Выбрать главу

Mazian la había escuchado con el ceño fruncido.

—¿Estaba el teniente Goforth intoxicado según su observación?

—Según mi observación, había estado bebiendo. Mazian movió ligeramente una mano, indicándole que se sentara. Ella obedeció, cejijunta.

—No indica usted la razón específica de esa ejecución. Preferiría que lo declarase, por razones de claridad.

—Fue su negativa a aceptar un arresto proveniente no sólo de un jefe de tropa sino de un capitán de la Flota. Su acción fue pública. Mi respuesta también lo fue.

Mazian asintió lentamente, todavía sombrío.

—Yo valoraba al teniente Goforth, y según es práctica normal de la Flota, capitana Mallory, existe un cierto entendimiento de que los soldados no están sometidos a una disciplina tan estricta como la tripulación. Esta… ejecución, capitana, supone una grave carga para otros capitanes que ahora se ven obligados a tomar decisiones propias que pueden llevarles hasta estos castigos extremos. Los obliga usted a apoyar su dureza contra sus propios soldados y tripulaciones… o a mostrarse abiertamente en desacuerdo dejando ir a los soldados con la reprimenda que tales actividades merecían normalmente, con lo cual parecían débiles.

—Lo importante de este asunto, señor, es la negativa a aceptar una orden.

—Así está anotado y esa será la queja presentada. Los soldados a los que el consejo de guerra determine que han participado en esa negativa se enfrentarán a los castigos más severos. Los cargos contra los demás serán menos importantes.

—Cargos de quebrantar la seguridad con conocimiento de causa y contribuir a crear una situación peligrosa. Estoy adelantando con el nuevo sistema de tarjetas, señor, pero las antiguas siguen siendo válidas en amplias zonas de esta estación, y el personal del apartamento estaba directamente implicado en un tráfico de documentos de identidad, un mercado negro que iba en detrimento de mis operaciones. Los otros emitieron murmullos de protesta, y la expresión de Mazian se agrió aún más.

—Se encontró usted con una situación inmediata que tal vez no tenía más respuesta que la que le dio. Pero quisiera señalarle, capitana Mallory, que existen otras interpretaciones que afectan a la moral de esta Flota: el hecho de que no hubo ningún miembro del personal de la Norway arrestado, ni en la infamante lista. Podría pensarse que se trató de un rumor que hicieron llegar deliberadamente a usted por algún interés rival de sus propios soldados.

—No había personal de la Norway implicado.

—Estaba usted operando fuera de los límites de su propia competencia. La seguridad interna corresponde al capitán Keu. ¿Por qué no se le advirtió antes de llevar a cabo esa operación?

—¿Porque estaban implicados soldados de la India? —Signy miró directamente al rostro adusto de Keu y a los demás, antes de volver a Mazian—. No parecía tratarse de algo tan importante.

—Sin embargo sus propios soldados no cayeron en la red.

No estaban implicados, señor.

Se hizo un denso silencio por un momento.

—Se considera virtuosa, ¿verdad?

Ella se inclinó hacia adelante, los brazos sobre la mesa, y miró a Mazian de hito en hito.

—No permito a mis tropas que duerman en la estación y mantengo un estricto seguimiento de su paradero. Y no hay personal de la Norway implicado en el mercado negro. Ya que se me piden explicaciones, también quisiera dejar algo en claro: desaprobé las libertades generales cuando se propusieron al principio y desearía que se revisara esa política. Las tropas disciplinadas tienen un exceso de trabajo por un lado y un exceso de libertad por el otro. Hacer que aguanten hasta que se caen de agotamiento y darles libertad hasta que se caen borrachos es la actual política, que no he permitido entre mi propio personal. Las guardias se turnan a horas razonables y las libertades están confinadas a esa estrecha zona de plataforma bajo la observación directa de mis propios oficiales durante el breve tiempo de asueto que se les concede. Y el personal de la Norway no participó en absoluto en la situación que estamos tratando.

Mazian la miró furioso, y ella contempló cómo se le hinchaban las aletas de la nariz.

—Nos conocemos desde hace mucho, Mallory. Usted siempre ha sido una tirana sanguinaria. Esa es la reputación que se ha labrado, y usted lo sabe.

—Es muy posible.

—Disparó contra algunos de sus soldados en Eridu. Ordenó que una unidad abriera fuego contra otra.

—La Norway tiene sus normas. Mazian aspiró hondo.

—También las tienen otras naves, capitana. Sus normas pueden ser efectivas en la Norway, pero nuestros mandos distintos tienen exigencias diferentes. Trabajar de una manera independiente es algo natural en nosotros. Lo hemos hecho durante largo tiempo. Ahora yo tengo la responsabilidad de soldar de nuevo a la Flota y hacer que funcione. Tengo la clase de maldita propensión a la independencia que hizo permanecer ahí afuera a la Tibet y la Polo Norte en vez de hacerlas entrar como el sentido común habría dictado. Dos naves muertas, Mallory. Ahora me presenta usted una situación en la que una nave se comporta de un modo distinto a las otras y decide por su cuenta una batida contra una actividad que sabe ilícita e implica a todas las demás tripulaciones de la Flota. Se habla de que había una segunda página en esa lista, ¿lo sabía? Y que fue destruida. Eso constituye un problema moral. ¿Se da cuenta?

—Comprendo el problema, y lo lamento. Niego que hubiera otra página y protesto enérgicamente porque se considere a mis tropas motivadas por los celos al informar de esta situación. Eso es ponerlos en entredicho de una manera que me niego a aceptar.

—A partir de ahora las tropas de la Norway seguirán el mismo programa que el resto de la Flota. Signy volvió a sentarse.

—Me encuentro ante una política que nos ocasiona grandes problemas. ¿Se me obliga ahora a seguirla?

—Hay algo destructivo en esta compañía, Mallory, y no es el pequeño mercado negro que pueda tener lugar, porque, seamos realistas, eso es inevitable cada vez que las tropas salen de las naves, sino la suposición por parte de un oficial y una nave de que pueden hacer lo que les parezca y actuar en rivalidad con otras naves. Eso conduce a la división, lo cual no podemos permitirnos, Mallory, y me niego a tolerarlo bajo cualquier nombre. Hay un comandante de esta Flota… ¿o acaso quiere usted constituirse en oposición?

—Acepto la orden —musitó ella.

El orgullo de Mazian, el orgullo tan exquisitamente sensible de Mazian. Habían llegado a la línea que no se podía cruzar, cuando su mirada adquiría aquel matiz especial. Sintió una contracción en el estómago, un ardiente deseo de romper algo. Se acomodó sosegadamente en su asiento.

—El problema moral existe, en efecto —siguió diciendo Mazian, con más calma, acomodándose a su vez en el sillón con uno de aquellos gestos desenvueltos, teatrales que utilizaba para descartar lo que había decidido no discutir—. Es injusto achacarlo sólo a la Norway. Discúlpeme. Soy consciente de que tiene usted razón en gran parte… pero todos trabajamos en una situación difícil. La Unión está ahí afuera y lo sabemos, como también lo sabe Pell. Desde luego las tropas también lo saben, aunque no con los detalles que nosotros conocemos, y eso les mantiene en un estado de nerviosismo. Toman sus placeres donde pueden. Ven en la estación una situación no demasiado buena: carencias, un mercado negro desenfrenado, hostilidad por parte de los civiles. Sobre todo hostilidad por parte de los civiles. No están en contacto con las operaciones que llevamos a cabo para remediar la situación. Y aunque lo estuvieran, sigue estando ahí la Flota de la Unión, esperando su momento para atacar. Hay una nave espía de la Unión y no podemos hacer nada al respecto. Ni siquiera podemos normalizar el tráfico en las plataformas de esta estación. Estamos empezando a atacarnos entre nosotros… y eso es precisamente lo que la Unión espera, confiando en que si nos mantienen aquí indefinidamente, sin salida, acabaremos por pudrirnos. No quieren enfrentarse a nosotros en un conflicto abierto; eso sería caro, aunque lograran expulsarnos de aquí. Y no quieren correr el riesgo de que nos dispersemos y volvamos a acosarlos con operaciones de guerrilla… porque está Cyteen, está su capital, demasiado vulnerable si uno de nosotros decide atacarla a toda costa. Saben lo que se les escapa de las manos ni nos vamos. Por eso esperan, nos mantienen en la inseguridad. Confían en que permaneceremos aquí alimentando una falsa confianza y nos ofrecen la tranquilidad suficiente para que no sintamos la tentación de movernos. Probablemente están reuniendo fuerzas, ahora que saben dónde estamos. Y tienen razón… necesitamos el descanso y el refugio. Es lo peor para las tropas, ¿pero cómo si no podemos actuar? Tenemos un problema. Y propongo dar a nuestras tropas errantes un sabor del conflicto, algo para despertarlas y persuadirlas de que todavía es posible la acción. Vamos a salir en busca de algunas de las cosas que escasean en Pell. Las naves de pequeño tonelaje que se mantienen tan cuidadosamente fuera de nuestro camino… no pueden ir lejos ni con rapidez. Y las minas tienen otras cosas, los suministros que las apoyan. Vamos a enviar un segundo transporte en misión de patrulla.