Выбрать главу

En respuesta a sus palabras, el primo James el farmacéutico abrió la caja de madera con aire de prestidigitador de feria.

– Ya he pensado en los trapos -dijo, frunciendo el entrecejo-. Si es posible vigilar la caja, hazlo. Siéntate en ella o haz como Dick y átatela con una cuerda al dedo gordo del pie. Como es natural, el carcelero lo examinó minuciosamente todo cuando entré. -Soltó una risita-. No había limas ni sierras para metales, que es lo único que le preocupa. Por extraño que te parezca, estás autorizado a tener una navaja y unas tijeras. A lo mejor, a los carceleros no les importa que os cortéis mutuamente la garganta. Un suavizador de navajas y una piedra de amolar. -Tomó las tijeras y se las entregó a Dick-. Empieza a cortar, primo.

– ¿Cortar yo el cabello de Richard? ¡No podría! -dijo Dick, horrorizado.

– Tienes que hacerlo. Los lugares como éste están llenos de toda suerte de sabandijas. El cabello corto no las mantiene enteramente a raya, pero, por lo menos, reduce su número. He incluido también un peine de dientes finos, Richard. Recórtate también el vello del cuerpo, o arráncatelo.

– Tengo muy poco, bastará con cortarlo.

El primo James el farmacéutico aún estaba tratando de sacar del interior de la caja un objeto pesado y difícil de sujetar. Al final, lo consiguió y lo depositó con aire triunfal sobre las baldosas del suelo.

– ¿No os parece prodigioso? -preguntó.

Richard, Dick y Willy contemplaron el objeto con mirada inexpresiva.

– Estoy seguro de que sí, primo James, pero ¿qué es? -preguntó Richard.

– Una piedra de filtrar -contestó con orgullo el primo James el farmacéutico-. Tal como puedes ver, la parte de piedra es un plato de fondo ligeramente cónico con una capacidad de unas tres pintas de agua. El agua empapa la piedra y cae desde su parte inferior al plato de latón de abajo. Ignoro qué magia se produce en el interior de la piedra, pero el agua que recoge el plato de abajo es tan dulce y fresca como la mejor agua de manantial. ¡Y el agua de manantial -explicó, lanzándose a una de sus entusiastas peroratas científicas- es pura y centelleante porque también efectúa un viaje a través de las rocas porosas! Había oído decir que los italianos, ¡un pueblo muy inteligente!, tienen estas piedras de filtrar, pero no conseguía encontrar ninguna. Hace aproximadamente un año, mi amigo el capitán John Staines regresó del Brasil con un cargamento de semillas de coco para Joseph Fry y de cochinilla para mí. Hizo escala en Tenerife para hacer acopio de agua, que en dicha isla es muy abundante. Alguien le mostró esto, en la esperanza de que él se interesara por el invento y lo introdujera en el mercado inglés. En la actualidad, se envía a otras regiones de España donde el agua es muy mala. Así pues, me la ofreció a mí en lugar de a Fry, que sólo piensa en el chocolate. Lo probé con el agua de la cañería de Pugsley's Well… tal como tú justamente dices, Richard, no se puede beber. Puesto que la cañería es de madera y pasa por cuatro cementerios, no es de extrañar.

– ¿Cómo lo probaste, Jim? -preguntó Dick haciendo una mueca de sufrimiento y desagrado mientras cortaba el abundante y rizado cabello de Richard.

– Yo mismo bebí el agua que se filtraba al escurridero, naturalmente.

– Ya sabía que contestarías esto.

– He empezado a importar piedras de filtrar de Tenerife y enseguida pensé en ti -dijo el primo James el farmacéutico, guardando de nuevo el escurridero en la caja-. Te será muy útil, Richard, aunque te advierto que no dura eternamente. La que utilicé para la prueba empezó a oler mal, y el agua se enturbió al cabo de nueve meses, pero es fácil ver cuándo empieza la corrupción, pues el interior del cuenco de piedra queda recubierto por una viscosa sustancia marrón. No obstante -añadió-, el papel que acompañaba mi primer pedido decía que una piedra de filtrar se puede purificar, poniéndola en remojo una o dos semanas en agua limpia de mar y dejándola secar al sol durante una o dos semanas más. -Lanzó un suspiro-. Lo cual no es posible en Inglaterra, por desgracia.

– Primo James -dijo Richard, sonriendo con afecto-, te beso las manos y los pies.

– No hace falta llegar tan lejos, Richard. -Se levantó, se frotó las manos y después experimentó un cambio de humor -. Te he traído la caja hoy -añadió con cautela- porque nadie me dirá cuándo es probable que te trasladen a Gloucester. Puesto que la próxima sesión jurídica regional no se celebrará hasta cuaresma, puede que tarden un poco. Pero podrían hacerlo mañana. Y James el clérigo me ha dicho que te visitará.

– Me alegraré mucho de verle -dijo Richard, ligeramente mareado. Se levantó mientras Dick permanecía agachado, recogiendo el cabello cortado-. Padre, lávate las manos con vinagre y aceite de brea cuando regreses a casa y no te toques el rostro hasta que lo hayas hecho. ¡Tráeme calzoncillos limpios y jabón, te lo ruego!

El traslado no se produjo al día siguiente. Richard y Willy permanecieron en la Newgate de Bristol hasta el nuevo año de 1785. Lo cual fue una suerte en cierto sentido, pues su familia podía atenderle en sus necesidades, y una desgracia en otro porque su familia era testigo de las terribles condiciones en que estaba viviendo.

Dispuesta a ver directamente a Richard, Mag lo fue a visitar una vez, pero tras el horror de verlo entre aquella horda de desventurados, se desmayó por el solo hecho de contemplar su rostro y su cabello cortado al rape.

Pero eso no fue lo peor. El primo James el farmacéutico lo fue a visitar pasadas las Navidades.

– Es tu padre, Richard. Ha sufrido un ataque.

Los ojos de Richard se clavaron en él hasta adquirir una expresión irreconocible. La serenidad y los rasgos de humor no lo habían abandonado del todo ni siquiera durante la dura prueba de la desaparición de William Henry, pero ahora, sí. Seguían conservando destellos de vida, pero se limitaban a observar, en lugar de reaccionar.

– ¿Se va a morir, primo James?

– No, de este ataque, no. Lo he puesto a un régimen muy estricto y espero conseguir que no sufra un segundo y un tercero. El brazo y la pierna izquierdos han resultado afectados, pero puede hablar y sus procesos mentales no son desordenados. Te envía cariñosos recuerdos, pero consideramos prudente que no visite la Newgate.

– ¡Oh, el Cooper's Arms! Se morirá si tiene que dejarlo.

– No hay necesidad de que lo deje. Tu hermano ha enviado a su hijo mayor para que aprenda el oficio de tabernero…, es un buen chico y no está tan apegado al dinero como William. Y sospecho que se alegra de dejar aquella casa. La mujer de William es tan dura como observadora…, bueno, no hace falta que te lo diga.

– Me imagino que se habrá puesto muy seria y le habrá prohibido a Will visitarme en la cárcel. Mi hermano estará echando de menos al triscador gratuito de sus sierras -dijo Richard sin rencor-. ¿Y mi madre?

– Mag es Mag. Su respuesta a todo es el trabajo.

Richard no contestó. Se limitó a permanecer sentado sobre las baldosas del suelo con las piernas estiradas hacia delante mientras Willy, su sombra, permanecía sentado frente a él. Reprimiendo las lágrimas, el primo James el farmacéutico trató de estudiarlo como si fuera un extraño…, algo no demasiado difícil en aquellos momentos. ¿Cómo era posible que estuviera mucho más guapo que de costumbre? ¿O acaso su apostura pasaba anteriormente inadvertida? El corto cabello de apenas un centímetro de longitud trataba en vano de rizarse y dejaba al descubierto la hermosa forma del cráneo mientras que, en su suave y terso rostro, destacaban en mayor medida que antes los marcados pómulos y la nariz aguileña; el sensual labio inferior no había sufrido ninguna variación, pero la boca en su conjunto se había en cierto modo endurecido y había perdido sus soñadores y serenos perfiles. Las finas y arqueadas cejas negras siempre habían estado muy cerca de los ojos, pero ahora era como si se hubieran grabado al aguafuerte para subrayar el efecto…, mejor dicho, parecían formar parte de él.