Las patas de lanza se acercaron un poco. Las garras rojizas giraron y relucieron en la no luz. Las manos se apretaron.
El cuerpo de la Tejedora se echó hacia atrás antes de avanzar de forma alarmante.
…QUÉ OFRENDA QUÉ FAVOR LOS CORTADORES ARTICULADOS ME OFRECEN… dijo, extendiendo de repente la mano derecha. Los oficiales de la milicia se tensaron ante el rápido movimiento. Sin titubeos, Rudgutter dio un paso al frente y puso sus tijeras en la palma, cuidándose de no tocar la piel. Stem-Fulcher y Rescue hicieron lo mismo. La Tejedora dio un paso atrás con inquietante premura, observando las tijeras que sostenía, pasando los dedos por los mangos y probando cada juego con velocidad. Después se acercó a la pared del fondo y, con gran celeridad, presionó cada par de tijeras en su posición sobre la piedra fría.
De algún modo, el metal sin vida permaneció allá donde fue situado y se pegaba a los húmedos patrones del muro. La criatura ajustó milimétrica el patrón.
—Estamos aquí para preguntarte acerca de un asunto, Tejedora. —La voz de Rudgutter era calmada.
La araña se giró con pesadez para encararse con él.
…la trama de hebras rodea abundantes abarcando vuestras nuestras carcasas tiráis y rompéis destejéis y retejo tu triunvirato de poder encerrado en cerda azul con piedra destellante pólvora negra hierro vosotros aún punto tres habéis capturado almas clavadas en el tejido obstáculo los cinco segadores alados tajando desenrollar sinapsis tras que el espíritu de ganglio sorbe fibras mentales…
Rudgutter lanzó un rápido vistazo a Rescue y Stem-Fulcher. Los tres pugnaban por seguir la poesía onírica que era la lengua de la Tejedora. Una cosa les había quedado clara.
— ¿Cinco? —susurró Rescue, mirando a Rudgutter y Stem-Fulcher—. Motley solo compró cuatro polillas…
…cinco dígitos de una mano para interferir para arrancar el tejido global de bobinas de los urbanos cinco insectos cortan aire cuatro nobles delicada forma anillados con ornamento reluciente un pulgar enano el redrojo el arruinado potenciando sus hermanos imperiosos dedos cinco una mano…
Los guardias de la milicia se prepararon cuando la Tejedora se aproximó con su lento bailete hasta Rescue. Extendió los dedos de una mano que sostuvo frente al rostro del ministro, acercándose cada vez más. El aire alrededor de los humanos se espesó ante el avance de la Tejedora. Rudgutter combatió el impulso de limpiarse la cara, de retirar la seda pegajosa e invisible. Rescue fijó su mandíbula. Los soldados murmuraban con terrible impotencia. Comprendían su absoluta inutilidad.
Rudgutter observaba inquieto aquel drama. La penúltima vez que había hablado con la Tejedora, el monstruo había ilustrado una idea, una figura retórica de alguna clase, acercándose al capitán de la milicia junto al alcalde, levantándolo en el aire y descuartizándolo lentamente, perforando con una garra extendida la armadura desde el abdomen hasta el cuello, extrayendo un hueso humeante tras otro. El hombre había gritado sin parar mientras la Tejedora lo destripaba, su voz gemebunda resonando en la cabeza de Rudgutter mientras la criatura se explicaba con acertijos oníricos.
El alcalde sabía que la Tejedora haría cualquier cosa que, en su criterio, mejorara la telaraña global. Podía pretender estar muerta o reformar la piedra del suelo en una estatua de león. Podía arrancarle los ojos a Eliza. Lo que fuera con tal de dar forma al patrón en el tejido de éter que solo ella podía ver; lo que fuera con tal de dar forma al tapiz.
El recuerdo de Kapnellior discutiendo sobre textorología, la ciencia de las Tejedoras, pasó por la cabeza de Rudgutter. Aquellos seres eran de una fabulosa rareza, y solo habitaban la realidad convencional de forma intermitente. Los científicos de Nueva Crobuzon únicamente se habían procurado el cadáver de dos desde la fundación de la ciudad. La de Kapnellior no era, ni mucho menos, una ciencia exacta.
Nadie sabía por qué aquella Tejedora había elegido quedarse. Hacía más de doscientos años había anunciado al alcalde Dagman Beyn, en su forma elíptica, que viviría bajo la ciudad. A lo largo de las décadas, una o dos administraciones la dejaron en paz, pero la mayoría había sido incapaz de resistirse al embrujo de su poder. Sus ocasionales interacciones (a veces banales, a veces fatales) con acaldes y científicos eran la principal fuente de información para los estudios de Kapnellior.
El propio científico era un evolucionista. Sostenía la opinión de que las Tejedoras eran arañas convencionales que habían sido sometidas a una especie de desastre de Torsión o taumaturgia (hacía treinta, cuarenta mil años, probablemente en Sagrimai), lo que provocó una repentina y breve aceleración evolutiva de explosiva velocidad. En el plazo de unas pocas generaciones, le había explicado a Rudgutter, las Tejedoras habían evolucionado desde predadores prácticamente sin mente hasta convertirse en estetas de asombroso poder intelectual y materiotaumatúrgico, en mentes alienígenas de inteligencia superlativa que ya no empleaban sus redes para capturar presas, sino que estaban sintonizadas con ellas como objetos bellos que podían desenredarse del tejido de la misma realidad. Sus tejedoras abdominales se habían convertido en glándulas extradimensionales especializadas que tejían patrones en el mundo. Un mundo que, para ellas, era una telaraña.
Las viejas historias contaban cómo las Tejedoras se mataban mutuamente por desacuerdos estéticos, como por ejemplo si era más hermoso destruir a un ejército de mil hombres o dejarlo en paz, o si era adecuado o no agitar un diente de león. Para ellas, pensar era pensar de forma estética. Actuar —Tejer— era crear patrones más hermosos. No ingerían comida física: parecían subsistir con la apreciación de la belleza.
Una belleza que los humanos, y los demás moradores del plano mundano, eran incapaces de reconocer.
Rudgutter rezaba fervientemente para que la Tejedora no decidiese que la aniquilación de Rescue era una bonita adición al patrón del éter.
Tras tensos segundos, la araña se retiró, aún con la mano y los dedos extendidos. Rudgutter exhaló aliviado, y oyó a sus colegas y a la milicia hacer lo mismo.
…CINCO… —susurró.
—Cinco —asintió Rudgutter con tono neutro. Rescue esperó un poco antes de asentir.
—Cinco —susurró.
—Tejedora —siguió el alcalde—. Tienes razón, por supuesto. Queremos preguntarte acerca de las cinco criaturas sueltas en la ciudad. Estamos… preocupados por ellas, como, al parecer, lo estás tú. Queremos preguntarte si nos ayudarás a limpiar la ciudad de su presencia. Desraizarlas. Librarnos de ellas. Matarlas. Antes de que dañen el Tapiz.
Se produjo un instante de silencio, y entonces la Tejedora danzó rápida y repentinamente de un lado a otro. Se produjo un suave y veloz tamborileo al aterrizar sus patas afiladas en el suelo, en una giga incomprensible.
…sin vosotros preguntar la Tejedora se arruga colores sangran texturas vistiendo hebras se destejen mientras canto salmos funerarios por puntos blandos donde formas de red fluyen deseo lo haré puedo espirales de monstruos ocultan los tejados alas chupan sorben telaraña sin color la visten no va a ser leo trance resonancia de punto a punto en la tela para comer esplendor atrás y lamo limpio cuchillos uñas rojas cortaré tejidos y reataré soy soy sutil usuaria de color blanquearé vuestros cielos con vos los barreré y los ataré…
Rudgutter tardó algunos instantes en comprender que la Tejedora había aceptado ayudarlos.
Sonrió con cautela. Antes de que pudiera hablar de nuevo, el monstruo señaló hacia arriba con los cuatro brazos delanteros.
…Encontraré donde los patrones en caos donde colores funden donde insectos vampiro sorben ciudadanos secos y y seré por por por y por…