—¿Cómo te llamas? —gritó el recién llegado.
—¿Es que vais a disparar contra todos nosotros?
El hombre de la voz áspera oprimió el botón del comunicador que le colgaba del hombro y dijo algo ininteligible a causa de la música, se volvió e hizo un gesto a la docena de soldados que le acompañaban, los cuales se desplegaron. Entonces miró lentamente a los demás.
—Ninguno de vosotros está en condiciones de hacer nada. Poned en orden esta pocilga. Si hay alguno de los nuestros aquí dentro lo despellejo. ¿Hay alguien?
—Busca en otro sitio —gritó una voz—. Esto es territorio de la Australia. La Norway no tiene autorización para pasarnos revista.
—Entregadme los prisioneros —dijo el hombre.
Nadie se movió. Los rifles de los soldados de la Norway les apuntaron, y se oyeron gritos de sorpresa y rabia entre las tropas de la Australia. Damon continuó con la visión borrosa mientras dos de los hombres se acercaron a él y a Josh, una mano le cogió violentamente del brazo y le arrancó de la mano que le había sujetado hasta entonces, arrastrándole hasta la puerta. Josh se puso en marcha sin oponer la menor resistencia. Mientras estuvieran juntos… Era todo lo que les quedaba.
—Sacadlos afuera —gritó el oficial a sus hombres.
Les empujaron para que salieran deprisa. Dos soldados se quedaron con su oficial, en el bar. Cuando cruzaban el corredor del sector nueve, otras tropas les interceptaron, también de la Norway.
—Id al puesto de la Australia —gritó uno a los demás. Era una voz de mujer—. Al local de McCarthy. Di los tiene a todos retenidos a punta de rifle. Necesita algunos hombres allí, y rápidamente.
Los soldados echaron a correr. Cuatro de los que les escoltaban siguieron adelante, llevándolos hacia la puerta de acceso a la plataforma azul, donde montaban guardia unos centinelas.
—Déjenos pasar —pidió el oficial de su escolta—. Ahí detrás tenemos una situación potencial de revuelta.
Los guardias eran de la Australia. El letrero y el emblema así lo proclamaba. A regañadientes, los centinelas abrieron las puertas de emergencia y les dieron paso.
Entraron en la plataforma azul, donde la Norway ocupaba un ensambladero al lado de la India, la Australia y la Europe. Damon caminaba mientras empezaba a sentir la conmoción de los golpes sufridos, sino dolor. Allí sólo había militares, tropas que iban y venían, y equipos de soldados en uniforme de faena que cargaban fardos.
El tubo de acceso a la Norway se abrió ante ellos. Entraron en la rampa y recorrieron el frío pasadizo hasta la antecámara. Otros salieron a su encuentro, soldados con el emblema de la Norway.
—Talley. —Dijo uno, sorprendido y sonriente—. Bienvenido de nuevo, Talley.
Josh echó a correr de súbito. Logró llegar a la mitad del tubo de acceso antes de que le cogieran.
VIII
Pelclass="underline" Norway; Plataforma azul; 8/1/53; 1930 h.
Signy alzó la vista de su mesa, redujo un momento el volumen del comunicador, los informes de sus soldados en las plataformas y otras partes. Dirigió una vaga sonrisa a los guardias y a Talley. El muchacho no podía ir más desastrado… sin afeitar, mugriento, ensangrentado. Tenía una hinchazón en la mandíbula.
—¿Vienes a verme? —le dijo en tono burlón—. No creía que lo intentaras de nuevo.
—Damon Konstantin… lo tienen a bordo. Las tropas lo han cogido. Pensé que querría hablar con él. Estas palabras la dejaron perpleja.
—Intentas entregarle, ¿no?
—Está aquí. Nos han detenido a los dos. Sáquele de ahí. Ella se echó atrás, mirándole con curiosidad.
—De modo que hablas sin ambages. Antes nunca hablabas. Y ahora él no tenía nada qué decir.
—Jugaron con tu mente —observó Signy—. Y ahora eres amigo de Konstantin, ¿verdad?
—Se lo suplico —dijo él con voz débil.
—¿Por qué razón?
—Es útil para usted. Y le matarán. Ella le miró con los ojos entornados.
—Contento de estar de vuelta, ¿no?
Parpadeó la luz de una llamada, algo que sin duda el comunicador podía solucionar por sí solo. Ella movió el mando del sonido y escuchó la llamada: «Hay una pelea en el local de McCarthy.»
—¿Está Di ahí? Ponedme con él.
«Está ocupado», le respondieron. Signy hizo un gesto a los guardianes para que se llevaran a Talley. Se encendió otra luz.
—¡Mallory! —le gritó Talley, pero los soldados le obligaron a salir. «Te requieren en la Europe», oyó a través del comunicador. «Mazian está al habla.»
Signy oprimió el botón correspondiente. Se habían llevado a Talley, confiaba en que para encerrarlo en alguna parte.
—Europe, aquí Mallory. «¿Qué sucede ahí?»
—Tengo problemas en la plataforma, señor. Janz necesita instrucciones. Con su permiso, señor.
Cerró la comunicación con la Europe. «Ha caído», oía por otro canal. «Capitana, han disparado contra Di.»
Signy apretó un puño y lo retiró de la máquina.
—Hacedle salir, hacedle salir. ¿Con qué oficial hablo? «Aquí Uthup», dijo una voz de mujer. «Uno de la Australia ha disparado contra Di.» Ella apretó otro botón.
—¡Ponedme con Edger! ¡Rápido!
«Hemos cruzado la puerta», oyó decir a Uthup. «Tenemos a Di.»
«Alerta general a las tropas de la Norway. Tenemos problemas en la plataforma. ¡Salid de ahí!»
«Aquí Edger», oyó entonces. «Mallory, retire a sus esbirros.»
—Retire a los suyos, Edger, o les dispararé nada más verlos. Han disparado contra Di Janz.
«Los detendré», replicó la voz, y la comunicación se cortó.
Por los corredores de la Norway sonaba la ALERTA, una sirena estridente acompañada del centelleo de unas luces azules. Los tableros y las pantallas en la cámara de Signy volvían a iluminarse mientras la nave se colocaba en disposición de emergencia.
«Estamos entrando», dijo la voz de Uthup. «Aún está con nosotros, capitana.»
—Entradle, Uthup, entradle.
«Bajamos ahí, capitana», dijo otra voz. Era Graff, que se dirigía a la plataforma. Ella empezó a oprimir botones, buscando alguna pantalla utilizable y maldiciendo a los técnicos. Alguien debería grabar lo que estaba pasando. Al final pudo captar la imagen, el grupo que entraba arrastrando a varios de los suyos, las tropas de la Norway descendiendo apresuradamente a la plataforma y tomando posiciones alrededor de los umbilicales y los accesos.
—Localizad a un médico por el comunicador —ordenó.
«Médico dispuesto», oyó decir, y vio que una figura familiar llegaba al lado de las tropas y se hacía cargo de los heridos. Graff estaba allí Signy pudo respirar con más calma.
«La Europe sigue a la espera», le advirtió el comunicador. Oprimió el botón de aquel canal.
«Capitana Mallory. ¿Qué guerra está usted librando ahí afuera?»
—Aún no lo sé, señor. Voy a averiguarlo en cuanto pueda tener a mis tropas a bordo.
«Tiene prisioneros de la Australia. ¿Por qué?»
—Damon Konstantin es uno de ellos, señor. Volveré a ponerme en contacto en cuanto tenga noticias de Janz. Con su permiso, señor.
«Mallory».