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Poco después llegó confirmación de la Europe, la nave insignia. Estaban en un lugar seguro, donde no era probable ninguna acción.

—Ahora obtenemos comunicación de la misma Pell —transmitió Graff al puesto de control de Signy—. Y parece buena.

Signy oprimió el botón para avisar a los capitanes de las naves auxiliares, que eran como parásitos adheridos al casco de la Norway, de que no se soltaran. Se recibían constantes y frenéticas peticiones de identificación por parte de las naves militares que salían confusamente de su rumbo proyectado al llegar con peligrosa rapidez, fuera del plano del sistema. La misma Flota estaba más que nerviosa, porque avanzaban como un sólo cuerpo, sondeando el espacio tras la última zona segura de la que confiaban haber salido.

Ahora eran nueve. La Libya de Chenel era un conjunto de chatarra y vapor, y la India de Keu había perdido dos de sus cuatro naves auxiliares.

Estaban en plena retirada, habían huido de la caída de Viking, buscando un lugar donde respirar. Todas presentaban cicatrices. Una de las aspas de la Norway arrastraba una nube de vísceras metálicas. Tenían muertos a bordo, tres técnicos que habían estado en la sección afectada. No tuvieron tiempo de lanzarlos al exterior, ni siquiera de limpiar la zona, porque su único afán era huir, salvar la nave y lo que quedaba del poder de la Flota. En los tableros de Signy todavía brillaban las luces rojas. Pasó la orden al control de daños para que se encargaran de los cadáveres, o lo que pudieran encontrar de ellos.

También allí podría haberse producido una emboscada… pero no sería así. Signy miró las luces ante ella, en el tablero, con los sentidos todavía embotados por las drogas, y manipuló con dedos insensibles los controles para desligar a la Norway del gobierno sincronizado por ordenador. Apenas habían trabado combate en Viking, limitándose a girar la cola y huir, por decisión de Mazian. Ella no había objetado nada…, hacía años que respetaba el genio estratégico de aquel hombre. Tras perder una nave, él les había hecho huir, después de varios meses de planificación, de que la ejecución de las maniobras les hubiera exigido cuatro meses y numerosas vidas.

Mazian les hizo evitar un enfrentamiento que todavía conmocionaba sus nervios, una lucha que podrían haber ganado.

Signy no se atrevía a sostener la mirada de Graff ni a dirigir la suya a los rostros de los demás ocupantes del puente. No guardaba ninguna respuesta para ellos, ni para sí misma. Mazian había tenido otra idea, se le había ocurrido algo más… Signy quería creer desesperadamente que existía un buen motivo para la suspensión del plan.

Huir con rapidez, intentarlo de nuevo, replantearlo… sólo que esta vez habían sido empujados más allá de todas sus líneas de suministros, habían abandonado todas las estaciones de las que obtenían géneros.

Era posible que Mazian hubiera perdido su temple. Ella quería creer que no, pero interiormente sabía cuál habría sido su reacción de haber estado al mando de la Flota, lo que cualquiera de ellos habría decidido en lugar de lo que se había hecho. Todo salió de acuerdo con lo planeado, y Mazian había abortado la operación, Mazian, al que todos reverenciaban. Notó el sabor de la sangre: se había mordido el labio.

—Recibidas instrucciones de aproximación de Pell vía Europe —emitió el comunicador.

—Toma el mando, Graff —le dijo a su compañero.

Reservó su atención para las pantallas y el comunicador de emergencia cuyo auricular se había colocado, y que le permitiría un enlace directo con Mazian cuando finalmente se decidiera a utilizarlo, cuando él decidiera comunicarse con la Flota, lo que no había hecho hasta entonces, permaneciendo en silencio desde que les ordenara abandonar una batalla que no habían perdido.

Era una aproximación rutinaria. Signy recibió autorización a través del comunicador de Mazian, tecleó la orden a los capitanes de sus naves auxiliares, dispersando a las naves de combate de la Norway al tiempo que lo hacían las demás naves de la Flota, esta vez tripuladas por equipos de apoyo. Las naves auxiliares vigilarían a la milicia, dispararían contra cualquiera que amenazara con huir, y luego regresarían y se les unirían después de que los grandes transportes estuvieran a salvo, ensamblados en la estación.

El comunicador seguía emitiendo mensajes de Pelclass="underline" que redujeran la velocidad, les suplicaban, porque había mucho tráfico en las proximidades de la estación. Mazian permanecía en silencio.

II

Pelclass="underline" Plataforma azul; 1200 h.

Mazian… Mazian en persona, y no la Unión, no otro convoy. Llegaba toda la Flota.

La noticia corrió por los pasillos de la estación con la celeridad de todos los canales descontrolados, incluso en la sección de cuarentena, pues había filtraciones en las barreras y las pantallas mostraban cuál era la situación allí. Las emociones oscilaron desde el pánico, mientras existió la posibilidad de que se tratara de naves de la Unión… hasta un pánico de diferente especie, cuando conocieron la identidad de las naves.

Damon estudiaba los monitores y alternativamente paseaba por la plataforma del sector de mando azul. Elene estaba allí, sentada ante la consola de comunicación, con el auricular al oído y el ceño fruncido, concentrada en discutir con alguien. Los mercantes se hallaban en un estado de pánico. A los militarizados poco les faltaba para huir en desbandada, temerosos de que la Flota se apoderase de ellos, tripulaciones y naves, y los requisaran. Otros temían confiscaciones de suministros, armas, equipo y personal. Tales temores y quejas preocupaban a Damon. Habló con algunos de ellos, cuando podía ofrecerles cierta seguridad. Teóricamente, Asuntos Legales tenía que impedir las confiscaciones mediante requerimientos judiciales, mandamientos y decretos. Decretos… contra Mazian. Los mercantes sabían que eran papel mojado. Damon iba de un lado a otro, impaciente, hasta que se acercó al comunicador y utilizó otro canal para ponerse en contacto con seguridad.

—Llama al turno de noche, Dean —le dijo al encargado—. Si no podemos sacarlos de cuarentena, tampoco podemos dejar las plataformas de los cargueros abiertas a una fácil intrusión. Si no tienes bastante personal, uniforma a algunos de supervisión. Convocatoria general. Asegura las plataformas y cerciórate de que mantienes apartados a los nativos.

—¿Tu oficina lo autoriza?

—Sí, lo autoriza.

Hubo vacilación en el otro extremo. Necesitaban papeles, contrafirmas de la oficina principal. El jefe de la estación podía hacerlo, pero en la oficina del jefe estaban totalmente ocupados tratando de aclarar la situación. Su padre estaba ante el comunicador, tratando de esquivar a la Flota con argumentos.

—Consígueme un documento firmado en cuanto puedas —le dijo Dean Gihan—. Los enviaré ahí.

Damon exhaló un suspiro, cerró el contacto y reanudó sus paseos, hasta que se detuvo tras el asiento de Elene y se apoyó en el respaldo. Ella se recostó un instante y se volvió a medias para tocarle la mano. Cuando Damon entró, estaba pálida, pero había recuperado el color y la serenidad. Los técnicos se mantenían en sus puestos, transmitiendo hasta los menores detalles de las órdenes a los equipos de las plataformas, los preparativos para que la estación central empezara a mover cargueros a fin de hacer sitio a la Flota. Era un verdadero caos… No sólo los cargueros ocupaban la plataforma, sino que también había un centenar de mercantes que tenían asignada una órbita permanente en la estación alrededor de Downbelow, una nube de cargueros en movimiento para los que no había espacio. Nueve naves de gran tamaño obligaban al desplazamiento de otras naves, que iban a incrementar aquel denso tráfico. El comunicador de Mazian lanzaba una letanía de preguntas y solicitudes de autorización a Pell, negándose todavía a especificar lo que quería o dónde deseaba ensamblar, si es que quería hacerlo.