Pero, aun así, el animal todavía podía matar todo lo que se pusiera a su alcance. Las múltiples patas atacaban violentamente en todas direcciones, en tanto los anillos constrictores, en un violento reflejo, se dilataban y cerraban de golpe cada pocos segundos.
A continuación desapareció la parte superior de las correosas patas. La cúpula del caparazón asomaba menos sobre la superficie. La corriente había arrastrado al portasonido hasta una de las pozas más profundas.
Una vez el grueso escudo del exoesqueleto hubo desaparecido por completo bajo las aguas, Carpa tensó el cable para evitar que el cuerpo hundido llegara a zonas menos profundas. Luego se levantó y esperó.
Las ondas de la superficie revelaban la desesperada actividad sumergida. En cuatro ocasiones se enderezó el portasonido y pudo verse el filo del caparazón. Antes de que apareciera la cabeza, Carpa desequilibraba el cuerpo. A la cuarta ocasión, el portasonido cayó de espaldas antes de volver a desaparecer. Se produjo una última explosión de furiosos chapoteos, que fueron remitiendo gradualmente. Por último, la superficie del remanso dejó de hacer olas.
Carpa esperó otro par de minutos antes de anadear finalmente hasta la orilla y auparse. Se quedó sentado un momento, encorvado y con las piernas en el arroyo. Seguía sosteniendo el cable que sujetaba al portasonido en su lazo.
Parecía extenuado. No era de extrañar. Se había enfrentado a una criatura que Drake consideraba invulnerable; había combatido en un lugar que él no había elegido, y se había enfrentado a su enemigo sin armas.
Fue entonces cuando Drake reparó en lo más asombroso de todo. Milton y él habían asistido a la lucha con la ayuda de los sensores de imágenes de microondas y de alta frecuencia. Podían verlo todo. El portasonido, hasta que el caudal ahogó sus órganos sensoriales, también había visto perfectamente; pero Carpa no podía ver nada. Estaba demasiado oscuro.
Se había enfrentado al portasonido completamente a ciegas. Y aun así había vencido. Resultaba tentador preguntarse cuáles eran los límites de las habilidades de combate de Carpa. ¿Hasta dónde podría llegar, antes de perder?
Era una pregunta inmoral. Drake había tomado su decisión previamente, antes de que empezara el combate. No podía cambiar de parecer ahora.
—Se acabó —habló a Milton, que miraba fijamente el monitor donde Carpa por fin se había puesto de pie y estaba sacando el cadáver del portasonido a la orilla—. Esperaremos al amanecer. Lo primero que haremos por la mañana será ir en busca del deslizador.
—¿Y Carpa?
—Quedará en libertad. ¿No crees que se lo haya ganado?
—De sobra. Pero ¿y el Shiva?
—Tendremos que encontrar otra manera. —Drake echó un último vistazo a Carpa, que ahora tenía al portasonido de espaldas y estaba abriendo el caparazón ventral. Todo parecía indicar que la última comida del portasonido sería como plato y no como comensal. ¿Qué sentidos utilizaba Carpa para orientarse? Solo podían ser el olfato y el tacto. Si se trataba de otra cosa, de algo insospechado para los humanos, Drake no lo descubriría jamás. Del mismo modo que nunca sabría qué pensamientos habitaban en la mente de aquel cráneo cubierto de largos cabellos.
»Lo primero que haremos por la mañana —repitió—. Luego diremos adiós a Carpa. Hay medios que nunca podrán justificarse, no importa cuál sea el fin.
Parecía natural que Drake sintiera una suerte de lazo con Carpa, dadas las raíces genéticas de este. Lo más sorprendente era que Milton albergara sentimientos similares.
Aunque, ¿por qué no? Milton se había ocupado del diseño genético, amén de la delicada separación del código nucleótido humano y snark. Asimismo, Milton había cultivado el cuerpo de Carpa y había descargado en su cerebro un conjunto de datos que iba más allá del instinto de conservación básico. Si Drake era el padre y uno de los snarks era la madre de Carpa, sin duda el Servidor podía afirmar que había sido la matrona del parto.
Milton no comentó nada de esto con Drake. Simplemente, el Servidor se ofreció inusitadamente voluntario para regresar al calvero y recuperar el deslizador. Milton había confirmado que el vehículo había dejado de funcionar por control remoto, y sugirió que podría resultar ilustrativo averiguar lo que había pasado con él.
—Puedes ir, con dos condiciones. —Drake también tenía trabajo por delante. Se había propuesto que Carpa tuviera un grupo de congéneres, lo antes posible. Con la plantilla de Carpa sobre la que trabajar, la tarea sería breve y rutinaria. La simiente del laboratorio necesario había caído de su órbita, el laboratorio había crecido y su línea de manufacturación ya estaba funcionando a pleno rendimiento.
»Para empezar —continuó Drake— deberás realizar todas las operaciones con un vehículo de remolque pesado que estará en el aire en todo momento. Iza el deslizador con eso y no dejes nada en la superficie… tampoco tú. Segundo, asegúrate de que Carpa no esté cerca cuando lo hagas. Registra el deslizador, por dentro y por fuera. Si ves rastros de Carpa, abandona la operación de remolque inmediatamente y regresa a la base.
—Que es precisamente lo que habría hecho, sin necesidad de instrucciones. —El Servidor se mostraba susceptible con muy pocos temas, pero la fiabilidad y el buen juicio eran dos de ellos. Milton se alejó rodando, dejando que Drake continuara el desarrollo de los duplicados de Carpa. Las células originales estaban en un baño de nutrientes de flujo constante y mantenían una tasa de duplicación constante de 820 segundos. El crecimiento de célula base a organismo adulto, listo para pisar la superficie de Graybill, era una operación de doce horas. Faltaban menos de cuatro horas para terminar.
Drake dividió su atención entre tres asuntos mientras continuaba el proceso de crecimiento. Estaba concentrado principalmente en el desarrollo de los clones de Carpa, pero al mismo tiempo hacía planes para concluir las operaciones en Graybill. La nave nodriza orbital ya había recibido instrucciones. Estaba preparada para enviar a Drake y Milton de regreso al cuartel general vía enlace de ondas-S, en cuanto se cargaran en él.
Cada pocos minutos, Drake comprobaba las evoluciones de Milton. Igual que el deslizador abatido, el vehículo aéreo de remolque pesado había sido cultivado en Graybill. Los dos aparatos se quedarían en el planeta cuando Drake y Milton fueran cargados en la órbita. Los vehículos no durarían mucho tiempo. Con un tiempo de deterioro estimado de menos de un mes, quedarían reducidos a polvo cuando se debilitaran las fuerzas intermoleculares.
Los vehículos habían sido construidos asimismo con la vista puesta en la simplicidad, más que en el rendimiento. Eso quedaba claro durante el transcurso de las operaciones. El vehículo de remolque pesado podía planear, pero tenía una ligera tendencia a vencerse hacia delante. Drake se quedó mirando hasta que, en la segunda pasada, las pinzas magnéticas del remolque agarraron el deslizador y lo levantaron limpiamente de la superficie; después volvió a concentrarse en sus otras tareas. No había visto señales de Carpa en tierra, y confirmó que las observaciones de Milton no habían descubierto ni rastro de él. El cuerpo del portasonido había sido abierto y devorado en parte. Sin aterrizar para inspeccionar más de cerca, resultaba complicado estimar qué papel había desempeñado Carpa en esa operación. Probablemente había multitud de formas de vida nativas que se habían mostrado encantadas de desayunar a costa del portasonido.
Drake comprobó el estado de cada uno de los biotanques. Según su diseño, cada copia de Carpa había recibido un plan de desarrollo ligeramente distinto, y todos los resultados serían un poco diferentes entre sí. Drake dedicó la hora siguiente a controlar y aprobar el progreso de cada variante.