La elección del Consejo ha resultado equivocada. El Consejo tiene en este aspecto tanta responsabilidad como el elegido. Y en primer término, yo soy culpable, ya que la iniciativa de designar a Mven Mas, perteneciente a dos miembros del Consejo, fue apoyada por mí.
«Propongo al Consejo que se absuelva a Mven Mas en cuanto a los motivos personales de su acción, pero que se le prohíba desempeñar cargos en organizaciones dirigentes de nuestro planeta. Yo también debo ser separado del cargo de presidente del Consejo y enviado a reconstruir el satélite, para reparar así las consecuencias de mi imprudente elección.
Grom Orm abarcó con la mirada a la sala, leyendo en muchos rostros una pena sincera. Pero las gentes de la época del Circuito no trataban de disuadir a nadie, respetando las decisiones de cada uno y confiando en su justeza.
Mir Om consultó a los miembros del Consejo, y la máquina de calcular anunció los resultados de la votación. Las conclusiones de Grom Orm habían sido aceptadas sin objeciones, pero a condición de que continuase presidiendo la sesión y no abandonara su puesto hasta el fin de la misma.
El acató el fallo, sin que se alterase un solo músculo de aquel rostro rebosante de tesonera voluntad.
— Debo explicar ahora mi ruego de que se demorase la discusión referente a la expedición astral — prosiguió, sereno, el presidente —. El feliz desenlace del asunto era evidente, y yo creo que el Control del Honor y del Derecho estará de acuerdo con nosotros. Pero ahora ya puedo pedirle a Mven Mas que ocupe su sitio en el Consejo. Sus conocimientos son imprescindibles para una solución acertada de la importantísima cuestión, sobre todo teniendo en cuenta que el miembro del Consejo Erg Noor no podrá asistir a la discusión de hoy.
Mven Mas se dirigió hacia los sillones del Consejo. Las luces verdes aprobatorias se encendían centelleantes a su paso, marcándole el camino.
Deslizáronse silenciosos los mapas de los planetas cediendo su sitio a unas sombrías tablas negras, en las que las multicolores lucecillas de las estrellas estaban unidas por el trazo azul de los itinerarios previstos para el siglo. El presidente del Consejo se transfiguró al instante. Desapareció su fría impasibilidad, las grisáceas mejillas se tiñeron de leve arrebol, los ojos de acero se ensombrecieron. Grom Orm apareció en la tribuna.
— Cada expedición astral es un sueño acariciado largo tiempo, una nueva esperanza alimentada muchos años, un nuevo peldaño en la escalera de la gran ascensión. Por otra parte, es también el trabajo de millones de personas, labor que ha de tener por fuerza repercusión y producir un gran efecto científico o económico; de lo contrario, se detendría nuestro avance y la conquista de la naturaleza. Por ello discutimos, reflexionamos y calculamos tan cuidadosamente, antes de lanzar una nueva astronave a los espacios intersiderales.
«Nuestro deber nos obligó a dedicar la 37a expedición al Gran Circuito. Por ello, estudiamos con mayor minuciosidad aún el proyecto de la 38a expedición. Pero en el último año han ocurrido algunos acontecimientos que han cambiado la situación y nos obligan a revisar el itinerario y loe fines de dicha expedición, aprobados por las sesiones anteriores del Consejo y ratificados por la opinión pública del planeta. La invención de métodos de tratamiento de las aleaciones, bajo una alta presión y a la temperatura de cero absoluto, ha mejorado la solidez de los cascos de las astronaves. El perfeccionamiento de los motores de anamesón, que los ha hecho más económicos, permite ahora efectuar vuelos a más larga distancia con una sola nave cósmica. Las astronaves Aella y Tintazhél, destinadas a la 38ª expedición, resultan ya anticuadas en comparación con el Cisne, ingenio esférico, de tipo vertical, dotado de cuatro quillas de estabilidad, que acaba de ser construido. Por consiguiente, somos ya capaces de emprender vuelos más lejanos.
«Erg Noor, que ha regresado en la Tantra, de la 37ª expedición, nos ha comunicado el descubrimiento de una estrella negra de la clase T, en uno de cuyos planetas fue hallada una astronave de estructura desconocida. Los intentos de penetrar en su interior estuvieron a punto de costar la vida a todos los expedicionarios; no obstante, se consiguió obtener un trozo de metal del casco. Se trata de una sustancia desconocida para nosotros, aunque semejante al decimocuarto isótopo de la plata, descubierto en los planetas de una estrella, extraordinariamente cálida, de la clase O8 y que se conoce de antiguo con el nombre de Zeta de la Carena. La forma de la astronave — un disco biconvexo de superficie espiral — ha sido estudiada por la Academia de los Límites del Saber.
«Yuni Ant ha revisado todas las grabaciones mnemotécnicas de las informaciones transmitidas por el Circuito durante los cuatrocientos años que estamos enlazados con el mismo. La construcción de este tipo de astronaves es irrealizable en la Tierra, dada la dirección actual de nuestra ciencia y el nivel de nuestros conocimientos. También es desconocida en los mundos de la Galaxia con los que intercambiamos informaciones.
«Una astronave discoidal de tan colosales dimensiones tiene que ser sin duda un huésped llegado de planetas infinitamente lejanos, tal vez de mundos ultragalácticos. Ha podido vagar millones de años antes de tomar tierra en ese planeta de la estrella de hierro, en la periferia desierta de nuestra Vía Láctea. Huelga aclarar la importancia que tendrá su estudio por una expedición especial enviada a la estrella T.
Grom Orm conectó la pantalla hemisférica, y la sala desapareció. Ante los espectadores empezaron a desfilar lentamente las grabaciones de las máquinas mnemotécnicas.
— Ésta es una información recibida recientemente del planeta ZR519, no menciono las coordenadas para no ser prolijo, sobre su expedición al sistema de la estrella Achernar.
La disposición de las estrellas parecía extraña, y el ojo más experto no habría podido reconocer en ellas astros estudiados hacía mucho tiempo. Veíanse extensiones de gas luminiscente, nubes oscuras y, por último, grandes planetas enfriados que reflejaban la luz de un astro de asombroso fulgor.
Achernar, de un diámetro sólo tres veces y media mayor que el del Sol, alumbraba como doscientos ochenta soles y era una estrella azul, de indescriptible brillo, perteneciente a la clase espectral B 5. Después de hacer la grabación, la nave cósmica se había alejado. Debieron de transcurrir decenas de años en viaje… Otro astro, un lucero verde de la clase S, surgió en la pantalla. Se agrandaba y su luz se hacía más intensa a medida que aquella astronave de un mundo ajeno se iba acercando a ella. Mven Mas pensó que su verde fulgor sería mucho más bello a través de una atmósfera. Y como en respuesta a su pensamiento, apareció en la pantalla la superficie de un nuevo planeta.
Las fotografías habían sido tomadas con intervalos, y por ellas no se advertía la aproximación al planeta. Ante los espectadores alzóse de pronto un país de altas montañas envueltas en todos los matices imaginables de luz verde: las sombras verdinegras de profundas quebradas y escarpadas vertientes, el verde azulado y el verde liláceo de las rocas y de los iluminados valles, el aguamarina de la nieve en las cumbres y en las mesetas, el amarillo verdoso de los sectores calcinados por el ardiente astro…
Riachuelos de malaquita corrían abajo hacia los invisibles lagos y mares que se ocultaban tras las cordilleras.
Más allá, cubierta de redondas colinas, extendíase una llanura hasta el mismo mar, que parecía de lejos una reluciente plancha de hierro verde. Árboles azules erguían su revuelto y espeso follaje, engalanábanse los calveros con franjas purpúreas y brillantes manchones de desconocidos arbustos y hierbas. Y de la hondura del cielo amatista brotaban, en poderoso torrente, haces de rayos de oro verdoso. Los habitantes de la Tierra permanecían inmóviles, pasmados. Mven Mas buceaba en su insondable memoria para determinar exactamente la situación del astro verde.