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—Me verá —replicó él.

El soldado pidió instrucciones y recibió la respuesta a través de los auriculares adosados a su casco. Sólo él sabía lo que le habían dicho, pero sus ojos parpadearon.

—Verifíquelo entonces —dijo al miembro de la Norway que estaba al otro lado de la línea. Y al cabo de un momento añadió—: Central de mando. Entendido, corto. —Se colgó del cinto el comunicador e hizo una seña a Josh con el cañón de su rifle—. Sigue andando por ese pasillo y sube la rampa. El soldado que está allí se encargará de que veas a Mallory.

Josh echó a andar con rapidez, pues sabía que Damon y Elene no tardarían mucho en llegar al hospedaje.

Le registraron, como era natural. Lo soportó por tercera vez en el mismo día y en esta ocasión no le molestó. Estaba frío por dentro, y las cosas externas no le turbaban. Alisó sus ropas y subió con el soldado por la rampa, pasando ante los centinelas apostados en todos los niveles. Al llegar al verde dos subieron a un ascensor que les llevó hasta el cercano sector azul uno. Ni siquiera le habían pedido los documentos que él mostró, y apenas los revisaron lo suficiente para asegurarse de que la carpeta no contenía más que papeles.

Recorrieron una corta distancia por el pasillo enmoquetado. Había en la atmósfera olor a sustancias químicas. Unos hombres se afanaban en quitar todas las señales indicativas. La sección acristalada, que contenía el equipo electrónico servido por algunos técnicos, estaba especialmente custodiada con tropas de la Norway, las cuales abrieron la puerta y permitieron el paso a Josh y sus guardianes.

Mallory, sentada en el extremo de los mostradores, se levantó para recibirles y le sonrió fríamente.

—¿Y bien? —le preguntó.

Josh había creído que ver a aquella mujer no le afectaría, pero no fue así. Sintió que se le revolvía el estómago.

—Quiero regresar a la Norway.

¿Ah, sí?

—No soy un estacionado. Este no es mi lugar. ¿Quién si no me aceptaría?

Mallory le miró sin decir nada. Josh sintió que empezaba a temblarle la rodilla izquierda y deseó poder sentarse. Dispararían contra él si hacía un solo movimiento. Estaba seguro de que lo harían. Aquel tic amenazaba el mantenimiento de su serenidad, torciéndole la comisura de la boca. Mallory le miró de nuevo y río secamente.

—¿Le ha convencido Konstantin de que haga esto?

—Ño.

—Ha sido usted sometido a Corrección, ¿no es así? Él se limitó a asentir. No quería responder con voz entrecortada.

—Y Konstantin se hace responsable de su buen comportamiento.

Todo estaba saliendo mal.

—Nadie es responsable de mí —dijo atropelladamente—. Quiero una nave. Si la Norway es la única disponible, la aceptaré.

Trató de imaginar lo que pensaba Mallory, sabiendo que no diría nada allí, delante de las tropas.

—¿Le han registrado? —preguntó a los soldados.

—Sí, señora.

Ella reflexionó durante un largo momento, desvanecida ya la sonrisa.

—¿Dónde se aloja?

—Tengo una habitación en el hospedaje.

—¿Proporcionada por los Konstantin?

—Trabajo. Pago por ella.

—¿A qué se dedica?

—Rescate de piezas pequeñas.

En el rostro de Mallory se dibujó una expresión entre sorprendida y burlona.

—Quiero dejar eso —dijo Josh—. Creo que usted me lo debe.

Hubo una interrupción, movimiento a sus espaldas. Mallory soltó una risa cansada e hizo una seña a alguien.

—Entre, Konstantin. Venga a buscar a su amigo. Josh se volvió. Damon y Elene estaban allí, enrojecidos, agitados, sin aliento. Le habían seguido.

—Si está confuso debe ir al hospital —dijo Damon. Se aproximó y puso una mano sobre el hombro del muchacho—. Vamos, vamos, Josh.

—No está confuso —replicó Mallory—. Ha venido aquí a matarme. Llévese a su amigo a casa, señor Konstantin, y no le quite el ojo de encima, pues de lo contrario llevaré las cosas a mi manera.

—Lo tendré en cuenta —dijo Damon tras una larga pausa, clavando los dedos en el hombro de Josh—. Vamos, vamos.

Josh se puso en marcha, caminó con él y Elene, pasando por delante de los guardianes y siguió por el largo corredor con olor a productos químicos donde trabajaban los operarios. Las puertas de la central se cerraron tras ellos. Ninguno dijo nada. Damon le cogió de un codo, acompañándole al ascensor, y descendieron la corta distancia hasta el nivel quinto. Había más guardianes en aquel corredor, junto con policías de la estación. Pasaron sin que nadie les detuviera a los corredores residenciales, hasta llegar a la casa de Damon. Una vez dentro, cerraron la puerta. Josh se quedó en pie, esperando, mientras Damon y Elene encendían las luces y se quitaban las chaquetas.

—Mandaré que envíen aquí tus ropas —le dijo Damon—. Ven, ponte cómodo.

No era la bienvenida que se merecía. Cogió una silla de cuero, pensando en sus ropas de trabajo manchadas de grasa. Elene le ofreció una bebida fría y él la bebió sin saborearla.

Damon se sentó en el brazo del sillón, junto a él. Se notaba que estaba furioso en el fondo, y Josh se miró los pies.

—Nos has hecho dar vueltas en tu busca. No sé cómo lograste despistarnos.

—Pedí que me dejaran salir.

Damon se tragó lo que quería decir. Elene se acercó, sentándose en el sofá, frente a él…

—¿Qué pensabas hacer? —le preguntó Damon en tono neutro.

—No quería que estuvierais implicados en esto.

—¿Así que huiste de nosotros? Él se encogió de hombros.

—Josh… ¿Tenías intención de matarla?

—Probablemente, en algún lugar, en algún momento…

No supieron qué decirle. Finalmente Damon movió la cabeza y desvió la vista, y Elene se acercó a Josh por detrás y depositó con suavidad una mano sobre su hombro.

—No salió bien —dijo el muchacho con voz entrecortada—. Todo fue mal desde el principio. Me temo que ella cree ahora que me habéis impulsado a hacer eso. Lo siento mucho, de veras.

Elene le revolvió el pelo y volvió a colocar la mano en su hombro. Damon se limitaba a mirarle como si no le hubiera visto hasta entonces.

—Que no se te vuelva a ocurrir algo así —le dijo.

—No quería perjudicaros, no quería que tuvierais que soportarme. Piensa en lo que a ellos debe parecerles que estemos juntos.

—¿Crees que Mazian es el dueño absoluto de esta estación? ¿Crees que un capitán de la Flota va a romper las relaciones con los Konstantin, cuya cooperación necesita Mazian, por una cuestión personal?

El muchacho reflexionó. Quería creer en que las cosas eran así, y por lo mismo sospechaba que no lo eran.

—No va a ocurrir —le dijo Damon—, así que olvídalo. Ningún soldado entrará en este apartamento, puedes estar seguro de ello. Pero no les des excusas para que quieran hacerlo, ¿comprendes? Lo peor que puedes hacer es darles un pretexto. Mira, Josh, te liberaron de la prevención gracias a una orden de Mallory. Yo se lo pedí. Lo hizo por segunda vez… como un favor. No confíes en que pueda haber una tercera.

El muchacho asintió, estremecido.

—¿Has comido hoy?

Al principio le costó recordarlo. Luego pensó en el bocadillo y cayó en la cuenta de que al menos parte de su malestar se debía a la falta de alimento.

—Me perdí la cena —admitió.

—Te daré algunas ropas mías. Lávate y descansa. Mañana volveremos a tu apartamento y recogeremos lo que necesites.

—¿Cuánto tiempo estaré aquí? —preguntó Josh mirando alternativamente a los dos. El espacio era muy reducido, y su presencia sería un inconveniente—. No puedo alojarme indefinidamente con vosotros.