Hablaba Mven Mas, y el corazón de Chara latía con más fuerza, orgulloso de su elegido. La culpa del africano no parecía ya tan grave.
Él volvió a su sitio y quedó allí, a la vista de todos, esperando la decisión.
Evda Nal entregó la cinta magnetofónica del discurso de Ren Boz. La voz débil y entrecortada del físico expandióse por toda la sala, aumentada por los amplificadores.
Disculpaba a Mven Mas. Al director de las estaciones exteriores, que no conocía toda la complejidad de la cuestión, no le quedaba otra salida que confiar en él, en Ren Boz, el cual le había convencido de la seguridad del éxito. Pero el físico tampoco se consideraba culpable. «Cada año — decía — se hacen experimentos de menor importancia, que a veces terminan de un modo trágico. La ciencia, lucha por la dicha de la humanidad, también exige víctimas, como cualquier otra lucha. Los cobardes, que se preocupan mucho de resguardar su persona, no gozan nunca la plenitud ni la alegría de la vida, y los hombres de ciencia que hacen lo propio no realizan jamás grandes progresos…» Para terminar, Ren Boz hacía un breve análisis de la experiencia y de sus propios errores y expresaba su convencimiento en el futuro éxito. Con estas palabras acababa la grabación.
— Ren Boz no ha dicho nada acerca de sus observaciones durante la experiencia — manifestó Grom Orm, alzando la cabeza y dirigiéndose a Evda Nal —. ¿No quería usted hablar en su nombre?
— Preveía la objeción, y por eso pedí la palabra — repuso Evda —. Unos segundos después de que fuesen conectadas las centrales F, Ren Boz perdió el conocimiento, y ya no vio nada más. Cuando estaba a punto de desvanecerse, advirtió solamente y retuvo en la memoria las indicaciones de los aparatos, que atestiguaban la presencia del espacio cero. Aquí está la grabación de lo retenido en su memoria.
En la pantalla aparecieron varias cifras, que se apresuraron a copiar multitud de personas.
— Permitidme agregar algo más en nombre de la Academia de las Penas y de las Alegrías — siguió diciendo —. La encuesta popular, a raíz de la catástrofe, da los siguientes resultados…
Columnas de ocho cifras se alinearon en la pantalla, clasificándose ellas solas en las respectivas casillas de «condenación», «absolución», «dudas sobre el método científico» y «acusación de precipitación». Pero, indudablemente, el balance era favorable a Mven Mas y Ren Boz. Los sombríos rostros de los congregados se iluminaron radiantes.
En el extremo opuesto de la sala encendióse una luz roja, y Grom Orm concedió la palabra a Pur Hiss, astrónomo de la 37a expedición astral. Éste empezó a hablar con fogosidad y en voz muy alta, agitando torpemente los largos brazos y sacando la abultada nuez.
— Un grupo de compañeros astrónomos y yo censuramos a Mven Mas. Su acción, el haber realizado la experiencia sin el permiso del Consejo, ¡despierta la sospecha de que no procedió con tanto desinterés como pretenden hacernos ver aquí los que han hablado!
Chara, llena de indignación, iba a levantarse del asiento, y sólo se contuvo bajo la mirada fría de Evda Nal.
Pur Hiss calló.
— Sus acusaciones son graves, pero infundadas — replicó Mven Mas, con la venia del presidente —. Puntualice qué entiende usted por interés.
— La esperanza de gloria imperecedera, si la experiencia alcanzaba pleno éxito. Ahí está el fondo egoísta de su acción. Y por cobardía, su temor a que no le permitiesen hacer la experiencia. Por eso, precisamente, actuó con premura y en secreto.
Mven Mas esbozó una ancha sonrisa, encogióse de hombros, abriendo los brazos con infantil ademán, y se sentó sin responder. Pur Hiss resplandeció triunfante.
Evda Nal volvió a pedir la palabra.
— Las manifestaciones de Pur Hiss son precipitadas y demasiado malévolas para contribuir a resolver una cuestión seria. Sus puntos de vista sobre los motivos de las acciones nos retrotraen a los tiempos de los Siglos Sombríos. Sólo gentes de un pasado lejano podían hablar así de una gloria imperecedera. Como no encontraban alegría ni plenitud en su vida presente ni se sentían parte integrante de toda la humanidad creadora, temblaban ante la inevitabilidad de la muerte y se aferraban a la menor esperanza de perpetuación.
«El sabio astrónomo Pur Hiss no comprende que únicamente perduran en la memoria de la humanidad los hombres cuyos pensamientos, anhelos y realizaciones continúan actuando, pero en cuanto su actuación cesa, se los olvida y desaparecen. Con frecuencia, resucitan del olvido, como muchos sabios o artistas de la antigüedad, cuando sus obras vuelven a hacerse imprescindibles y reanudan su acción en la sociedad… ¡Sobre todo, en una sociedad como la actual, integrada por muchos miles de millones de seres humanos!
Hace mucho tiempo que yo no había tropezado con una concepción tan primitiva de la inmortalidad y de la gloria y me asombra encontrarla en un cosmonauta.
Evda Nal, erguida en toda su talla, se volvió hacia Pur Hiss, que se encogió en su sillón, iluminado por multitud de luces rojas.
— Dejemos a un lado los absurdos — continuó Evda — y examinemos la conducta de Mven Mas y de Ren Boz tomando como criterio fundamental la dicha de la humanidad.
Antes, los hombres no sabían apreciar debidamente el verdadero valor de sus obras ni contraponerlo al lado contrario, negativo, que indefectiblemente tiene cada acción y cada empresa. Nosotros nos liberamos hace tiempo de ese defecto y podemos hablar solamente de la verdadera significación de los actos.
«Y lo mismo ahora que antes, algunas personas tantean nuevos caminos, porque sólo después de una singular disposición del cerebro adquirida tras muy larga preparación, es posible discernir la nueva dirección que se oculta en hechos contradictorios. Pero ahora, apenas se perfila un nuevo camino, decenas de miles de personas se ponen a estudiarlo, y el alud de los descubrimientos se precipita en el infinito aumentando como la bola de nieve. Mven Mas y Ren Boz han emprendido el camino más inexplorado. Aunque yo no poseo suficientes conocimientos de la materia, para mí es evidente lo prematuro de la experiencia. En esto consiste la culpa de ambos y su responsabilidad en cuanto a los enormes daños materiales y la pérdida de cuatro vidas humanas. Con arreglo a las leyes de la Tierra, estamos en presencia de un delito, pero este delito no ha sido cometido con fines personajes y, por consiguiente, no merece el más severo castigo.
Evda Nal volvió lentamente a su sitio. Grom. Orm no encontró a nadie más que quisiese hacer uso de la palabra. Los miembros del Consejo pidieron al presidente que formulara sus conclusiones. La figura nervuda y esbelta de Grom Orm se inclinó sobre la tribuna y su mirada aguda penetró hasta el fondo de la sala.
— Las circunstancias para formar un juicio definitivo no son complejas. En cuanto a Ren Boz, yo le excluyo de toda clase de responsabilidad. ¿Qué hombre de ciencia no habría aprovechado las posibilidades que se le ofrecían, especialmente estando seguro del éxito? El terrible fracaso de la experiencia servirá de lección. Sin embargo, es también indudable el beneficio que ha reportado. Éste compensa en parte los daños materiales, ya que el experimento contribuirá ahora a resolver multitud de cuestiones, acerca de las cuales sólo se empezaba a pensar en la Academia de los Límites del Saber.
«Nosotros resolvemos los problemas de la utilización de las fuerzas productivas en gran escala, dejando a un lado las tendencias acomodaticias, poco utilitarias, de la vieja economía. Sin embargo, incluso en nuestros días, hay gentes que no comprenden a menudo el momento apropiado para el éxito, y ello se debe a que olvidan la inmutabilidad de las leyes de la evolución. Se imaginan que la estructura debe elevarse indefinidamente. La sabiduría del dirigente consiste en advertir a su debido tiempo el escalón superior en el momento dado, para detenerse y esperar o cambiar de camino. Tal dirigente, para un puesto de tanta responsabilidad como el suyo, no podía ser Mven Mas.