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Donavan lanzó una mirada a Grace.

– ¿Por qué Francesca?

– De niña, pasé algunos años en Italia, y siempre me gustó. -Sonrió abiertamente a Frankie-. Pero no quise colgarle un gran nombre a una niña pequeña, así que Frankie me pareció un buen arreglo.

Donavan negó con la cabeza.

– Podría llevar Francesca con toda dignidad.

– ¿Qué le enseñaste a mi madre? -preguntó Frankie-. ¿Cosas de espías?

– Bueno, un entrenamiento un poco más básico. No puedes espiar o robar secretos hasta que no sabes cómo protegerte y meterte y salir de los aprietos.

Frankie puso ceño.

– Tú no has salido muy bien parado de tu aprieto. Recibiste un balazo.

– Cierto. -Donavan se rió entre dientes-. Pero te aseguro que no era tan patoso cuando enseñaba a tu madre. -Miró a Grace-. Y ella fue una alumna excelente. Estaba orgulloso de ella. Claro está que, si no hubiera hecho un buen trabajo, Kilmer me habría estrangulado. Él es muy particular.

– ¿Jake? -Frankie sonrió-. Mamá dice que es inteligente. A mí me gusta.

– Y a mí.

– Frankie, tenemos que dejar dormir a Donavan -dijo Grace-. Puedes visitarlo en otra ocasión.

– Estoy viendo que me viene una recaída -dijo Donavan-. No me interrumpas. Quiero llegar a conocer a tu hija. Vete por ahí y déjala conmigo para que nos conozcamos.

– Donavan, el médico… -Grace se encogió de hombros y miró fijamente a Frankie-. ¿Tú qué dices?

– Ella quiere quedarse y que le cuente todo sobre su madre -dijo Donavan-. ¿No es así, Francesca?

– Frankie -le corrigió la niña. Pero parecía intrigada-. Sí, si no te sienta mal. ¿De verdad puedes tener una recaída?

– No, está bromeando.

– Me haría daño no hablar contigo. -Donavan miró a Grace, y su tono se hizo adulador-. Quizá no se lo cuente todo sobre su madre. ¿Qué tal treinta minutos, Grace?

En otras palabras, él no le hablaría de la relación entre Kilmer y Grace. Donavan sabía ser discreto cuando quería. Pero sólo cuando quería. Grace asintió con la cabeza mientras abría la puerta.

– Treinta minutos. Luego vete a la cama, Frankie.

– De acuerdo. -La niña se puso cómoda en el sillón situado junto a la cama de Donavan, con los ojos clavados con intensidad en la cara del hombre-. ¿Y por qué fuiste tú, y no Jake, quien enseñó a mi madre?

– Porque yo soy más listo, como es natural.

Frankie sacudió la cabeza.

– Si fueras más listo, Jake trabajaría para ti.

Grace reprimió una sonrisa mientras cerraba la puerta tras ella. Donavan llegaría a conocer a Frankie muy bien, y, tal vez, ésta le daría algunas sorpresas. Su hija apenas se callaba algo, a menos que pensara que podía herir los sentimientos de alguien. De manera instintiva, se daba cuenta de que Donavan era un blanco legítimo. Lo había estado calibrando al mismo tiempo que él la había estado calibrando a ella.

– ¿Cómo está Donavan?

Grace se puso tensa mientras se volvía para ver a Kilmer en la parte superior de la escalera.

– Parece que bien. Mejor de lo que yo esperaba. ¿Qué dice el doctor?

– Que se está recuperando a una velocidad increíble. El doctor Krallon las está pasando canutas para hacerlo descansar. -Kilmer hizo una pausa-. Vi que llevaste a Frankie a su cuarto para que lo conociera.

Grace asintió con la cabeza.

– Quería estar a solas con ella y me ha echado con cajas destempladas.

– ¿Y le dejaste que se saliera con la suya?

– Quiero que llegue a conocerla. Quiero que se preocupe por ella. Quiero que todo el mundo se preocupe por ella. Quizá así pueda mantenerla a salvo.

– Muy lista.

Grace negó con la cabeza.

– Desesperada. -Empezó a pasar por el lado de Kilmer, que extendió la mano y la agarró del brazo. Ella se quedó inmóvil-. No hagas eso.

– Yo la mantendré a salvo. Pregúntame por qué.

– Suéltame.

– Porque me preocupo por ella. Me tiene bien enganchado.

– No puedes tenerla.

– ¡Por Dios!, te dije que no intentaría apartarla de ti, Pero ¿es que no me puedes dar lo mismo que le das a Donavan? -Intensificó la presión sobre su brazo-. Deja que llegue a conocerla sin que tenga que preocuparme de que vayas a ser presa del pánico y te la lleves de repente. Tu razonamiento también deberías aplicármelo a mí. Cuanto más me importe, más me esforzaré en mantenerla a salvo.

Por lo que a él concernía, Grace no razonaba en absoluto. Sólo sentía.

– Eso es… diferente. Hay muchos impedimentos.

– Pues échalos abajo -dijo con aspereza-. Échalos abajo. Y sabes con qué sería suficiente. No estoy diciendo que el sexo aclararía las cosas entre nosotros, pero nos permitiría acercarnos lo suficiente para ver los problemas desde otra perspectiva. ¡Mierda!, ¿qué estoy diciendo? Sí me acerco tanto a ti, no podré pensar en nada que no sea lo que estoy haciendo contigo. -Dejó caer la mano que la sujetaba-. ¡Coño!, y quizá estaba utilizando a Frankie para llevarte a la cama. ¡Dios mío!, espero que no sea tan hijo de puta. -Se apartó-. Tal vez tengas razón. Quizá ni siquiera debería acercarme a la niña.

Nunca había visto a Kilmer así. Siempre tan firme, tan seguro de sí mismo. Grace sintió un repentino sentimiento de lástima, mezclado con desesperación. Primero la había desconcertado con aquel arranque de pura atracción sexual, y luego la apabullaba y hacía que se arrepintiera por como lo había tratado.

– ¡Por Dios!, no he dicho que no debieras acercarte a ella.

Kilmer la volvió a mirar, esperando.

– Sólo dije que no quería… -Pasó por su lado, avanzando por el pasillo hacía su dormitorio-. Lo único que quiero es que no la confundas. No hagas que te quiera demasiado, y luego la abandones. Ya ha sufrido bastante.

– ¿Qué le has contado de su padre, Grace?

– Nada. Le dije que había cometido un error, pero que lo volvería a cometer si eso significaba tener otra hija como ella.

– ¿Nada de culpas?

– ¿Por qué habría de culparte? Era una mujer adulta y escogí. No me protegí. La culpa la tuve yo. -Abrió la puerta-. Tú estabas fuera.

– ¡Por Dios!, eso es doloroso.

– No tanto como perderse los primeros pasos de Frankie. O sus primeras palabras o el cantarle por la noche para dormirla. No tienes ni idea.

– Sí, sí que la tengo.

Ella lo miró por encima del hombro y se quedó inmóvil cuando vio su expresión. Tal vez él sí se diera cuenta de lo que se había perdido y se sintiera mal por ello. En algunos momentos en los que habían estado juntos, ella había vislumbrado cosas que Kilmer escondía tras aquella fachada de contención. Lo había admirado hasta el extremo de adorarlo, y había amado su cuerpo y todo lo que él le hacía. ¿Y si hubiera conocido de verdad al hombre en su integridad? ¿Habría preferido confiar en el cariño de su padre antes que en la palabra de Kilmer?

Él la miró con el entrecejo arrugado mientras leía su expresión.

– Grace…

Ella entró rápidamente en su dormitorio y cerró la puerta. Cerró los ojos y se apoyó contra la hoja. Sintió que se derretía con un estremecimiento. El corazón le latía con fuerza, desbocado. Aquella reacción enloquecida tenía que parar.

Pero no iba a parar. No, mientras estuviera en la misma casa con Kilmer y lo viera todos los días. Y no había ninguna duda de que tenía que permanecer allí con Frankie hasta que la situación fuera segura. No podía eliminar a Kilmer, y cada vez que lo veía, la tensión aumentaba.

Podía ignorarlo; mantenerse ocupada; pasar el tiempo con Frankie.

De pronto, recordó la manera en que él la había mirado en ese último instante antes de que ella hubiera entrado en el dormitorio. Una mirada franca, básica, ardiente, y tan intensa que el pánico se había apoderado de ella, porque había sido como mirarse en un espejo.

¡Señor!, confiaba en poder olvidarse de esa mirada.