Hubo un largo silencio.
—Señor Konstantin —dijo al fin una voz—. Esto es un comunicador público.
—No en este momento, central. ¿Qué sucede?
—Alerta general. A los puestos de emergencia, por favor.
—¿Qué ocurre?
La comunicación se interrumpió y empezó a sonar una sirena. Las luces rojas se encendían y apagaban de un modo intermitente. La gente salía de las oficinas, mirándose unos a otros como si confiaran en que se tratara de un simulacro o un error. La propia secretaria de Damon había salido y estaba en el extremo del pasillo.
—Vuelve adentro —le gritó él— y cierra esas puertas.
La gente retrocedió, retirándose al interior de las oficinas. La luz roja junto al hombro de Josh todavía parpadeaba, indicando que no había ningún ascensor disponible: todos debían de haberse atascado en las plataformas.
—Vamos —le dijo a Josh, llevándole hacia el extremo del pasillo. El muchacho parecía confuso mientras caminaba cogido del brazo de Damon.
Había otras personas más lejos, en el corredor. Damon les ordenó bruscamente que se apartaran, aunque en el fondo las comprendía… Había otros, además de Konstantin, que tenían seres queridos desperdigados por la estación, niños en escuelas y guarderías, enfermos en el hospital. Algunos corrían delante de ellos, incumpliendo las órdenes. Un agente de seguridad de la estación gritó otra orden de alto; como no le hicieron caso, se llevó la mano a la pistola.
—Déjelos —le ordenó Damon—, que se vayan.
—Señor. —El policía se serenó y la mueca de pánico desapareció de su rostro—. Señor, no consigo establecer contacto a través del comunicador.
—No desenfunde ese arma. ¿Aprende de los soldados esa clase de reflejos? Siga en su puesto y apacigüe a esta gente. Ayúdeles en lo que pueda. Hay un conflicto en marcha. Pero también es posible que se trate de un simulacro.
—Señor.
Siguieron caminando hacia la rampa de emergencia por el silencioso pasillo, sin correr. Un Konstantin no podía correr y extender el pánico. Caminó tratando de dominar su terror.
—No hay tiempo —dijo Josh entre dientes—. Cuando llegue aquí la alerta tendremos las naves encima. Si Mazian ha sido capturado en la plataforma.
—Se llevó soldados y dos transportes de la estación —dijo Damon, y recordó enseguida quién era Josh. Contuvo el aliento y le dirigió una mirada desesperada; Josh estaba tan preocupado como él—. Vamos.
Llegaron a la rampa de emergencia y, al abrir las puertas, oyeron fuertes gritos. La gente corría por la rampa procedente de otros niveles.
—¡No se apresuren! —gritó Damon a los que pasaban por su lado.
Y así lo hicieron, pero tras ellos venían muchos más, el ruido aumentaba y los recién llegados corrían despavoridos. El sistema de transporte se atascaba en todas partes y de todos los niveles surgían personas que se amontonaban junto a los huecos de los ascensores.
—¡Tranquilícense! —gritó Damon, cogiendo a algunos por los hombros y procurando que no se precipitaran, pero la avalancha era cada vez más rápida, los cuerpos se apiñaban, hombres, mujeres y niños, y ahora incluso era imposible salir de aquel río humano. Las puertas estaban llenas de gente que intentaba descender.
—¡Las plataformas! —oyó que gritaban.
Y como el fuego, con las luces rojas de alarma encendidas en lo alto, se extendió la certeza que había estado latente en Pell desde la llegada de las tropas, que algún día ocurriría: la estación sufría un ataque y se procedía a la evacuación. La masa presionaba hacia abajo, y no era posible detenerla.
II
Norway; 1105
CFX/CABALLERO/189-8989-687/FACILFACILFACIL/ ESCORPIÓN DOCE CEROCEROCERO/FINTRANS.
Signy tecleó su aceptación del mensaje y se volvió hacia Graff con un amplio gesto de la mano. «¡Lo conseguimos!», transmitió Graff. Y la señal de avance sonó en toda la nave. En la plataforma se encendieron las luces de advertencia. Las tropas situadas en el exterior terminaron de desprender los umbilicales.
—No podemos aceptarlos —dijo Signy cuando surgió la voz asustada de Di Janz a través del comunicador. Le enfermaba abandonar a los hombres—. Están perfectamente bien.
—Umbilicales expeditos —gritó Graff.
—La Europe, que había abandonado a sus soldados, se disponía a partir en cuanto pudiera, mientras que la Pacific ya estaba en movimiento, y la nave auxiliar de la Tibet estaba en una posición peligrosa, que no corregían porque no les había llegado todavía el mensaje emitido una hora antes.
En el tablero de mandos de la Norway se encendió una hilera de luces verdes, y Signy oprimió el botón para que las abrazaderas dejasen libre a la Norway, mientras los soldados que habían subido a bordo se apresuraban a buscar seguridad. La Norway se deslizó un momento ingrávida bajo el suave impulso de las aspas direccionales y de despegue, su estructura continuó girando y se desprendió de la estación ocupando por un instante parte del espacio reservado para el despegue de la Australia, lo cual probablemente accionó las alarmas en todo Pell. Adquirieron gravedad, el cilindro interior entró en sincronización de combate y giró para compensar las tensiones.
Se dirigieron a la cabeza del convoy, con una agrupación de mercantes en un plano inferior. La Europe y la Pacific iban delante de ellos, la Australia detrás. La Atlantic se movería en cualquier momento; Ken, de la India, estaba en la estación y se dirigía a su nave. Porey, de la África, se encontraba en Downbelow. La África se pondría en movimiento a las órdenes de su segundo para acudir a la cita con Porey que llegaría en un transbordador.
Iba a ocurrir lo inevitable. Aquella nave auxiliar no había recibido a tiempo el mensaje de la Tibet y sus medidas de seguridad se habían retrasado. El mensaje se confundía ahora con la voz que procedía de la Polo Norte y la alarma de las naves militares que se hallaban impotentes en la trayectoria del choque. La Tibet intentaba lograr que la flota que se acercaba redujera la velocidad. La Polo Norte avanzaba. Las naves mercantes convertidas en militares alteraban su rumbo y avanzaban muy despacio en comparación con la flota entrante. Podrían aminorar la velocidad si no perdían los nervios.
—La nave auxiliar ha girado —dijo el operador de radar al oído de Signy.
Ella lo vio en la pantalla. La nave había recibido el mensaje unos minutos antes. El radar de largo alcance señalaba el resto del arco, y la borrosa línea amarilla que partía de la línea roja de aproximación indicaba el nuevo cálculo de la posición de la nave; el cálculo anterior se desvaneció en un borrón azulado, mera advertencia de que era preciso vigilar aquella línea de aproximación por lo que pudiera ocurrir. Las naves de la flota descendían en línea recta, y la nave auxiliar se vio obligada a orientarse al nadir.
Signy se mordió el labio, advirtió a los operadores de radar y ordenador que observaran los acontecimientos en toda la extensión de la esfera, temiendo que Mazian les hubiera encerrado en un solo vector. «Vamos», dijo para sus adentros, con el sabor del peligro en la boca. «No más catástrofes como la de Viking. Danos algunas opciones, hombre.»
CFX/CABALLERO/189-9090-687/NUEVENUEVENUEVE/ ESFINGE/DOSDOSDOS/TRIPLE/DOBLE/CUARTO/ JIRON/FINTRANS.
Nuevas órdenes. Les estaban dando los otros vectores. La Pacific, la Atlantic y la Australia adoptaron nuevos rumbos, avanzando con precavida lentitud.