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Aquellas personas pasaron por su lado en número cada vez mayor… ensangrentados, vomitando, blandiendo armas, gritando. Elene sintió un golpe en la espalda y cayó sobre una rodilla. El hombre que había chocado con ella siguió corriendo. Otro chocó después… se tambaleó y siguió corriendo. Ella se levantó del suelo, con un brazo insensible, e intentó sujetarse en las estructuras metálicas, bajo el refugio de tuberías y vigas de sostén. Desde uno de los accesos a las naves surgieron disparos.

—¡Quen! —gritó alguien. No sabía quién era, miró a su alrededor, trató de avanzar contra la corriente humana y cayó al suelo en medio de la muchedumbre.

—¡Quen!

Una mano la cogió del brazo y la levantó. Un arma disparó por encima de su cabeza. Otros dos la cogieron, arrastrándola entre la multitud. Algo le golpeó la cabeza, sólo levemente, y ella se tambaleó, antes de caer junto con los hombres que la sujetaban entre la maraña de tuberías y estructuras metálicas. Se oían gritos y disparos. Otros se abalanzaron en su busca y ella se puso tensa, dispuesta a luchar, creyendo que eran revoltosos, pero una muralla de cuerpos la cubrió, junto con los hombres que estaban con ella, todos mercaderes.

—Atrás, atrás —gritaba alguien—. ¡Están entrando!

Subieron por una rampa a una escotilla abierta y penetraron en un tubo articulado y frío, con un resplandor blanco amarillento. El acceso a una nave.

—¡No quiero subir a bordo! —protestó ella, pero no le quedaba aliento para rebelarse y no tenía más opción que la nave o los revoltosos.

La arrastraron por el tubo, y los que habían guardado la entrada entraron tras oprimir el cierre, apretándose unos contra otros en el reducido espacio. Quedaron hacinados cuando entraron los últimos desesperados. La puerta siseó y se cerró con un sonido metálico, y Elene se estremeció… por algún milagro la puerta no había atrapado los miembros de alguno de los últimos en entrar.

La escotilla interior les dio acceso a un corredor con ascensores. Un par de hombres corpulentos empujaron a los otros y sujetaron a Elene para que no cayera, mientras una voz atronaba órdenes a través del comunicador. A Elene le dolía el vientre y los muslos; se apoyó en la pared y descansó hasta que uno de los hombres le tocó un hombro con suavidad.

—Estoy bien —dijo ella—. Completamente bien.

La tensión de la huida remitía. Se echó el cabello hacia atrás, miró a los hombres, a los dos que habían estado allá fuera con ella, ayudándole a abrirse paso entre la marea humana y apartando alborotadores de su camino. Los conocía, como conocía el parche que llevaban, negro, sin emblema: Finity's End, la nave que había perdido uno de sus tripulantes en la estación; los hombres con los que había tratado aquella mañana. Quizá se dirigían a su nave, y se habían desviado para librar a una Quen de aquella situación.

—Gracias —les dijo—. El capitán, por favor… Tengo que hablar con él enseguida.

No pusieron objeciones. El hombretón, Tom —recordó su nombre—, le puso un brazo alrededor de los hombros y la ayudó a caminar. Su primo abrió la puerta del ascensor y oprimió un botón interior. Salieron a un amplio centro, ligeramente inclinado en aquel momento debido a la falta de rotación. La sala principal y el puente de mando estaban abajo, el puente delante, y los dos hombres la acompañaron allí. Ahora se sentía mucho mejor. Entró sin ayuda en el puente y avanzó entre las hileras de maquinaria y la tripulación reunida. La familia de aquella nave se llamaba Neihart y su base había estado en Viking. Los mayores estaban en el puente. Había también algunos jóvenes; los niños debían estar recogidos en algún lugar seguro. Elene reconoció a Wes Neihart, el jefe de la familia, con cicatrices y el cabello blanco, el rostro pesaroso.

—Hola, Quen.

—Señor. —Estrechó la mano del hombre, rechazó la oferta de asiento y se apoyó en el respaldo del sillón—. Ha habido un levantamiento en cuarentena; los internos se han liberado. Y el comunicador está fuera de servicio. Por favor, póngase en contacto con las demás naves… páseles el aviso… No sé lo que ocurre en la central, pero Pell está en un grave conflicto.

—No vamos a aceptar pasajeros —dijo Neihart—. Hemos visto cuál es el resultado, y usted también. Así que no lo pida.

—Escúcheme. La Unión está ahí afuera. Nosotros somos un cascarón… alrededor de esta estación. Tenemos que estarnos quietos. ¿Me dejará usar el comunicador?

Hablaba por Pell, lo había hecho con aquel capitán y con todos los demás; pero estaba bajo la protección de aquel hombre, no en Pell, y ella era una mendiga que no tenía una nave.

—Es un privilegio del jefe de plataforma —concedió el capitán de súbito, y señaló los tableros—. El comunicador es suyo.

Ella hizo un gesto de gratitud y los hombres le indicaron el tablero más próximo. Al sentarse notó un calambre en el bajo vientre, y se llevó una mano allí, rogando que no se tratara del bebé. Tenía un brazo insensibilizado y le dolía la espalda, donde la habían golpeado. Veía borrosos los instrumentos mientras se colocaba el audífono, y parpadeó para enfocar el tablero, tratando de enfocar su mente al mismo tiempo que su visión. Oprimió los botones para comunicar de nave a nave.

—Aviso a todas las naves para que lo graben y transmitan. Les habla Elene Quen, del control de plataforma de Pell y enlace de la estación, a bordo de la nave Finity's End del capitán Neihart en la plataforma blanca. Solicito a todos los mercantes ensamblados que activen los cierres herméticos y no —repito: negativo— admitan a ningún estacionado en sus naves. Pell no está en evacuación. Transmitan esto al exterior si pueden hacerse oír por los altavoces. El comunicador de la estación está averiado. Aquellas naves ensambladas en la plataforma, si pueden soltarse con seguridad desde el interior, háganlo; pero no abandonen la plataforma. Y las naves que estén en formación, manténgala. La estación compensará y tendrá de nuevo estabilidad. Repito, Pell no está en evacuación. Hay una acción militar en curso dentro del sistema. Evacuar la estación no servirá de nada. Por favor, si es posible transmitan lo siguiente al exterior: Atención. Por orden del jefe de la estación, se requiere que todas las fuerzas de la misma hagan cuanto puedan a fin de restablecer el orden en las zonas en que se encuentren. No intenten ir a la central. Quédense donde están. Ciudadanos de Pelclass="underline" corren serio peligro de revuelta. Levanten barricadas en todas las entradas de las secciones y prepárense para defenderlas evitando el movimiento de los grupos destructores. Los internos de cuarentena se han liberado. Si huyen presa del pánico contribuirán a aumentar la revuelta y pondrán sus vidas en peligro. Defiendan las barricadas. Podrán defender la estación zona por zona. El comunicador general de la estación no funciona a causa de la intervención militar, y el flujo gravitacional se debe al despegue no autorizado de naves militares. La estabilidad se restablecerá lo antes posible. A los refugiados que han salido de cuarentena: apelo a ustedes para que contribuyan con sus esfuerzos al establecimiento de líneas de defensa y barricadas junto con los ciudadanos de Pell. La estación negociará con ustedes respecto a su situación. Su cooperación en esta crisis causará una profunda impresión en Pell, y así se aseguran ustedes una consideración favorable cuando se estabilice esta situación. Por favor, quédense donde están, defiendas sus zonas y recuerde que esta estación también mantiene sus vidas. A todos los mercaderes: por favor, cooperen conmigo en esta emergencia. Si disponen de información, pásenmela a la Finity's End. Esta nave servirá como cuartel general durante la emergencia. Les ruego que se comuniquen de nave a nave y retransmitan los avisos apropiados a los sistemas exteriores. Espero su contacto.