– Pero ¿esos correos electrónicos de Shawn a Phate?… -preguntó el detective-. Sonaban como si los hubiera escrito un ser humano.
– Uno puede comunicarse con una máquina como le venga en gana: los correos electrónicos funcionan en este sentido como cualquier otra cosa. Phate los programó para que pareciera que alguien los había escrito. Seguro que le hacían sentirse mejor, viendo que sonaban como palabras humanas. Como te dije que hacía yo con mi Trash-80.
S-H-A-W-N.
Todo reside en la ortografía…
– ¿Qué podemos hacer? -preguntó el detective.
– Sólo hay una cosa que podamos hacer. Tienes que…
Entonces se cortó la línea.
– Hemos cortado la línea -le dijo un técnico de comunicaciones al agente especial Mark Little, el comandante de operaciones especiales del FBI en el caso MARINKILL-. Y también los móviles. Ninguno funciona en un kilómetro y medio a la redonda.
– Bien.
Little, en compañía de su segundo, el agente especial George Steadman, estaba en una furgoneta llena de tableros de control que hacía las veces de puesto de mando. El vehículo estaba aparcado en la esquina de la casa de Ábrego donde se suponía que se escondían los delincuentes del caso MARINKILL.
Cortar las líneas telefónicas era uno de los procedimientos en curso en este tipo de operaciones. Uno suspendía las líneas cinco o diez minutos antes del asalto. Así nadie podía avisarlos del mismo.
Little tenía a sus espaldas unas cuantas «entradas dinámicas» en localizaciones parapetadas (en su mayor parte redadas antidroga en Oakland y San José) y nunca había perdido a ningún agente. Había estado trabajando en el MARINKILL desde el primer día y había leído todos los partes, incluyendo el que acababan de recibir de un informante confidencial, en el que se afirmaba que los asesinos se sabían perseguidos por la policía y el FBI y planeaban torturar a todos aquellos agentes que cayeran en sus garras. A este informe se le sumaba otro que rezaba que los asesinos preferían morir antes que ser atrapados.
«Vaya, nunca resulta fácil. Pero es que esto…»
– ¿Anda todo el mundo parapetado, con munición suficiente y un antibalas encima? -preguntó Little a Steadman.
– Sí. Los tres equipos y los francotiradores están listos para acceder a su posición. Las calles están bajo control. Los helicópteros de Travis están en el aire. Los bomberos están a la vuelta de la esquina.
Little asentía mientras escuchaba estas palabras. Vale, todo parecía en su sitio. Entonces, ¿por qué estaba tan preocupado?
No estaba seguro. Quizá era la desesperación de la voz de ese tipo: el que decía que era de la policía estatal. Se llamaba Bishop, o algo parecido. Chillaba que alguien había pirateado los ordenadores del FBI y había ordenado un ataque contra un grupo de inocentes.
Pero el protocolo dispuesto en Washington les había advertido de que los chicos malos se harían pasar por agentes para anunciar que toda la operación era un malentendido. El ROE había informado de que los asesinos asegurarían formar parte de la policía estatal. «Además», pensaba Little, «¿cómo van a piratear los ordenadores del FBI? Es imposible. La página web abierta al público, vale. ¿Pero el seguro ordenador de operaciones especiales? Nunca».
Miró el reloj.
Faltaban ocho minutos.
– Consigue la confirmación amarilla -le dijo a uno de los técnicos que estaba sentado frente a un ordenador.
El hombre tecleó:
DE: FUERZAS ESPECIALES, DOJ DISTRITO NORTE CALIFORNIA
R: DOJ TAC OP CENTER, WASHINGTON, D. C.
RE:DOJ DISTRITO NORTE CRUFORNIA,OPERACIÓN 139-01:
¿CONFIRMAN CÓDIGO AMARILLO?
Dio a Return.
Había tres niveles en los códigos de operaciones de fuerzas especiales. Verde, amarillo y rojo. El verde aprobaba la aproximación de los agentes hasta el lugar donde se llevaría a cabo la operación. El amarillo aprobaba que se prepararan para el asalto y que se pusieran en posición. El rojo controlaba el mismo asalto.
DE: DOJ TAC OP CENTER, WASHINGTON, D. C.
R: FUERZAS ESPECIALES, DOJ DISTRITO NORTE CALIFORNIA
RE: DOJ DISTRITO NORTE CRUFORNIR,OPERACIÓN 139-01:
CÓDIGO AMARILLO: ‹ROBLE›
– Imprímelo -le dijo Little al técnico de comunicaciones.
– Sí, señor.
Little y Steadman comprobaron la palabra del código y vieron que «roble» era correcta. Se aprobaba que los agentes se desplegaran en torno a la casa.
En cualquier caso, dudaba al oír una y otra vez la voz de Bishop resonando en su cabeza. Pensó en los niños que murieron en Waco. A pesar del protocolo de asalto cuatro, que regía que en este tipo de operaciones y con este tipo de criminales no era apropiada la intervención de negociadores, Little se preguntaba si no debería llamar a alguien de San Francisco, donde el FBI tenía un excelente negociador de asedios con el que ya había trabajado con anterioridad. Quizá…
– ¿Agente Little? -le interrumpió el técnico de comunicaciones, ojeando su pantalla-. Hay un mensaje para usted.
Little se inclinó para leerlo.
URGENTE URGENTE URGENTE
DE: DOJ THE DP CENTER, WASHINGTON, D. C.
R: FUERZAS ESPECIRLES, DOJ DISTRITO NORTE CALIFORNIA
RE: DOJ DISTRITO NDRTE CALIFORNIR, OPERACIÓN 139-01:
INFORMANTE CONFIDENCIAL AFIRMA QUE LOS SOSPECHOSOS MARINKILL ENTRARON EN RESERVA MILITAR SAN PEDRO LAS 15:40 DE HOY Y ROBARON GRAN CANTIDAD DE ARMAS AUTOMATICAS, GRANADAS DE MANOS Y ANTIBALAS.
AVISAR AGENTES FUERZAS ESPECIALES DE DICHA SITUACIÓN
Conque ésas tenemos, pensó Little, desterrando de su mente cualquier idea de un negociador. Miró al agente Steadman y le dijo:
– Pasa la voz, George. Todo el mundo en posición. Entramos en seis minutos.
Capítulo 00101100 / Cuarenta y cuatro
Frank Bishop caminaba alrededor de Shawn.
El armazón era de algo más de un metro cuadrado y estaba formado por gruesas planchas de metal. En la parte trasera tenía unas aberturas de ventilación que expulsaban bocanadas de aire caliente, fumaradas tan visibles como el vaho en un día de invierno. El panel frontal no consistía en otra cosa que en tres luces verdes, indicadores que de vez en cuando se apagaban para mostrar que Shawn trabajaba a destajo para llevar a cabo las instrucciones postumas de Phate.
El detective había tratado de llamar a Gillette pero la línea no funcionaba. Tenía el horrible presentimiento de que el FBI podía haber empezado el asalto antes, aunque sabía que el procedimiento de los SWAT implicaba silenciar todos los teléfonos donde se localizaba el asalto antes de que entraran los agentes.
Llamó a Tony Mott a la UCC. Les habló a él y a Linda Sánchez sobre la máquina y les dijo que Gillette pensaba que había algo concreto que se podía hacer. Pero el hacker no había tenido tiempo suficiente para decírselo. «¿Alguna idea?»
Lo discutieron. Bishop pensaba que podía tratar de apagar la máquina para suspender la transmisión del código de confirmación desde Shawn hasta Little. Por el contrario, Tony Mott pensaba que en ese caso habría una segunda máquina en algún otro lugar que no sólo enviaría el código de confirmación sino que, habiendo conocido que Shawn había sido apagado, podría estar programada para hacer aún más daño: y causar algo así como una congestión en el ordenador de algún controlador aéreo. Pensaba que era mejor tratar de infiltrarse en Shawn y tomar su directorio raíz.