– No, señor.
Nada puede impedir que un Presidente orine. Es un deseo vital, puramente animal, para seguir viviendo. El hombre prevalecerá, como diría el senador Bolland…
– Hace el efecto, señor, de que el hombre se está volviendo rápidamente obsoleto.
– ¿Qué quiere decir?
– Por unos pocos miles de años el hombre ha sido convencional, convencional en el sentido de cuando hablamos sobre armas "convencionales". Necesitamos un hombre nuevo. Un hombre nuevo que salve al espíritu. O si no…
El Presidente había terminado de aliviar su vejiga.
– ¿O si no?
– No lo sé, señor. Un derrumbe total de la civilización tecnológica, aunque esto significase un mostruoso holocausto. Debemos alejar la ciencia de la paranoia del poder y devolvérsela al hombre. La ciencia está en el proceso de convertir al hombre en un ser absoluto sin concederle ninguna oportunidad de transformarse en un hombre nuevo…
Por un momento, el Presidente se quedó mirando a su asistente; luego se dirigió al general Franker.
– ¿Ha notado, Phil, que a nuestra edad, a pesar de sacudirla mucho, la última gota siempre cae en los pantalones? Pueden desintegrar nuestra alma y transformarla en una bomba, pero no pueden impedir que la maldita última gota se quede dentro de los pantalones… ¡Imposible señor!… ¿Algunas sugerencias, hijo?
Russel Elcott conocía el juego familiar defensivo del Presidente: resguardarse detrás del sentido del humor seudofolklórico, como la tortuga debajo del caparazón. El procedimiento que había adoptado para la higiene mental…
– Señor, lo que estoy diciendo es que parecería que estamos alcanzando un punto en que la destrucción de las tres cuartas partes de la humanidad constituye la única salvación para los otros…
Ahora el Presidente miraba al joven con atención. Russel Elcott no era un fanático. Entre la gente que rodeaba al Presidente no había lugar para fanáticos ni extremistas, de izquierda o de derecha, ni lugar para los halcones o las palomas. Solamente para pájaros prudentes, grises y vigilantes.
– ¿Dar una nueva oportunidad a Adán y Eva? No, gracias. Siempre será la misma envejecida oportunidad.
– Algún día este país puede ser destruido durante el sueño sin ninguna advertencia previa -dijo el general Franker-. Y con ese temor en la mente de todos uno u otro está destinado a golpear primero. Mejor que seamos nosotros. Ya no podemos seguir aceptando el riesgo de lo desconocido.
– Pensamiento de computadora -respondió el Presidente.
– Sí, señor, así es. Con las computadoras hay una sola cosa equivocada: Que se equivocan muy pocas veces.
El presidente sonrió.
– Espero que el baño no esté conectado con los grabadores. Si lo estuviese, asegúrese de que todo lo que acaba de decirse aquí desaparezca…
– No hay problemas, señor. Ningún micrófono.
– Bueno, parece que el único ruido que hago no será juzgado por la posteridad… Lo que usted realmente está diciendo es que debemos golpear primero y matar cientos de millones de gente para destruir la civilización pagana de los adoradores de la energía y así asegurar la supervivencia espiritual del hombre… El único problema con este modo de pensar es que escudándose en la supervivencia espiritual del hombre, habría cientos de millones de cadáveres que significarían su muerte espiritual.
Hubo un silencio, y luego el rumor de las cascadas de agua provenientes de las paredes azulejadas que los rodeaban…
– Ahora bien, sobre el asunto albanés -dijo el Presidente.
– Sí, señor.
– Quiero que olvidemos a Albania. Seamos conservadores… en un lapso de seis semanas debe borrarse del mapa.
– Sí, señor, -repitió el general Franker.
– Iremos con los rusos. Una invasión de comando, como nos lo sugieren. Si no podemos hacerlo en silencio, bueno, "en silencio" es aquí un comentario muy relativo, tendremos que borrar de la tierra a toda la zona. Ningún ultimátum: nada. Como se eliminó a Pearl Harbor de la existencia. Borrarla. No importa lo que se diga. Seré un Judas. ¡Por lo que me importa!… Y, de ahora en adelante, quiero, sobre la zona, un alerta "púrpura" alrededor del reloj, una fuerza máxima de choque. Consulten con los yugoslavos.
– Hay muchas probabilidades de poder hacerlo en forma discreta -aseguró el general Franker.
– Lo dudo. Pero no tenemos otra alternativa…
"Durante todo este tiempo, ha estado tomando decisiones", pensó Russel Elcott.
– Tendremos que hacer algo con respecto a la ciencia -afirmó el Presidente-. Se está escapando de las manos. Recibo cualquier sugerencia. Saben, muchachos, no quisiera parecer bíblico o blasfemo; pero necesitamos una especie de nueva computadora, de tipo espiritual, para que el Presidente pueda mirarla todas las noches antes de irse a la cama y saber, de un solo vistazo, si está caminando con Judas o con Cristo. Bueno, creo que me voy. Y recuerden, a toda costa quiero que esta cosa albanesa desparezca del mapa. Les doy seis semanas.
24
El Valle de las Águilas: era el nombre que le habían dado los turcos seis siglos antes, mas desde que en el área se había construido la estación energética, que tenía miles de exhaladores que alimentaban la energía de los obreros de Albania, le habían cambiado el nombre por el de Valle del Pueblo.
Mathieu estaba sentado en el balconcito de madera de su casa bebiendo la peor cerveza del mundo y mirando hacia el lugar de la construcción, que tenía abiertas heridas color marrón en la tierra desnuda, aún visible entre las plantas y las estaciones alimentadoras.
Quedaban muchos problemas técnicos por resolver. Eran menores, pero molestos.
Empezando porque la calidad de los materiales que habían puesto a su disposición era pobre. No había nada malo con el rendimiento personal del pueblo albanés. Su exhalación latía al ritmo normal de noventa y siete a noventa y ocho que tienen los combustibles de gran poder energético, pero algunos de sus componentes, particularmente la estalinita usada en los mismos generadores como también en los tanques de almacenamiento y en los envases, eran deficientes. La aleación era "sucia" faltándole la elasticidad necesaria, tenía desagradables efectos secundarios que sobrepasaban lo moral. La exhalación se filtraba de un modo inconcebible, como si cayera. El índice de enfermedades nerviosas y mentales era muy elevado en el valle, y aumentaba cada día. La gente sufría horripilantes ilusiones, alucinaciones y visiones espirituales de naturaleza occidental, llamada decadente, debido, por supuesto, al actualmente bien conocido escape de efectos culturales de la exhalación. No había dudas de que la concentración excesiva de exhaladores dentro de un área relativamente pequeña tenía una influencia dañina sobre la mente y el sistema nervioso de la gente que vivía allí. El Comité Cultural local del Partido Comunista se quejaba constantemente a la Policía de Seguridad de que en la zona "alguien tocaba decadente música occidental, de compositores como Bach y Haendel". Por supuesto, nadie la tocaba, pero no se podía negar que la música se escuchaba ocasionalmente proviniendo de las estaciones de energía (ocultamente, por decirlo de alguna manera). Los sabuesos del partido estaban tras Mathieu constantemente preguntándole qué era lo que se podía hacer. Algunos viejos campesinos ortodoxos griegos se quejaron de haber visto en el valle "iconos que caminaban", y hasta denunciaron a la policía los nombres de dos santos que habían identificado, San Cirilo y San Antonio, a los que tomaron por agentes norteamericanos disfrazados. En la hora de mayor consumo se producía una extraordinaria brillantez de colores; todo parecía fulgurar; la luz del cielo, de pronto, alcanzaba una intensidad dorada, casi irresistible para los ojos. Muchos declararon que en las alturas, veían toda clase de cosas.
Mathieu les aseguró a las autoridades que el problema se resolvería en el momento oportuno. Que solamente era una cuestión de mejorar la tecnología del uso de componentes más "limpios", y, también, de reeducación, de rehabilitación psicológica. La gente seguía todavía teniendo en el subconsciente gran cantidad de basura dejada por el obscuro pasado cultural. Hasta que la educación y la firmeza ideológica aseguraran el triunfo de un hombre nuevo y genuinamente marxista-leninista, impermeable a la decadente propaganda cultural de Occidente, se debería mantener al pueblo albanés en una bienaventurada ignorancia respecto de la verdadera naturaleza del sistema energético de la zona. Estaban orgullosos de que, con la ayuda fraternal de los técnicos chinos y con la energía del pueblo y los recursos naturales, su territorio se hubiese transformado en un país industrializado.