»…La solución marxista se basa en la eliminación de la contradicción entre la forma de control social y la economía: mis antepasados bóers que emigraron para fundar sus repúblicas agrarias, sometiendo a los pueblos indígenas de sociedades tribales mediante la fuerza del mosquete contra la azagaya, ahora resistían a su vez las fuerzas económicas que volvían obsoleta su forma feudal de control social. Este hombre blanco había construido una sociedad que intentaba contener y justificar las contradicciones de los medios de producción capitalista y las formas sociales feudales. La devastación resultante, yo, un joven blanco privilegiado, la tuve ante mis ojos desde el nacimiento. Hombres, mujeres y niños negros viviendo en la desdicha de la inseguridad, la pobreza y la degradación en las granjas donde crecí, y en los “satánicos talleres'' de la industria que pagaban barata su fuerza de trabajo y a causa de su color los descalificaban para organizarse o para participar en los sucesivos gobiernos que decretaban su sino como eternos inferiores, cuando no esclavos… Un cambio del control social compatible con un cambio en los métodos de producción -algo conocido en el lenguaje marxista como «revolución»-, en ello vi la respuesta al racismo que entonces estaba destruyendo nuestro país y – ¡creédme! ¡creédme!- que ahora lo destruye más certera y sistemáticamente. No podía volver la cara a esta tragedia. Tampoco puedo ahora. Emprendí entonces la persecución del fin del rascismo y la injusticia, labor que he proseguido y proseguiré mientras viva. Digo, con Lutero: "Aquí estoy". Ich kann nicht anders.»
Una hora y media. Nadie se atrevió a interrumpirle.
«…Estoy en este tribunal acusado de actos intencionados para derrotar al estado y establecer una dictadura del proletariado en este país. Pero la meta que nos hemos fijado los comunistas blancos y negros que trabajamos armoniosamente con otros que no comparten nuestra filosofía política es la liberación nacional del pueblo africano, y la consecuente abolición de la discriminación y la ampliación de los derechos políticos a todos los pueblos de este país… Ese ha sido nuestro único objetivo… Más allá… hay cuestiones que esclarecerá el futuro.
»…Durante casi treinta años el partido comunista estuvo aliado como organización legal con la lucha africana por los derechos de los negros y la extensión del derecho de voto a la mayoría negra. Cuando declararon ilegal el partido comunista, que volvió a unirse más adelante como organización clandestina a la que yo pertenecía, continué durante más de una década participando en la lucha por el progreso negro a través de medios pacíficos y no violentos… Al final de ese largo, larguísimo recorrido, cuando el gran movimiento de masas del Congreso Nacional Africano y otros movimientos fueron proscritos, finalmente los oídos del gobierno se cerraron a las peticiones y demandas… ¿qué adelantos se habían conseguido? ¿Qué derechos legales se habían reconocido según las "pautas de la civilización occidental" que nuestros gobiernos blancos se han declarado depositarios de conservar y perpetuar? ¿Dónde encontró ese esfuerzo, esa paciencia que supera la resistencia normal, dónde encontró alguna señal de razonable reconocimiento de aspiraciones razonables?…Y todavía hoy, los negros sometidos como yo a juicio en este tribunal deben preguntarse: ¿por qué ningún negro ha tenido nunca el derecho a defenderse, delante de un acusador negro, de un juez negro, de leyes en cuya redacción y promulgación su propia gente, los negros, hayan tenido algo que decir?»
Ni siquiera la agazapada y severa pantomima de dama con peluca gris rizada en el estrado: nadie se atrevió a silenciarlo. Ni los policías que lo habían llevado, ni los hombres con traje de paisano tan familiares como los comerciantes que iban a la casa desde que era niña.
«Esta es mi respuesta al interrogante que ha planteado este tribunal, y que mis conciudadanos se estarían preguntando: cómo puedo yo, un médico, un hombre que ha jurado salvar vidas, aprobar el riesgo siquiera accidental de la vida humana contenido en el sabotaje de objetivos selectos y simbólicos no destinados a hacer daño -la táctica que los proscritos líderes del Congreso transformaron en la creación de Umkhonto we Sizwe, la Lanza de la Nación-, nacidos después de trescientos años de represión por las armas y las leyes blancas, después de medio siglo de indiferencia blanca a las legítimas y razonablemente formuladas aspiraciones de los negros… último recurso salvo el derramamiento de sangre al que un pueblo desesperado se volvió como medio para llamar la atención después de que todo lo demás fue pasado por alto…»
Una hora y cuarenta y siete minutos.
«Mi pacto es con las víctimas del apartheid. La situación en que me encuentro no modifica nada… siempre habrá quienes no puedan vivir consigo mismo a expensas de la plenitud de vida de otros. Ellos saben que la "historia mundial sería fácil de escribir si la lucha sólo se entendiera en condiciones de oportunidades infaliblemente favorables".
»…Este tribunal me ha considerado culpable de todos los cargos. Si alguna vez he estado seguro de algo en mi vida, es de que he actuado de acuerdo con mi conciencia en todos los cargos. Sólo sería culpable si fuera inocente de trabajar para destruir el racismo en el país.»
Lo escucharon: las palabras del condenado, el juicio final sobre aquellos que lo habían condenado, el juez escrupuloso y doctamente imparcial dentro de las leyes de los blancos, la policía secreta y la policía uniformada que las hacían cumplir, los blancos, su propia gente, que hacían las leyes. La sentencia fue la que su padre preveía; la que ella y los abogados y todos los que la rodearon durante el juicio preveían. Los periódicos dieron cuenta de «un jadeo en el tribunal» cuando el juez pronunció el fallo de cadena perpetua, prisión de por vida. Ella no percibió ningún jadeo. Hubo una fracción de segundo en que todo se detuvo; ninguna respiración, ningún latido cardíaco, ninguna saliva, ninguna circulación sanguínea con excepción de la de su padre. Todo se alejó precipitadamente de él, retrocedió, se eclipsó. Sólo él, con su cuerpo bajo de enorme cabeza y su pulcro traje gris, emitía el calor de la vida. Los mantuvo a todos acorralados, pegados, poseídos. Luego bajó los ojos; ella notó claramente que sus párpados caían en un gesto casi genuino de tímido reconocimiento.