Выбрать главу

Cara a cara nos la quiere escamotear también, la divina figura, Goya. Sólo que más torpe el aragonés que el andaluz, consigue únicamente que la trampa se vea: ofreciéndonos, sencillamente, a un majo desnudo y crucificado. Y es que Goya, por más valiente que Velázquez, se dejó coger por el Demonio, cuando no sabía o no podía hacer otra cosa. Porque Goya, voluntario o caprichoso genial, pintó como quiso, y como lo que quiso era pintar en aragonés, con el corazón en la mano, pintó como quiso el Demonio. Así Goya no supo ante el lienzo en que trataba de pintar al Hombre Dios, hurtarle el cuerpo al Demonio: y se dio entero y a su parecer verdadero, y de ese modo, tan natural, endemoniaba la imagen de Cristo, como de modo sobrenatural le había endemoniado Velázquez. No hay que ser creyente ni supersticioso siquiera para comprender que la aérea pintura clara de Velázquez, o la claro-oscura de Rembrandt, o la oscura de Goya, son unas pinturas del Demonio: porque son una trampa ilusoria de sombra y luz en un juego escénico que es un juego de escarnio celeste. Son una burla de todos los demonios: una burla de ellos, de los demonios, que fingen una creación espiritual donde no la hay: que es todo lo contrario que sucede cuando en la creación poética triunfan o se burlan los ángeles. Si después de mirar los lienzos de Velázquez y de Goya, en el Prado, nos detenemos ante el Adán y Eva de Tiziano, comprenderemos en seguida en lo que la victoria angélica consiste. En el lienzo del veneciano son los ángeles los que le han hurtado los cuerpos humanos al Demonio; son los ángeles, los que le birlan y le burlan al Demonio, porque en esta lucha espiritual están los ángeles con el Demonio en una situación geométrica equivalente a la que tienen en la plaza los toreros y el toro. La proyección imaginativa de esta lucha es la de una trágica burla que hacen del Demonio las inteligencias angélicas; que esto es lo que nos dic del Demonio en las Sagradas Escrituras, en el Libro de Job, cuando se nos habla del Demonio diciendo: que es la primera o principal criatura que hizo el Señor para que se burlasen de ella sus ángeles. La verdadera invención poética es una burla angélica del Demonio.

Sabemos que, una vez, se le apareció el Demonio a san Atanasio para quejársele de Dios porque consentía que se burlasen de él hasta los niños. No hay arte poético, se diría, pintura, música, poesía, no hay verdadero arte poético que no sea este juego angélico de birlar o burlar al Demonio, como en los juegos infantiles: burlar y birlar al Demonio el cuerpo y el alma. Burlarse del Demonio es cosa de poesía, porque es cosa de niños y de ángeles: de inteligencias puras, de criaturas espirituales. Por eso, cuando el poeta, el pintor o el músico, los creadores imaginativos que manejan esos lenguajes espirituales o inteligentes puros, paradisíacos, no burlan al Demonio, birlándole como los ángeles, el Demonio se burla de ellos, birlándoles su pintura, o su música, o su poesía; los burla quedándose con su pintura, o su música, o su poesía.

Pero burlarse del Demonio no es cosa de broma: los que verdaderamente se burlan del Demonio, que son los niños y los ángeles, son los que no lo toman nunca en broma. Ningún arte verdaderamente poético toma al Demonio en broma. Burlarse del Demonio no es cosa de broma, sino de veras, ¡y tan de veras!: como de burlas; de veras y de burlas. Que esto es lo que hace el pueblo como creador infantil imaginativo que es: burlarse de veras del Demonio. Porque el pueblo sabe, como el poeta y como el niño, que burlarse de veras del Demonio es hacerse como los ángeles: ganar el cielo: o sea, salvar el arte, que es salvar el alma: graciosa y angélicamente. Como el torero sabe que burlarse verdaderamente del toro, burlarse de su oscura embestida impetuosa es también salvarse del todo: salvar el cuerpo y salvar la vida.

Efectivamente, ninguna creación imaginativa del hombre se hace ni se ha hecho sola: sino según la voluntad de Dios o la del Demonio. Toda verdadera creación o poesía lo es porque se hace contra el Demonio, adversario de toda creación humana o divina. Y esto lo sabe el hombre en cuanto es hombre: que es lo mismo que decir que lo sabe en cuanto es niño. Todas las creaciones Imaginativas humanas son una burla y birla angélica del Demonio, a quien, por eso, era costumbre del pueblo infantil o católico español sacar teatralizado por las calles, entre mangas y capirotes, sacándolo en las procesiones como tarasca, grotesca figuración del Dragón bíblico; respondiendo así el pueblo católico español espiritualmente, por la fe, con su hondo pensar y sentir analfabeto a las palabras proféticas del salmista en las que se nos dijo del Demonio: éste es el Dragón que formaste para burlarle. Y por cierto que en el texto hebreo está dicho de este otro modo: éste es el Leviatán que formaste para que jugara con el mar. Que éste, sin duda, es el mismo Dragón que vio san Juan en su Apocalipsis, persiguiendo por el mar y la tierra a la mujer a la que no conseguía atrapar por ningún lado: por lo que, cansado de seguirla o perseguirla, se quedó parado, y en seco, como si dijéramos: se quedó en la playa esperándola: y se paró -dice el apóstol- sobre la arena de la mar.

Con las arenas de la mar nos cuenta los días y las horas -las horas muertas- el Demonio.

José Bergamín

***