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FRAGMENTOS DEL CÓDIGO DE ORIGEN REAL DEL VIRUS VIOLATOR STRAIN II.

Capítulo 00101011 / Cuarenta y tres

Elana dio un paso al frente al ver la expresión de alarma de Gillette.

– ¿Qué sucede? ¿Qué está pasando?

Él la ignoró y le dijo a Bishop:

– Llama al FBI. Diles lo que sucede. Llama a Washington.

– Lo he intentado -respondió Bishop-. Y también Bernstein. Pero los agentes nos han colgado. El protocolo que envió Shawn especifica que los malos pueden intentar hacerse pasar por policías estatales para revocar o retrasar la orden de ataque. No se autorizan vistos buenos verbales: sólo electrónicos. Ni siquiera de Washington.

– Dios, Frank…

¿Cómo había llegado a saber Shawn que estaba allí? Entonces se dio cuenta de que Bishop había llamado a los agentes para decirles que Gillette pasaría una hora en casa de Elana. Recordó que tanto Phate como Shawn habían estado pinchando las retransmisiones de teléfono y radio que contuvieran palabras clave como Triple-X, Holloway o Gillette. Shawn habría logrado escuchar la conversación de Bishop.

– Están muy cerca de la casa -dijo Bishop-. Ahora andan montando la puesta en escena -y luego el detective añadió-: No entiendo por qué Shawn hace esto.

Pero Gillette sí lo sabía.

La justicia del hacker es justicia paciente.

Gillette había traicionado a Phate años atrás, había destruido la vida que con tanta ingeniería social se había montado… Y momentos antes había acabado con su vida. Ahora Shawn destruiría a Gillette y a todos sus seres queridos.

Miró por la ventana, había creído ver cómo se movía algo.

– ¿Wyatt? -preguntó Elana-. ¿Qué sucede? -también quiso mirar por la ventana pero él la atrajo hacia sí con brusquedad-. ¿Qué pasa? -gimió ella.

– ¡Mantente alejada! ¡Mantente alejada de las ventanas!

– Shawn ha impuesto el protocolo de asalto número 4 -continuó Bishop-. Eso significa que los equipos de los SWAT no realizan ninguna demanda de rendición. Ellos presuponen que se enfrentan a una resistencia suicida. Es el protocolo de asalto que se emplea contra terroristas dispuestos a morir.

– Así que dispararán gas lacrimógeno -murmuró Gillette-. Romperán las puertas y si alguien se mueve es hombre muerto.

– Algo parecido -replicó Bishop, tras una pausa.

– ¿Gillette? -preguntó Elana-. Dime qué está pasando.

– ¡Diles a todos que se echen al suelo en el salón! -gritó él-. ¡Ahora mismo! ¡Al suelo!

Él se volvió y atisbo por la ventana. Podía ver cómo dos grandes furgones negros se adentraban por el callejón a unos quince metros. En la distancia también se oía un helicóptero.

– Escucha, Wyatt, el FBI no llevará a cabo el ataque si no tiene una confirmación final de Washington. Eso forma parte del protocolo de asalto. ¿Hay alguna forma de apagar la máquina de Shawn?

– Dile a Tony que se ponga.

– Aquí estoy -dijo Mott.

– ¿Estás dentro del sistema del FBI?

– Sí, podemos ver la pantalla. Shawn está haciéndose pasar por el Centro de Operaciones Tácticas de Washington, y envía órdenes. El agente de operaciones especiales de aquí está respondiendo con normalidad a todo ello.

– ¿Dónde está el ordenador del FBI? ¿En Washington?

– No, se encuentra en su oficina local de San Francisco.

– ¿Podrías rastrear la llamada hasta Shawn?

– No contamos con una orden -dijo Mott-, pero voy a llamar a un contacto en Pac Bell. Dame un par de minutos.

Fuera se oía el sonido de los pesados furgones. El helicóptero estaba cada vez más cerca.

Gillette podía oír el gemido histérico de la madre de Elana en la habitación contigua, y las palabras de enfado de su hermano. Elana no decía nada. Él vio cómo ella se santiguaba y lo miraba sin esperanzas para luego hundir la cabeza en la moqueta al lado de su madre.

«Señor, ¿qué he hecho?»

Unos minutos más tarde Bishop volvió a ponerse al aparato.

– Pac Bell está llevando a cabo el rastreo. Es una línea terrestre. Ellos han limitado la oficina central y la han permutado: así han llegado a la conclusión de que él se encuentra en algún lugar al oeste de San José, cerca del Boulevard Winchester. Donde estaba el almacén de Phate.

– ¿Crees que se halla en el edificio de Productos Informáticos de San José? -preguntó Gillette-. Quizá ha podido volver a entrar después de que lo precintaseis.

– O tal vez está en algún sitio cercano: allí hay un montón de viejos almacenes. Estoy en la UCC, lo tengo sólo a diez minutos -dijo el detective-. Voy para allá ahora mismo. Mierda, ojalá supiéramos qué aspecto tiene Shawn.

A Gillette se le ocurrió una idea. Tal como le sucedía cuando programaba, empleó esta hipótesis contra los hechos conocidos y contra las leyes de la lógica.

– Tengo algo al respecto -dijo.

– ¿Sobre Shawn?

– Sí. ¿Dónde anda Bob Shelton?

– En casa.

– Llama para averiguarlo.

– Vale. Te telefoneo cuando esté en el coche.

Unos minutos más tarde sonaba el teléfono de los Papandolos y Gillette contestaba. Frank Bishop llamaba otra vez mientras se dirigía a toda velocidad hacia Winchester por San Carlos.

– Bob tendría que estar en casa -dijo Bishop-, pero no está. Nadie contesta. Aunque si crees que Bob es Shawn te equivocas.

Mientras por la ventana se veía pasar un nuevo coche patrulla seguido de un furgón militar, Gillette contestó:

– No, Frank. Escúchame: Shelton asegura que no sabe nada de ordenadores, que los odia, pero en casa tiene esa CPU.

– ¿Ésa qué?

– Ese disco duro que vimos: es un tipo de hardware que sólo usaba la gente que sabía de programación o que llevaba tablones de anuncios en la red.

– No sé -replicó Bishop-. Quizá sea una prueba de algún caso o algo así.

– ¿Ha trabajado con anterioridad en algún caso que tuviera que ver con la informática?

– Bueno, la verdad es que no…

Bishop no dijo nada más y Gillette prosiguió:

– Y desapareció un buen rato mientras tú hacías una redada en la casa de Phate en Los Altos. Tuvo tiempo de enviar ese mensaje sobre el protocolo de asalto y de dar tiempo a Phate para que escapara. Y no olvides que fue gracias a él que Phate pudo meterse en ISLEnet y obtener las direcciones y las órdenes tácticas del FBI. Shelton dijo que se había conectado on-line para informarse sobre mí. Pero ¿y si en realidad estaba dejándole a Phate la contraseña y la dirección del ordenador de la UCC para que éste pudiera infiltrarse en ISLEnet?

– Pero Bob no es un tipo que ande con ordenadores.

– Dice que no lo es. Pero ¿puedes estar seguro de ello? ¿Te pasas mucho por su casa?

– No.

– ¿Qué es lo que hace por las noches?

– Suele quedarse en casa.

– ¿No sale nunca?

– No -respondió Bishop.

– Eso es comportamiento de hacker.

– Mira, lo conozco desde hace tres años.

– Ingeniería social.

– Imposible. Espera, tengo una llamada por la otra línea.

Mientras estaba en llamada en espera, Gillette husmeó por la ventana. Aparcado cerca de allí podía ver lo que parecía un camión de movimiento de tropas. En los arbustos al otro lado de la calle se advertía movimiento. Policías vistiendo ropas de camuflaje corrían de una hilera de setos a otra. Daba la impresión de que fuera había más de cien policías.