Llegaron numerosos mensajes, frenéticas solicitudes de más información, ásperas demandas, amenazas de abandonar la plataforma enseguida. Alrededor de Elene, los tripulantes de la Finity's End efectuaban sus propios preparativos para emprender el vuelo.
Elene confiaba que en cualquier momento el comunicador volvería a funcionar, transmitiendo las instrucciones de la central y permitiendo el contacto con el mando… con Damon, quien podría estar o no en la central. Esperaba que no estuviera en aquellos corredores en medio de los alborotadores huidos de cuarentena. Era mediodía, la peor de todas las horas, cuando los corredores de Pell estaban rebosantes de transeúntes que salían de oficinas y talleres…
El puesto de emergencia de Damon era la plataforma azul. Tal vez habría tratado de llegar allí. Lo habría intentado, pues ella la conocía bien. Las lágrimas empañaron sus ojos. Apretó el puño sobre el brazo del sillón, tratando de olvidar el dolor de su vientre, que iba disminuyendo.
—Acaba de ser activado el cierre hermético de la sección blanca —les transmitieron desde Sita, que estaba situada en un buen lugar de observación.
Otras naves transmitieron informes de otros cierres herméticos en funcionamiento. Pell se había segmentado para defenderse, y aquélla era la primera señal de que aún le quedaban reacciones defensivas.
——Hay algo en el radar —le dijo con voz trémula un miembro de la tripulación que estaba detrás de ella—. Podría ser un mercante fuera de formación. O podría no serlo.
Elene se enjugó el rostro y trató de concentrarse en las venas de sus manos.
—Que todo el mundo permanezca quieto —dijo—. Si rompemos esos umbilicales mataremos a miles ahí afuera. Utilicen los mecanismos manuales de cierre hermético. Pongan el máximo cuidado para no romper esas conexiones.
—Eso requiere tiempo y quizá no lo tengamos —dijo alguien.
—Por eso hay que empezar a hacerlo.
VII
Pelclass="underline" Sector azul uno; Mando central
Había disminuido el número de luces rojas encendidas en los tableros. Jon Lukas iba de un puesto a otro y observaba las manos de los técnicos, miraba el radar, contemplaba la actividad en todos los lugares donde todavía les funcionaba el monitor. Hale montaba guardia al otro lado de las ventanas, en la central del comunicador, con Daniels. Clay estaba allí, a un lado de la estancia, Lee Quale en el otro, y había más miembros de seguridad de la Compañía Lukas, ninguno perteneciente a la estación. Los técnicos y directores no cuestionaban nada y se dedicaban febrilmente a trabajar en las emergencias que se producían.
Flotaba un temor en la estancia que superaba al miedo del ataque exterior. La presencia de armas, el apagón que se prolongaba… Jon pensó que sabían muy bien que el silencio de Angelo Konstantin era anormal, que había algo extraño en el hecho de que ninguno de los Konstantin o sus lugartenientes estuviesen presentes.
Un técnico le entregó un mensaje y regresó precipitadamente a su puesto sin mirarle a los ojos. Era una repetida petición desde la base principal de Downbelow. Aquel era un problema que podían posponer, pues ahora estaban en poder de la central y las oficinas, y Jon no tenía intención de responder a la solicitud. Dejaría que Emilio pensara que el silencio de la central se debía a órdenes militares.
Las pantallas de radar mostraban una siniestra falta de actividad. Estaban sentados allá afuera, esperando. Recorrió de nuevo la estancia y miró abruptamente cuando se abrió la puerta. Todos los técnicos se quedaron inmóviles, olvidados sus deberes, paralizados sus movimientos al ver el grupo que apareció allí. Civiles armados con rifles, con otros a sus espaldas.
Eran Jessad, dos de los hombres de Hale y un agente de seguridad ensangrentado. Era uno de los suyos.
—El área está segura —informó Jessad.
—Señor. —Un director se levantó de su puesto—. Consejero Lukas… ¿qué está ocurriendo?
—Que se siente ese hombre —ordenó secamente Jessad, y el director se aferró al respaldo de su asiento y dirigió a Jon una mirada de débil esperanza.
—Angelo Konstantin ha muerto —dijo Jon, mirando una tras otra las caras asustadas—. Ha muerto en el alboroto, con todo su personal. Unos asesinos irrumpieron en las oficinas. Sigan trabajando. Aún no hemos terminado con esto.
Los rostros y las espaldas se volvieron, y los técnicos trataron de hacerse invisibles mediante su eficiencia. Nadie hablaba. Su obediencia infundió ánimo a Jon. Volvió a recorrer la sala y se detuvo en el centro.
—Sigan trabajando y escúchenme —dijo alzando la voz—. El personal de la Compañía Lukas se encarga de la seguridad de este sector. En todas partes tenemos la clase de situación que ven ustedes en las pantallas. Vamos a reparar el comunicador, solamente para transmitir desde este centro, y los anuncios que se hagan deberán tener todos mi visto bueno. En este momento no hay otra autoridad en la estación que la Compañía Lukas, y con el fin de evitar daños a la estación, dispararé contra quien sea. Tengo hombres a mi mando que lo harán sin vacilación. ¿Está claro?
No hubo comentarios, ni siquiera se movió una sola cabeza. Tal vez era algo que aceptaban temporalmente, con los sistemas de Pell en equilibrio precario y los huidos de cuarentena alborotando en las plataformas.
Jon respiró hondo y miró a Jessad, el cual le hizo un gesto tranquilizador de satisfecho asentimiento.
La maraña de escalas se extendía por delante y detrás, un laberinto de tubos por encima de sus cabezas, y la temperatura era muy baja. Damon dirigía la linterna en todas direcciones, sin encontrar una salida. Se apoyó en una barandilla y se sentó en el enrejillado, mientras Josh lo hacía junto a él. Ambos respiraban pesadamente y estaban extenuados. Les latía la cabeza. No había aire suficiente para compensar el gasto de oxígeno debido a sus movimientos. Y el laberinto en el que se encontraban se dividía en varios ramales, pero con una lógica, pues los ángulos eran precisos. Se trataba de contar. Damon procuró no olvidar el camino que habían seguido.
—¿Nos hemos perdido? —le preguntó Josh jadeante.
Él movió la cabeza y dirigió la linterna hacia arriba, mostrando la dirección que deberían seguir. Había sido una locura meterse allí, pero estaban vivos e íntegros.
—El siguiente nivel… deberían ser dos, supongo… Saldremos, echaremos un vistazo y veremos cómo van las cosas por ahí…
Josh asintió. Se habían detenido las oscilaciones de la gravedad. Aún oían ruido, pero en aquel laberinto no podían estar seguros de dónde procedía. Gritos distantes. En una ocasión oyeron un fuerte chirrido resonante, y Damon pensó que podían ser los grandes cierres herméticos. Parecía que todo iba mejor, confiaba en que así fuera… Se puso en movimiento sobre la estructura metálica, se cogió de nuevo a la barandilla y empezó a trepar por el último tramo. Estaba inquieto por Elene, por todo aquello de lo que se había separado al internarse en aquel laberinto. Fueran cuales fueran los riesgos, tenía que salir.