Выбрать главу

Tommy asintió y le entregó los dibujos.

– Encajan con lo que yo recuerdo -dijo tras examinarlos durante unos momentos-. Responda a la pregunta, comandante Clark.

Clark se encogió de hombros.

– Estoy de acuerdo con usted, coronel. Me parecen bastante precisos.

– No se precipite -dijo Tommy-. No quisiera que cometiera un error evidente.

Clark observó de nuevo los dibujos.

– Están bien realizados -comentó-. Mi enhorabuena a su autor.

Tommy tomó los tres bocetos y los sostuvo en alto, para que el público pudiera contemplarlos.

– Eso no es necesario -protestó MacNamara, adelantándose a Walker Townsend.

Tommy sonrió.

– Por supuesto -respondió al coronel. Luego se volvió de nuevo hacia el comandante Clark-. Comandante, basándose en su examen pericial de la escena del crimen en el Abort ¿quiere hacer el favor de explicar al tribunal cómo cree que se cometió este asesinato?

Tommy dio media vuelta, apoyándose en la mesa de la defensa, apoyando un muslo sobre la misma, con los brazos cruzados, esperando que el comandante relatara su versión de los hechos, tratando de imponer un aire de incredulidad a su postura. En su fuero interno, estaba nervioso sobre su pregunta. Phillip Pryce le había inculcado hacía tiempo la máxima de que jamás debe formularse en un juicio una pregunta a menos que se conozca la respuesta, y él acababa de pedir al principal acusador de Scott que describiera el asesinato de Trader Vic. No dejaba de ser un riesgo. Pero Tommy contaba con la vanidad y la tozudez del comandante Clark, convencido de que el prepotente oficial caería en la trampa que le había tendido. Sospechaba que el comandante no había observado el peligro en los dibujos de la escena del crimen. Por otra parte, suponía que el comandante no sabía que Nicholas Fenelli, el empleado de la funeraria y médico en ciernes, aguardaba entre bastidores para rebatir todo lo que Clark iba a decir cuando Tommy lo llamara al estrado y le mostrara los mismos dibujos que le había enseñado en su modesto consultorio. En este conflicto, pensó Tommy, las enérgicas protestas de inocencia de Scott cobrarían fuerza y la verdad acabaría imponiéndose.

– ¿Quiere que describa el asesinato? -preguntó Clark tras una pausa.

– Exactamente. Díganos cómo ocurrió. Basándose en sus investigaciones, naturalmente.

Walker Townsend hizo ademán de levantarse, pero cambió de parecer. En su rostro se dibujaba una pequeña sonrisa.

– Muy bien -respondió el comandante Clark-. Yo creo que lo que ocurrió…

Tommy se apresuró a interrumpirle.

– Se trata de una creencia basada en su interpretación de los hechos, ¿no es así?

El comandante Clark dio un respingo.

– Sí. Exactamente. ¿Puedo continuar?

– Por supuesto.

– Bien, el capitán Bedford, como todo el mundo sabe, era un negociante. Yo afirmo que el teniente Scott lo vio levantarse de su litera la noche de autos. El capitán se exponía a ser castigado por salir después de que se apagaran las luces, pero era un hombre valiente y decidido, sobre todo si le aguardaba una suculenta recompensa. Al cabo de unos momentos, Scott le siguió a la luz de una vela, acechándole, con el cuchillo oculto debajo de su chaqueta, sin saber que otros les habían visto. Supongo que de haberlo sabido, quizás habría desistido de su empeño.

– Pero eso es una suposición -interrumpió Tommy-. No se basa en lo que las pruebas indican, ¿no es así?

– Desde luego. Tiene razón, teniente -dijo Clark-. En lo sucesivo trataré de abstenerme de formular suposiciones.

– Se lo agradezco. Bien -dijo Tommy-, el acusado le sigue fuera del barracón…

– Justamente, teniente. Scott siguió a Bedford hasta el Abort, donde ambos sostuvieron una pelea. Puesto que se hallaban dentro de ese edificio, el ruido que hicieron al pelearse no se oyó en los dormitorios de los barracones 101 y 102.

– Una ausencia de ruido muy oportuna -le cortó Tommy de nuevo. No podía remediarlo. El pomposo tono de sabihondo del comandante era demasiado irritante para pasarlo por alto. El comandante Clark lo miró con cara de pocos amigos.

– No sé si será oportuna o no lo será, teniente. Pero al interrogar a los hombres que ocupan los barracones contiguos ninguno había oído el ruido de la pelea. Era muy tarde y estaban dormidos.

– Sí -dijo Tommy-. Continúe, por favor.

– Utilizando el cuchillo que había fabricado, Scott apuñaló al capitán Bedford en el cuello. Luego arrojó su cadáver en el sexto cubículo, donde más tarde fue descubierto. Después, sin darse cuenta de que tenía la ropa manchada de sangre, regresó al dormitorio del barracón. Fin de la historia, teniente. Como he dicho, está más claro que el agua. Estoy listo para la segunda pregunta -añadió sonriendo el comandante Clark.

Tommy se incorporó y dijo:

– Muéstremelo.

– ¿Qué quiere que le muestre?

– Muéstrenos a todos cómo se produjo la pelea, comandante. Empuñe el cuchillo. Usted será Scott, yo Bedford.

El comandante Clark no se lo hizo repetir dos veces. El capitán Townsend le entregó el cuchillo.

– Sitúese allí -indicó el comandante a Tommy. Luego se colocó a unos pasos de distancia, sosteniendo el cuchillo con la mano derecha como si sostuviera una espada. A continuación lo alzó lentamente, fingiendo apuñalar a Tommy en el cuello-. Por supuesto -apuntó el comandante-, usted es bastante más alto que el capitán Bedford y yo no soy tan alto como el teniente Scott, de modo que…

– ¿Quiere que invirtamos los papeles? -preguntó Tommy.

– De acuerdo -respondió el comandante Clark, pasando el cuchillo a Tommy.

– ¿Así? -preguntó Tommy, remedando los gestos que acababa de hacer el comandante.

– Sí. Se ajusta bastante a la realidad -contestó el comandante. Mientras representaba el papel de la víctima sonrió.

– ¿Le parece bien, señor fiscal? -inquirió Tommy dirigiéndose al capitán Townsend.

– Me parece bien -repuso el virginiano.

Tommy Hart indicó al comandante que ocupara de nuevo la silla del testigo.

– De acuerdo -dijo cuando el comandante Clark volvió a sentarse-. Después de rebanarle el cuello a Trader Vic, Scott lo metió en el cubículo, ¿no es así? Y luego abandonó el Abort, según ha declarado usted.

– Sí -respondió el comandante en voz alta-. Es exacto.

– Entonces explíqueme cómo logró mancharse la parte trasera izquierda de su cazadora.

– ¿Cómo dice?

– ¿Cómo es que se manchó la parte trasera izquierda de su cazadora? -Tommy se acercó a la mesa de la acusación, tomó la cazadora de cuero de Scott y la sostuvo en alto para mostrarla al tribunal.

El comandante Clark dudó unos instantes, sonrojándose de nuevo.

– No entiendo la pregunta -dijo.

Tommy fue a por él.

– Es muy sencillo, comandante -repuso con frialdad-. La parte trasera de la cazadora del acusado está manchada de sangre. ¿Cómo ocurrió? En la declaración que usted ha hecho, describiendo el crimen, y ahora, al representar la escena ante el tribunal, no ha indicado en ningún momento que Scott se volviera de espaldas a Bedford. ¿Cómo se manchó entonces?

El comandante Clark se movió nervioso en la silla.

– Quizá tuviera que levantar el cadáver para colocarlo en el retrete. En ese caso habría utilizado el hombro, manchándose de esa forma la cazadora.

– Se nota que usted no es un experto en estos temas. Nunca le han enseñado nada sobre la escena del crimen, ni sobre manchas de sangre, ¿no es cierto?

– Ya he respondido a eso.

– Señoría -dijo Walker Townsend poniéndose en pie-, opino que la defensa…

El coronel MacNamara alzó la mano.

– Si tiene usted algún problema, puede plantearlo cuando vuelva a interrogar al testigo. De momento, permita que el teniente continúe.