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– Sí. Cualquier cosa que obtengas vía Internet puede contener el demonio Trapdoor.

– Pero qué pasa con los cortafuegos -preguntó Miller-. ¿Por qué no lo frenan?

Los cortafuegos (firewalls, en inglés) son centinelas informáticos que sólo admiten la entrada en tu ordenador de aquellos ficheros o datos que previamente tú has solicitado. Gillette lo explicó:

– Es que eso es lo más genial de todo: que los demonios están escondidos en aquellos datos que tú has pedido, y que por tanto has exigido a los cortafuegos que no los detengan.

– ¡Genial! -musitó un sarcástico Bob Shelton.

Tony Mott, absorto, tamborileaba con los dedos contra el casco de su bici.

– Está infringiendo la regla número uno.

– ¿Cuál es? -preguntó Bishop.

– No te metas con los civiles -recitó Gillette.

– Los hackers creen que tanto el gobierno como las grandes empresas y los otros hackers son juego limpio -prosiguió Mott, asintiendo-. Pero uno nunca debería poner a civiles en su punto de mira.

– ¿Hay algún modo de saber si se ha metido en tu ordenador? -preguntó Sánchez.

– Sólo minucias: el teclado anda un poco lento, los gráficos parpadean más de lo normal, un juego no responde tan rápido como antes o tu disco duro se demora un segundo o dos cuando no debería hacerlo. Nada tan obvio como para que la mayoría de la gente caiga en la cuenta de ello.

– ¿Y cómo es que no encontraste esto de demonio en el ordenador de Lara Gibson? -le preguntó Bob Shelton.

– Lo encontré, de hecho, sólo que fue en forma de cadáver: era esa morralla. Phate insertó algún dispositivo autodestructivo en todo ello. Creo que el demonio advierte algo si uno trata de realizar algún tipo de análisis forense y se reescribe en forma de basura.

– ¿Y cómo has llegado a descubrirlo? -le preguntó Bishop.

Gillette se encogió de hombros.

– He ido atando cabos a partir de esto -le pasó un montón de copias impresas que contenían información hallada en la red a Bishop.

Bishop ojeó los papeles.

Para: Grupo

De: Triple-X

He oído que Titan233 ha pedido una copia del Trapdoor. No la hagas, tío. Olvida todo lo que te hayan comentado sobre el tema. Sé cosas sobre Phate y Shawn. Son PELIGROSOS. No bromeo.

– ¿Quién es? -preguntó Shelton-. ¿Triple-X? Me encantaría tener una pequeña charla con él.

– No sé cuál es su verdadero nombre ni dónde vive -dijo Gillette-. Quizá formó parte de alguna banda de cibernautas en compañía de Shawn y Phate.

Bishop echó una ojeada al resto de páginas impresas, y todas ofrecían algunos detalles o rumores acerca de Trapdoor. En varias, además, se citaba a Triple-X.

Nolan golpeó una de las hojas:

– ¿Crees que podríamos rastrear a Triple-X usando la información del encabezamiento de este mensaje?

– Los encabezamientos de los correos electrónicos y de los foros de discusión -les explicó Gillette a Bishop y a Shelton- encierran información técnica sobre el camino seguido por el mensaje desde el ordenador de quien lo envía hasta el receptor. En teoría, uno puede echar una ojeada al encabezamiento y localizar el ordenador del emisor. Pero ya lo he intentado -miró la página e hizo un gesto-. Son todos falsos. Los hackers más serios falsifican los encabezamientos para que nadie pueda encontrarlos.

– ¿Así que es un callejón sin salida? -musitó Shelton.

– Lo he leído todo, pero muy deprisa. Quizá deberíamos volver a mirarlo con detenimiento -dijo Gillette, con las páginas impresas en la mano-. Voy a escribir mi propio bot. Buscará cualquier mención a las palabras Phate, Shawn, Trapdoor o Triple-X.

– Una expedición de pesca -dijo Bishop-. Y con Ph: Phishing.

Todo reside en la ortografía…

– Llamemos al CERT -dijo Tony Mott-. Veamos si han oído algo sobre el tema.

Aunque la misma organización lo negara, todos los geeks del mundo sabían que el CERT era el Computer Emergency Response Team, el Equipo de Respuesta de Emergencia Informática. Ubicado en el campus Carne-gie-Mellon de Pittsburgh, el CERT era una cámara de compensación que ofrecía información sobre virus y otro tipo de amenazas informáticas. También daba avisos para administradores de sistemas previos a inminentes ataques de hackers.

Una vez que le explicaron en qué consistía esa organización, Bishop hizo una seña para que prosiguieran.

– Pero no digas nada de Wyatt -añadió Nolan-. El CERT está asociado al Departamento de Defensa.

Mott llamó y estuvo hablando con alguien que conocía en la organización. Tras cruzar algunas palabras, colgó.

– Nunca han oído hablar de Trapdoor ni de nada parecido. Quieren que los tengamos informados.

Linda Sánchez estaba mirando el diagrama que Gillette había dibujado en la pizarra blanca. Y, con un susurro atemorizado, comentó:

– Así que nadie que se conecte a la red está a salvo.

Gillette miró a la futura abuela a los ojos, grandes y marrones.

– Phate puede encontrar cualquier secreto que tengas, puede hacerse pasar por ti o leer tus informes médicos. O robarte el dinero del banco y realizar contribuciones políticas ilegales, o asignarte un amorío ficticio y enviar copias de tus cartas de amor a tu marido o a tu esposa. Puede conseguir que te echen del trabajo.

– O puede matarte -añadió Patricia Nolan.

* * *

– Señor Holloway, ¿dónde está usted? ¡Señor Holloway!

– ¿Eh?

– ¿Eh? ¿Eh? ¿Es ésa la respuesta que da un estudiante respetuoso? Le he hecho dos veces la pregunta y usted sigue mirando por la ventana. Si usted se niega a hacer los deberes me da que vamos a tener proble…

– ¿Cuál era la pregunta?

– Déjeme acabar, joven. Si usted se niega a hacer los deberes me da que vamos a tener problemas. ¿Tiene usted idea de cuántos estudiantes cualificados están en lista de espera para acceder a este colegio? Claro que ni lo sabe ni le interesa, ¿no? Dígame: ¿leyó sus deberes?

– No del todo.

– «No del todo», ya veo. Bueno, la pregunta es: defina el sistema numeral octal y déme el equivalente decimal de los números octales 05126 y 12438. Pero ¿por qué se empeña en contestar la pregunta si ni siquiera leyó los deberes? No va a saber responder…

– El sistema octal es un sistema con ocho dígitos, así como el decimal tiene diez y el binario sólo dos.

– Vale, así que recuerda algo de lo que ha visto en el Discovery Channel, señor Holloway…

– No, yo…

– Ya que sabe tanto, ¿por qué no se acerca a la pizarra y trata de convertir esas cifras para que le veamos? ¡A la pizarra he dicho!

– No necesito escribirlo. El número octal 05126 se convierte al decimal en 3030. Y ha cometido un fallo con el segundo número. 12438 no es un número octaclass="underline" el sistema octal no tiene el dígito 8. Va de cero a siete.

– No he cometido ningún fallo. Era una pregunta con truco. Para ver que la clase no se duerme.

– Si usted lo dice…

– Señor Holloway, creo que es hora de que pase por el despacho del director.

Mientras estaba sentado en la sala de su casa de Palo Alto y escuchaba la voz de James Earl Jones en un CD de Ótelo, Phate echaba un vistazo a los ficheros de su nuevo personaje joven Jamie Turner, y planeaba una visita a St. Francis esa misma tarde.