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—Señor.

«La Australia tiene dos bajas. Quiero un informe.»

—Se lo daré en cuanto sepa lo que ha ocurrido, señor. Mientras tanto mando las tropas a la plataforma verde antes de que tengamos cualquier clase de problemas con los civiles de allí.

«La India está haciendo entrar fuerzas. Deje las cosas así, Mallory, y mantenga sus tropas fuera. Que se vayan de las plataformas. Retírelas a todas. Quiero verla lo antes posible. ¿De acuerdo?»

—Con un informe, señor. Con su permiso, señor.

La luz y el contacto se desvanecieron. Signy golpeó la consola con el puño, empujó la silla y se dirigió al cubículo de la enfermería a mitad del corredor que conducía al ascensor principal.

La situación no era tan mala como había temido. Di mantenía el pulso normal bajo los cuidados médicos, y no parecía dispuesto a morirse. Tenía una herida en el pecho y algunas quemaduras. Había perdido mucha sangre, pero Signy había visto destrozos mucho peores. Había tenido la mala suerte de que el proyectil alcanzara una juntura, las partes más débiles de la armadura. Se dirigió a la puerta donde estaba Uthup, con su armadura manchada de sangre de la cabeza a los pies.

—Sacad de aquí vuestras sucias personas —les dijo, indicándoles el corredor—. La enfermería está esterilizada. ¿Quién disparó primero?

—Los cerdos de la Australia, borrachos y alborotados.

—Capitana.

—Capitana —dijo Uthup quedamente.

—¿Te han alcanzado, Uthup?

—Quemaduras, capitana. Con su permiso, haré que me examinen cuando hayan terminado con el mayor y los otros.

—¿No te dije que estuvierais fuera de ese territorio?

—Oímos por el comunicador que habían cogido a Konstantin y Talley, capitana. Un sargento estaba al frente, y los encontramos borrachos como mercaderes de la estación. El mayor entró y nos dijeron que allí no podíamos entrar nosotros.

—Es suficiente —musitó Signy—. Quiero un informe, soldado Uthup, y te apoyaré. Te habría desollado viva si hubieras retrocedido ante los bastardos de Edger. Puedes citar estas palabras cuando te parezca.

Siguió andando por el corredor, entre los soldados.

—Todo va bien. Di está entero, así que salid de aquí y dejad que los médicos trabajen. Volved a vuestro sitio. Voy a tener unas palabras con Edger, pero si vosotros o quien sea sale a la plataforma, dispararé yo misma, podéis estar seguros. ¡Abajo!

Los soldados se dispersaron. Signy se dirigió al puente y miró a la tripulación que la rodeaba. Graff estaba allí, también bastante manchado de sangre.

—Límpiate —le dijo—. Volved a vuestros puestos. Morio, regresa ahí y entrevista a la soldado Uthup y a los demás de ese destacamento. Quiero los nombres y datos de identidad de esos soldados de la Australia. Quiero una queja formal, y ahora mismo.

—Sí, capitana —replicó Morio, partiendo al instante.

Signy permaneció en el puente y miró a su alrededor hasta que todos volvieron a sus tareas respectivas. Graff había salido para adecentarse. La capitana siguió recorriendo el pasillo hasta que se dio cuenta de lo que hacía y se detuvo.

Tenía que ocuparse de su apariencia antes de ir a ver a Mazian. Había sangre en su uniforme, sangre de Di. Finalmente decidió ir sin limpiarse.

—McFarlane —llamó bruscamente—. Graff está al mando. Necesito una escolta hasta la Europe. Date prisa.

Se dirigió al ascensor, oyendo el eco de la orden en los corredores. Los soldados se reunieron con ella a la salida del corredor, quince de ellos con equipo completo. Avanzó entre las tropas que montaban guardia en la rampa de acceso, en las plataformas. No llevaba armadura. Aquella era una plataforma segura y no necesitaba blindaje para transitarla, pero en aquel momento se habría sentido más segura caminando desnuda por la plataforma verde.

IX

Pelclass="underline" Europe; Plataforma azul; 8/1/53; 2015 h.

Esta vez Mazian no tardó en aparecer. Sólo dos personas asistían a la reunión: Signy y Tom Edger, el cual había llegado primero, como era de esperar.

—Siéntese —le ordenó Mazian. Ella ocupó una silla en el lado opuesto de la mesa de conferencias, frente a Edger. Mazian se había sentado en la cabecera, apoyado sobre los brazos cruzados, y miraba con fijeza a la capitana.

—¿Y bien? ¿Dónde está el informe?

—No tardará en llegar —dijo ella—. Necesito tiempo para efectuar las entrevistas y recoger los datos de identidad. Di tomó nombres y números antes de que le disparasen.

—¿Le ordenó usted que fuera allí?

—Las órdenes que tienen mis tropas son que no retrocedan ante los problemas si éstos se les presentan. Señor, mis hombres han sido acosados sistemáticamente desde el incidente con Goforth. Fui yo quien disparó a ese hombre, y hostigan a mi gente, la responsabilizan sutilmente, hasta que alguien está demasiado borracho para conocer la diferencia entre el hostigamiento y el motín abierto. Pidieron su número a un soldado y éste se negó abiertamente a darlo. Entonces le arrestaron y sacó su arma, abriendo fuego contra un oficial.

Mazian miró a Edger y de nuevo a Signy.

—He oído otra historia, la de que se alienta a sus tropas para permanecer cohesionadas, que siguen bajo sus órdenes aun cuando tengan una supuesta libertad al estar de permiso, que van en pelotones y al mando de oficiales que patrullan la plataforma, que toda la actividad de las tropas y el personal de la Norway es violenta y provocativa, desafiando directamente mi orden.

—No he encargado servicio alguno a mis soldados mientras están de permiso. Si van en grupo es sólo para protegerse, porque hay bares que están abiertos a todos excepto al personal de la Norway. Esa es la clase de conducta que se alienta entre otras tripulaciones. Mi queja sobre este asunto está en su mesa desde hace una semana.

Mazian se quedó mirándola un momento y tamborileó sobre la mesa, con gesto lento y nervioso. Finalmente miró a Edger.

—He vacilado en presentar una protesta —dijo Edger—, pero ahí afuera se está creando una mala atmósfera. Parece que hay cierta diferencia de opinión sobre cómo se ordena el conjunto de la Flota. Las lealtades a las naves —lealtades a determinados capitanes— se alientan en ciertos medios por razones que no quiero suponer, tal vez por ciertos capitanes.

Signy aspiró hondo y apoyó las manos en los brazos de la silla, como si fuera a levantarse, pero hizo un gran esfuerzo y se dominó. Edger y Mazian siempre habían sido íntimos… lo eran en un aspecto que había sospechado durante mucho tiempo y en el que no podía intervenir. Su respiración se serenó, se recostó en su asiento y miró únicamente a Mazian. Era la guerra; un paso tan angosto como ningún otro de los que había tenido que recorrer la Norway, los estrechos de la ambición de Mazian y Edger.

—Cuando empezamos a dispararnos unos a otros, hay algo que va muy mal —le dijo—. Con su permiso… somos los más antiguos de la Flota, los que más hemos sobrevivido. Y le diré lisa y llanamente que sé lo que se está preparando y me he plegado a su charada, interviniendo en la organización de esta estación, que no va a tener la menor importancia cuando la Flota se vaya. He seguido sus instrucciones para tener a la gente activa, y las he seguido bien. No he dicho ni una palabra ni a mis soldados ni a la tripulación sobre lo que sé, y comprendo que a las tropas se les permita hacer lo que quieran en esta estación porque a la larga eso carece de importancia. Porque Pell ha dejado de interesar, y ahora su supervivencia es contraria a los intereses de usted. Ahora tenemos en perspectiva algo diferente. O quizá siempre ha sido así, y usted nos ha empujado a ello gradualmente, para no conmocionarnos demasiado cuando al fin nos proponga lo que realmente tiene en su mente, la única alternativa que nos ha dejado. Sol, ¿verdad? La Tierra. Va a ser un largo y peligroso viaje, lleno de problemas cuando lleguemos allí. La Flota se apoderará de la Compañía. Así que tal vez está en lo cierto. Quizá sea lo único factible. Puede que tenga sentido y lo haya empezado a tener hace mucho tiempo, cuando la Compañía dejó de apoyarnos. Pero no llegaremos allí si Pell destruye la disciplina gracias a la cual esta Flota ha funcionado durante décadas. No llegaremos allí si las unidades están homogeneizadas dentro de algo que no pueden hacer por separado. Y eso es lo que ocurre con este hostigamiento. Me dice cómo dirigir la Norway. Si empieza eso, todo se viene abajo. Les quitan a los soldados sus insignias y sus designaciones, su identificación y su espíritu, y todo se va… Llámelo como guste, pero eso es lo que está ocurriendo aquí, cuando se le pide a una nave que se adapte a una situación contra todas las reglas que siempre ha seguido, cuando los capitanes de esta Flota alientan sutilmente a sus soldados para que hostiguen a los míos, y se aplican a ello en ausencia de otro enemigo. La Flota como conjunto no ha existido durante décadas, pero en eso radicaba nuestra fuerza… la libertad para hacer lo que debía hacerse, de un lado a otro de esta inmensa distancia. Homogenícenos y nos haremos predecibles. Y por pocos que seamos… estaremos acabados.