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Era factible que estuviera en un centro comercial y que se hubiera conectado al chat desde un puesto de acceso a Internet, que seguramente sería un cibercafé (se había referido a un par de chicas que acababa de ver cuando se metían en una tienda de lencería; el comentario acerca del bar de copas sugería algo parecido).

Era un hacker serio y potencialmente peligroso (de ahí lo del centro comerciaclass="underline" la mayor parte de la gente que lleva a cabo actos de piratería informática tiende a evitar conectarse a la red desde el ordenador de su casa y usa terminales públicas por medio de módem).

Tenía un gran ego y se otorgaba a sí mismo el título de wizard y se consideraba el hermano mayor de los hackers más jóvenes del grupo (explicaba cuestiones esotéricas relativas a la disciplina de los hackers a los menos versados en esos asuntos pero no tenía paciencia con los sabihondos).

Ahora Gillette estaba casi a punto para rastrear a Triple-X.

En la Estancia Azul es fácil encontrar a alguien a quien no le importa que lo localicen. Pero si está resuelto a no dejarse descubrir, la tarea de rastrearlo es ardua y a menudo improductiva.

Por lo general, para rastrear una conexión a Internet y llegar hasta el ordenador de un individuo se necesita una herramienta de rastreo por Internet (como el HyperTrace de Gillette) pero puede que también sea necesario contar con un rastreo de la compañía telefónica.

Si el ordenador de Triple-X estaba conectado a Internet a través de un proveedor de servicios de Internet (como, por ejemplo, Horizon On-Line o America Online) por medio de fibra óptica o una conexión por cable de alta velocidad, en vez de vía conexión telefónica, HyperTrace les daría la latitud y longitud exactas del centro comercial en el que en ese momento estaba el hacker.

Si, por el contrario, el ordenador de Triple-X estaba conectado a la red por una línea telefónica estándar por medio de un módem (como la inmensa mayoría de los ordenadores de las casas), el HyperTrace de Gillette rastrearía la llamada sólo hasta el proveedor de Internet de Triple-X y allí se detendría. Y luego la gente de seguridad de la compañía telefónica tendría que ponerse a ello y rastrear la llamada desde el proveedor hasta el mismo ordenador de Triple-X. Ya se había enviado por fax una orden de rastreo telefónico al Departamento de Citaciones y Autos Judiciales de la compañía telefónica.

Mott chasqueó los dedos, alzó la vista desde su teléfono y anunció:

– Vale, la Pac Bell hará el rastreo.

– Allá vamos -dijo Gillette. Tecleó un mensaje y dio a Enter. En las pantallas de todos los concurrentes al chat #hack apareció el siguiente mensaje:

Renegade334: Hey Triple como vamos.

Gillette estaba ahora «haciendo el diablillo»: haciéndose pasar por alguien que no era. En esta ocasión había decidido convertirse en un hacker de diecisiete años de Austin, Texas, con una educación insuficiente pero sobrado de chulería adolescente: el tipo de chaval que haría que Triple-X se sintiera tranquilo.

Triple-X: Bien, renegade. Te he visto fisgando.

En los chats uno puede ver a todos los que están conectados aunque no participen en la conversación. Triple-X le estaba recordando a Gillette que estaba al tanto o, por ponerlo de forma concisa: «No intentes joderme».

Renegade334: Estoy en una terminal pública y la gente esta montando mucho barullo. Me toca los guevos.

Triple-X: ¿Dónde estás?

Gillette echó una ojeada al canal meteorológico.

Renegade334: Austin, tío el calor da asco. Conoces esto?

Triple-X: Sólo Dallas.

Renegade334: Dallas apesta. Austin mola!!!

– ¿Estamos listos? -preguntó Gillette-. Voy a intentar dejarlo sólo conmigo.

Le brindaron respuestas afirmativas. Sintió cómo Patricia Nolan frotaba su pierna contra la suya. A su lado estaba sentado Stephen Miller. Gillette tecleó una frase y dio a Enter.

Renegade334: Triple, que tal si hacemos IM.

Hacer IM o instant messaging conectaría sus ordenadores por separado y nadie más podría ver la conversación. Una petición de IM sugería que Renegade quería compartir con Triple-X algo ilegal o furtivo: una tentación muy difícil de vencer para un hacker.

Triple-X: ¿Por qué?

Renegade334: no puedo ablar aki.

Un segundo después se abría una pequeña ventana en la pantalla de Gillette.

Triple-X: Buena, ¿qué pasa, tío?

– Ponló en marcha -dijo Gillette a Stephen Miller, quien inició HyperTrace. En el monitor apareció una pequeña ventana con el mapa del norte de California. En el mapa aparecieron líneas azules acompañadas del ping de sonar que le era tan familiar al hacker, y que saltaban por toda la costa Oeste a medida que el programa rehacía la ruta desde la UCC hasta el ordenador de Triple-X.

– Está rastreando -dijo Miller-. La señal va de aquí a Oakland, y a Reno y a Seattle…

Renegade 334: tío gracias por el IM. Pasa que tengo un problema y tengo miedo. Un tipo me tiene pillao y dicen que eres un wizard alucinante y he oido que quiza sabes algo.

Gillette sabía que no es posible alabar demasiado el ego de un hacker.

Triple-X: ¿Qué pasa, tío?

Renegade334: su nombres Phate.

No hubo respuesta.

– Venga, venga -suplicó Gillette en susurros-. No te esfumes. Soy un chaval que tiene miedo. Tú eres un wizard. Ayúdame…

Triple-X: ¿Qué pasa cno él. Perdón, con él.

Gillette echó una ojeada a la ventana abierta en su ordenador que informaba de que HyperTrace había localizado con éxito los ordenadores de ruta. La señal de Triple-X saltaba por todo el oeste de los EE.UU. Finalmente, terminaba en el último destino, los servicios Bay Área On-Li-ne, ubicados en Walnut Creek, al norte de Oakland.

– Tenemos su proveedor de Internet -dijo Stephen Miller-. Es un servicio de conexión por medio de módem.

– Mierda -murmuró Patricia Nolan. Esto significaba que era necesario un rastreo por parte de la compañía telefónica para ubicar la conexión final desde el servidor de Walnut Creek hasta el café del centro comercial donde estaba sentado Triple-X.

– Podemos hacerlo -dijo Linda Sánchez con entusiasmo, como una animadora-. Sólo tienes que mantenerlo conectado, Wyatt.

Tony Mott llamó a Bay Área On-Line y le explicó lo que pasaba al jefe del Departamento de Seguridad. A su vez el jefe de seguridad llamó a sus técnicos para que se pusieran en contacto con Pacific Bell y rastrearan la conexión desde Bay Área hasta el emplazamiento de Triple-X.

Mott estuvo un rato a la escucha y luego dijo:

– Pac Bell está rastreando. Es una zona de mucho servicio. Quizá lleve unos diez o quince minutos.

– Es demasiado, es demasiado -se quejó Gillette-. Diles que aceleren.

Pero Gillette sabía desde sus tiempos de phreak, cuando se infiltraba él mismo en los servicios de Pac Bell, que para poder rastrear la llamada hasta su fuente los técnicos tenían que revisar en persona los conmutadores (que no son sino grandes salas atestadas de relevadores eléctricos) y encontrar las conexiones visualmente.

Renegade334: Di sobre un hack superfuerte, pero que muy muy fuerte y le vi on-line y le pregunte sobre eso y el no me hizo caso. Después de eso me han pasado cosas raras y entonces oi algo sobre ese código que escribió llamado Trapdoor y ahora estoy superparanoico.