– ¿Cuándo?
– Dentro de uno o dos meses.
– Allí puede ver algo, señor Presidente -le dijo el general Franker.
Señaló en el mapa la zona del objetivo que estaba ubicado arriba del modelo, sobre la pared.
– El "Cerdo" está justo en el medio de una zona densamente poblada. Hospitales, hogares de ancianos y otros por el estilo. "Por supuesto, son los que producen el trabajo y la energía. Una tremenda concentración de energía. La pregunta es: ¿Cómo es posible que en la zona puedan llevar a cabo una fantástica explosión sin destruirse a sí mismos? Pero, por supuesto, es pensar usando convencionalismos. Pensar con mentalidad de bomba nuclear, lo que es obsoleto. Usted recordará, señor, que la fuerza exha es una fuerza ascendente. Esencialmente es un fulgor como el del laser, que sale disparado hacia arriba con velocidad y fuerza increíbles, hacia el cosmos…
– No me dirán que los albaneses están apuntando hacia Dios, -dijo el Presidente.
El general Franker sonrió.
– Bueno, no exactamente. Necesitarían una fuerza mucho mayor para causar algún daño.
– Gracias a Dios.
– Empero esto explica cómo es posible llevar a cabo la prueba en una zona tan densamente poblada. Por otro lado, pueden orientar el fulgor de otro modo. Si se mira el mapa, se advierte que entre el lugar y la frontera yugoslava no hay nada, a pesar de que si se continúa hacia el Oeste se llega a todos los países capitalistas europeos, sin contar Yugoslavia -y no tengo que recordarles que la Yugoslavia socialista está considerada por la Albania de En ver Hoxha de la misma manera que los soviéticos lo están por China. Luego, si se continúa la proyección, llegamos a Europa occidental y a Washington…
– Gracias -contestó el Presidente-. Ahora pienso dormir bien durante toda la noche. ¿Cuándo empezará a apestar este pedazo tan especial de mierda?
– Los rusos le dan dos meses, mas no están dispuestos a correr ningún riesgo con sus propios cálculos.
El Presidente se quedó mirando al "Cerdo" durante unos segundos más, con una especie de odio absoluto.
– Muy bien, hagan entrar al pueblo…
El término "pueblo" era su expresión favorita cuando se refería a los miembros del Congreso, y lo empleaba con un acento solemne, como el de "Padre de la Nación". En los últimos tiempos había empezado a sonar un tanto vacío y hasta había adquirido un tonito ligeramente irónico.
Entraron, y se lo dijo. Los castigó duro con el asunto de Albania. Empleó unas pocas palabras, desgastadas y simples. Usó como blanco sus principios cristianos. Se sentía confundido e inseguro, preocupado y asqueado. Aún estaba encarando la decisión que tomaría y no sabía qué hacer, por lo que se esforzó en parecer calmo, seguro y decidido.
– Y bien, amigos, las cosas son así. Lo consiguieron dividir. Desintegrarlo. No les extrañará enterarse de que es el arma más devastadora que uno pueda imaginar.
Estaban de pie rodeándolo, junto al verde mapamundi que centelleaba y tenía todas las bases norteamericanas encendidas en amarillo y la señal de "preparados para escuchar". Las pantallas televisivas de circuito cerrado los contemplaban vacías.
Russel Elcott miraba al Hombre y a los Mayores. Por su mente cruzó la palabra "babilónico", seguramente a causa del "Cerdo". Parecía como si fuese un templo pagano obsceno dedicado al culto del poder. Sólo faltaban los sacerdotes científicos y el olor a incienso. Los Mayores eran hombres de aspecto común, vestidos con trajes grises, y se preguntó qué harían los Giottos y los Miguel Ángel del futuro con las ropas amarillentas, con los anteojos de monturas de asta y con las caras vulgares suponiendo que volviese a existir un Renacimiento…
Siguió contemplando al grupo de los Mayores y al Presidente; escuchó al profesor Skarbinski que trataba de explicar la tecnología del "Cerdo" de la manera más simple posible, aunque cualquier universitario clásico lo podía haber hecho mucho mejor. Miró las pantallas de televisión vacías, que estaban esperando tragarse el próximo o el último pedacito de la historia y se preguntó en qué capítulo y bajo qué nombre describirían la escena las Escrituras del futuro.
Tiempo atrás había visto una copia de la Biblia traducida al inglés y tuvo la sensación de que el profesor Skarbinski estaba traduciendo en términos científicos un capítulo de la Biblia futura.
Se preguntó si en los siglos venideros los santos de los iconos, las figuras humanas de los frescos y las imágenes religiosas se pintarían sobre las pantallas verdes de las televisiones. Sería el equivalente de las colinas florentinas de los primitivos italianos. Después del Renacimiento el primer arte que aparecería, sería probablemente más severo que el de los italianos. Más parecido al arte primitivo bizantino del siglo quince.
Exvoto… El primer atisbo de renacimiento espiritual sería ingenuo e inseguro, salido del corazón del arte primitivo, un recuerdo de la era de la depravación tecnológica.
Se dirigió a la sala de sonidos donde se encontró con los ojos cansados y profundos del ingeniero de sonido. Se grababa cada palabra. Esta vez, las Escrituras no serían una cuestión de tradición oral de lo que se ha oído o presenciado. Surgirían de las palabras aún vivas, cuidadosamente grabadas y preservadas, enterradas más profundamente que los silos de Minutemen.
Por el micrófono reconoció la voz del senador Bolland.
– No se preocupe por la jerga científica, profesor… Lo que en realidad está diciendo es que el arma devastadora es la propia alma destructiva del hombre…
– Senador, no es mi especialidad. Es retórica, metáforas, elocuencia. Estoy hablando como científico.
– Y a esta hora tardía el Presidente nos informa que los albaneses están al borde de desatar sobre el mundo la monstruosa energía destructiva… Que el país más fanáticamente stalinista, que sufre de un agudo complejo de inferioridad y manía de persecución, el día de mañana se encontrará, si no es hoy, en posesión del arma absoluta…
– Senador, estoy hablando en lenguaje de cantidades físicas. Esto se remonta al trabajo de Einstein en 1917, aunque en aquella época nadie podía imaginarse las consecuencias. El laser es esencialmente el control total de la luz…
– Usted lo ha dicho, profesor. De nuestra luz interior…
– Desde el trabajo original del francés Kastler sobre el laser, éste continuó siendo considerado como una imposibilidad teórica, hasta el punto que Maiman tuvo que publicar su descubrimiento fuera de los Estados Unidos, en la revista inglesa Nature. Ninguna revista seria de cualquier país se lo hubiera publicado. Luego, el Japón tuvo éxito provocando el "rayo" laser… dentro de un rubí… Pero, entonces, lo que teníamos era un poderoso rayo que se desvanecía en seguida, o una continua descarga muy baja de energía… Luego el Círculo de Erasmo…
Russel Elcott silenció el micrófono. Sobre el piso había varias latas herméticamente selladas que contenían bandas magnéticas grabadas.
– Escucha, Steve, queremos que cada media hora se archiven bajo tierra las grabaciones. Por supuesto, ya lo sabes.
El ingeniero lo miró.
– ¿Por qué? ¿Qué esperan? ¿El fin del mundo? Hace mucho tiempo que sucedió. Éste es un mundo nuevo.
– Steve, todos seremos juzgados. Por todo lo que aquí se ha decidido y se ha dicho. La historia requerirá todas las pruebas necesarias. No queremos que los manuscritos del mar Muerto vuelvan a perderse… si te das cuenta de lo que quiero decir.
– ¿Escrituras nuevas? ¿Astronautas de otros mundos que ahonden para saber qué sucedió y qué anduvo mal?
– En los siglos venideros habrá mucha curiosidad, Steve.
Se dirigió al baño de hombres y se encontró entre el Presidente y el general Franker. El Presidente le dirigió un guiño amistoso.
– ¿Sorprendido de verme, hijo?