la ontología, y la cuestión es cómo teorizar este dilema de la forma más conveniente. Ya puedes imaginarte dónde están mis simpatías. Los estaticistas me acusarían de malinterpretarlos, pero que les den por culo. Así que soy un TCUM, un Teórico de Campos Unificados Móviles, y no un TCUE, un Teórico de Campos Unificados Estáticos. Pero claro, ser TCUM crea tantos problemas como los que resuelve: si se mueve, ¿cómo lo hace? ¿Movimiento continuo? ¿Inversión puntuada? Cuando coges un trozo de madera y lo sostienes a tres metros del suelo, tiene más energía que cuando está en el suelo. A eso lo llamamos energía potencial, ¿no? Eso no crea controversia entre ningún científico. La energía potencial es aquella que da a la madera la capacidad de hacerte daño, o mellar el suelo, una capacidad que no tendría de estar en el suelo. Tiene esa energía aunque esté inmóvil, como estaba antes, pero pudiendo caer. Si lo hace, la energía potencial se convierte en cinética, y te rompes el dedo de un pie, o lo que sea. Fíjate: la energía potencial está por todas partes, colocando las cosas en una situación vacilante en la que están a punto de cambiar de estado. Del mismo modo, cuando metes suficiente presión a un grupo de personas, de repente estallan. Pasarán en un instante de los gruñidos y la conformidad a la violencia y la creatividad. La transición de un estado a otro se realiza tomando algo, como un grupo social, un trozo de madera o un hechizo, y llevándolo a un lugar en el que su interacción con otras fuerzas haga que su propia energía se enfrente al estado actual. Estoy hablando de llevar las cosas hasta el punto de la crisis.