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– Si lo hacéis, los músculos se os agarrotarán y el dolor será más intenso -dijo-. Bill Blackall y Will Marriner por la mañana, Ned Westlake y Harry Humphreys por la tarde. Cinco horas al día en un foso de aserrar son suficiente. Cada uno de vosotros cuatro se turnará para afilar conmigo. Con el tiempo, ello nos ofrecerá a todos la ocasión de aserrar y afilar. El que no esté aserrando o afilando, tomará un hacha y ayudará a Joey a descortezar los troncos. Cuanto más mejoremos y cuanto más rápidamente lo hagamos, de tantos más privilegios gozaremos. Tener un oficio especializado es mil veces mejor que estar a la merced de lo que se ofrece a la mano de obra no especializada. Si he entendido bien al teniente King, en vuestros días libres se os permitirá aserrar madera para la construcción de vuestras propias casas. ¡Imaginaos qué dicha tan grande! Unas paredes y un techo que podáis llamar vuestros.

A finales del tercer día de trabajo, el ritmo ya se empezó a consolidar; a finales de la primera semana, ya aserraban quinientos pies superficiales en un solo día y, a finales de la segunda, la cifra ya había subido a setecientos cincuenta. Joey Long era el obrero permanentemente dedicado a descortezar los troncos.

– ¡Todos lo habéis hecho muy bien! -les dijo alegremente el teniente King a los equipos de aserradores tras la partida del Golden Grove el día 28-. Ahora vamos a construir más casas, pues me han dicho que pronto va a venir mucha más gente. Sesenta personas de momento, doscientas a finales del año que viene… y muchas más al otro año. Su Excelencia quiere que la isla de Norfolk y Port Jackson tengan el mismo tamaño.

King se pasó un rato paseando de uno a otro extremo del foso de aserrar y después se acercó al grupo de los seis.

– Os debo tiempo libre. En la isla de Norfolk trabajamos de lunes a viernes por cuenta del Gobierno. Los sábados trabajáis para vosotros. Y los domingos descansáis, después de los oficios religiosos, que yo considero obligatorios para todas las almas de aquí, ¿entendido? Mientras el Golden Grove estaba cargando, vosotros habéis trabajado para el Gobierno dos sábados y dos domingos. Hoy es martes, nadie trabajará para el Gobierno hasta el próximo lunes. Os aconsejo que aprovechéis en parte el tiempo para aserrar madera para vuestras casas… Seguid la hilera hacia el oeste. La tierra de la parte de atrás de cada casa que baja hacia el pantano será utilizada por sus ocupantes como huerto privado. Los berros crecen muy bien en los terrenos pantanosos y los gusanos no se los pueden comer: cultivad por tanto berros, por mucho que os apetezca cultivar otra cosa o que los Almacenes os la pueda dar.

Su mirada se posó en Richard, el aserrador jefe que no era un hombre libre.

– Morgan, necesito un informe. Acompáñame, por favor.

Tiene muy buenos modales, pensó Richard mientras caminaba al lado del comandante por el sendero que conducía desde el foso de aserrar a la casa del Gobierno y los cobertizos de los almacenes, en uno de los cuales, observó Richard, se guardaba la barca de pesca de fondo plano e incluso una barca de inferior tamaño, hecha con piezas de la antigua barca de pesca que había naufragado en el arrecife, provocando la muerte de cuatro hombres. Willy Dring, Joe Robinson, Neddy Smith y Tom Watson, los cuatro jóvenes, fuertes y solteros, tenían que tripular la barca para salir a pescar siempre que fuera posible.

– Descubrí que mi casa no se levanta sobre el terreno profundo que tanto abunda por aquí, lo cual me permitió excavar una especie de lecho de roca y conseguir un seco y estupendo sótano. Hice lo mismo bajo la casa del médico Jamison, que ahora es un almacén. A él lo he enviado al valle. El carácter de la playa explica por qué razón todas las casas se encuentran diseminadas hacia el este en esta rocosa elevación situada entre la playa recta y el pantano; podríamos clavar los postes de sostén en la roca -dijo el teniente King mientras pasaban por delante de la casa del Gobierno-. ¿Te gusta el pescado? -preguntó, cambiando de tema, con uno de aquellos cambios repentinos de pensamiento que Richard consideraba tan propios de él.

– Sí, señor.

– Sería de esperar que estos cabrones se alegraran de comer pescado fresco en lugar de carne salada, pero a casi todos les desagrada que les dé pescado fresco o tortuga en lugar de carne salada. La verdad es que me desconcierta. -Se encogió de hombros-. Y entonces, cuando se desmandan demasiado, los azoto. Parece que a ti no te voy a tener que azotar, Morgan.

Richard sonrió.

– Yo preferiría pescado en lugar de gato. No me han azotado desde que me condenaron.

– Pues sí, de muchos se podría decir lo mismo, ya me he dado cuenta. Hiciste bien distribuyendo las tareas. Un equipo de aserradores no era suficiente. ¿Qué tamaño de tronco te parece mejor, dadas las herramientas que tenéis?

– De seis pies de diámetro como máximo, señor, hasta que nos proporcionen sierras de doble asa más largas. Nos sería muy útil disponer de una sierra de corte al través lo bastante grande para necesitar dos hombres, por eso estoy convirtiendo la única sierra de ocho pies que tenemos en una sierra de hebra, algo que sea capaz de cortar un tronco al través mejor que las sierras de doble asa -dijo Richard, sintiéndose muy a gusto en compañía de aquel hombre.

Es tan distinto del comandante Ross como el queso de la tiza y, sin embargo, también me llevaba bien con el comandante Ross. Este hombre es muy paternal y nos considera su familia, lo cual no era propio de la naturaleza del comandante. Sin embargo, mi llegada a la isla de Norfolk me ha servido para comprobar hasta qué extremo los marinos de Port Jackson reducían nuestras raciones para aumentar las suyas. Cosa que no les reprocho. Los marinos también pasaban mucha hambre. Ni el gobernador Phillip ni el comandante Ross habían sido jamás testigos de lo que hacía Furzer en los almacenes, lo cual demuestra que, cuanto más grande es un gobierno, tanto menos se entera de lo que ocurre abajo.

El teniente King es muy estricto, guarda él mismo las pesas y comprueba su peso con el patrón que obra en su poder. Hemos comido tortuga fresca y varios platos del mejor pescado que jamás he saboreado. Tras nuestra primera comida de carne fresca, todos nos sentimos mil veces mejor. Por si fuera poco, siempre tenemos verdura a nuestra disposición. En la isla de Norfolk no hay escorbuto, a pesar de los gusanos y las ratas. Pero comprendo la aversión que experimentan ciertos hombres por las comidas marinas… No crecieron comiendo pescado y consideran que la carne es el único régimen alimenticio aceptable. Además, necesitamos ingerir sal. Según el primo James el farmacéutico, cuanto más suda un hombre, tanta más sal necesita.

Sí, me alegro mucho de estar aquí. Es más agradable que Port Jackson y no hay nativos a los que temer cuando uno se adentra en la espesura. Aunque, por las historias que se cuentan en torno a la hoguera del campamento, parece que el desarrollo de los árboles y las enredaderas es tan denso que hasta el teniente King se ha perdido sin remedio más de una vez.

– ¿Qué noticias me traes, Morgan? -preguntó King mientras ambos se disponían a cruzar el pantano por medio de un inseguro puente asentado sobre unos estribos, por encima de unos troncos de pino hundidos en un cenagal que evidentemente no debía de ser muy hondo.

– Sólo que el hoyo de aserrar necesita un cobertizo para proteger a los aserradores no sólo del sol sino también de la lluvia, y que, si queréis construir algo que precise de vigas de más de doce pies de longitud sin junturas, tendréis que cavar un segundo hoyo, señor King.

– Había un cobertizo por encima del hoyo de aserrar, pero un viento huracanado se lo llevó durante un invierno… Te aseguro que aquí soplan con gran violencia. Utilicé lo que quedaba de él para reforzar el sótano de mi casa, pero ahora me doy cuenta de que tendremos que construir un nuevo cobertizo, y muy rápido, por cierto. Cada día que pasa, el sol pega más fuerte.