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Llamó a los dos legos, y les ordenó que quemaran inmediatamente aquel arcón, y que no se atrevieran a abrirlo siquiera.

Ramón Llull murió a principios del año mil trescientos dieciséis.

Desobedeciendo la imposición del tribunal eclesiástico de permanecer confinado en su alquería mientras el proceso contra él siguiera abierto, Ramón había embarcado nuevamente hacia la costa norte de África. En las calles de Bugía fue apedreado por una multitud indignada por sus palabras; y, ya agonizante, fue recogido por unos marinos genoveses que le llevaron hasta su barco donde expiró.

Tenía entonces ochenta y cuatro años.

En el tiempo transcurrido entre el nacimiento y la muerte de Ramón el mundo había cambiado por completo; había dejado de ser un disco plano, una «T» en el interior de una «O», para convertirse en algo mucho más vasto e impredecible.

Treinta años después de su muerte, la Peste Negra arrasó Europa.

A finales del mil trescientos cuarenta y ocho la epidemia se había extendido por Italia, Francia, España y Portugal. En esos pocos y terribles años la enfermedad mató a veinticinco millones de europeos, y Mallorca perdió un cuarenta y cuatro por ciento de sus pobladores. Pero no fue el fin del mundo. La vida en la Tierra continuó pese a todo.

Superviviente de la Peste, y conocedor de la inquietante narración del último viaje de Ramón Llull, Nicolau Eimeric, designado Inquisidor General de la Corona de Aragón durante los turbulentos años del Cisma de Occidente, denunció ante el Papa la obra de Ramón Llull como sospechosa de error y herejía, y emprendió una feroz cruzada personal contra las escuelas lulistas. Finalmente, consiguió una bula condenatoria de Gregorio XI, y fue prohibida la lectura pública de los escritos del genial mallorquín, muchos de los cuales se perdieron para siempre en las hogueras de la Santa Inquisición. La documentación sobre estos hechos es, todavía hoy, incompleta.

La historia y la leyenda se han entretejido desde entonces en torno a la gigantesca figura de Ramón Llull, el Doctor Iluminado.

Agradecimientos

A Ricardo Lázaro, por el interés y la ayuda que me ha prestado en todas y cada una de las etapas de la realización de este libro. Con él comenté mis primeras ideas sobre este fantástico viaje de Ramón Llull, y sin sus conocimientos sobre la figura y la época del doctor iluminado, sus valiosas ideas y comentarios, me hubiera resultado imposible escribir esta novela. Finalmente, leyó y corrigió todo el texto, ayudándome decisivamente a completar la versión definitiva.

A Javier Redal, que estuvo tan dispuesto como siempre a responder cualquier pregunta de tipo científico que yo le formulara, sin mostrar ningún asombro por muy extrañas que pudieran parecer cuestiones tales cómo: «¿Sería posible obtener helio en la Edad Media?».

A Julián Diez, cuya crítica sobre el primer borrador de la novela fue muy útil e interesante para mí.

A Rafa Fonteriz, que plasmó en ilustraciones maravillosamente elaboradas las imágenes con más fuerza de la novela. Su versátil y genial talento le ha permitido emplear una técnica extremadamente laboriosa, inusual hoy en día en el campo de la ilustración, pero que ha sido la más adecuada para mostrar la atmósfera del libro.

A Miquel Barceló, por arriesgarse nuevamente con un escritor español.

Gracias a todos.

Biografía

Juan Miguel Aguilera (Valencia, 1960) es diseñador industrial y tiene un estudio de diseño creativo en Valencia, junto al ilustrador Paco Roca (quien, por cierto, ha acaparado muchos premios Ignotus a la mejor ilustración).

Junto a Javier Redal ha mantenido una actividad compartida que ha dado provechosos frutos en la moderna ciencia ficción española, valorada con varios premios Ignotus. Con él escribió Sangrando correctamente, Mundos en el abismo, Hijos de la eternidad, Ari, el Tonto, En un vacío insondable, Maleficio y El refugio.

Es autor de La llavor del mal en colaboración con Ricardo Lázaro; y, junto a Eduardo Vaquerizo, de Stranded (Náufragos), publicada por Punto de Lectura.

Su actividad en solitario se traduce en El bosque de hielo y La locura de Dios.