Thomas, completamente en serio, intervino:
– ¿Lo que está intentando decirnos, Matthew, es que estos hombres blancos blancos tienen siglos de edad? ¿Que nunca duermen? ¿Que nunca mueren?
– ¡Hombre, usted sabe que no duermen nunca! -repuso Matthew y, al hacerlo, se le movió la papada-. ¡Nunca mueren! ¡Sólo mueren cuando Azazel dice que mueran!
– Continúe -le dijo Michael. No tenía ganas de meterse en una discusión violenta, en especial cuando tenía muy poca idea de aquello de lo que estaban hablando.
– Los hombres blancos blancos hicieron todo lo que pudieron para servir a Azazel. Pero no era fácil, porque Azazel no tomaba ningún alimento, ya que era un ángel. De todos modos, estaba aquí, en la Tierra, en la tercera roca a partir del Sol, y ciertamente necesitaba alguna clase de alimento.
»E1 sustento que necesitaba era adrenalina humana. Al fin y al cabo, andaba por ahí llevando en su interior todas aquellas maldades humanas, todos aquellos crímenes humanos, que ardían siempre dentro de él y lo consumían. Y necesitaba alguna energía humana que lo mantuviera vivo.
«Bueno… siempre ha existido la errónea creencia de que los hombres blancos blancos beben sangre. Ello se debe principalmente a que tienen los ojos rojos y todo eso. Los hombres blancos blancos hicieron surgir los mitos del vampirismo y la historia de Drácula. Pero, en realidad, los vampiros no han existido nunca. ¿Saben lo que dice Dios en el Levttico? «Me volveré contra aquella persona que coma sangre, y la apartaré de entre su gente. Nadie de entre vosotros debe comer sangre. Porque la sangre es la vida de toda la carne.»
»Hasta el más oscuro de los demonios obedece esa ley. Pero necesitan adrenalina para sobrevivir; la necesitan desesperadamente. Y por eso secuestran y torturan a las muchachas jóvenes: para asustarlas, para provocarles sufrimiento y conseguir así que produzcan enormes cantidades de adrenalina extra. Los hombres blancos blancos siempre llevan consigo esas finos tubos de metal, para poder introducirlos en la espalda de alguien, llegar con ellos hasta los ríñones y chuparle la adrenalina antes de que el sujeto se dé cuenta.
– Entonces, Matthew… ¿cómo sabe usted todo esto? -le preguntó Victor.
Matthew se dio la vuelta lentamente hacia él y le sostuvo la mirada con seguridad y firmeza.
– Lo sé porque yo procedo de Olduvai, y porque he estudiado religión y antropología durante treinta años, y he separado lo que es real de lo que es simple fantasía. Lo sé porque yo creí cuando los tradicionalistas y los escépticos no quisieron creer; y porque tengo algo de magia dentro de mí. ¿Quieren que eche
los huesos y veamos lo que les espera a ustedes en sus vidas?
Victor le dedicó una sonrisa angulosa.
– Déjelo, Matthew… prefiero no hacerlo.
– Hábleme más de ese personaje que fue el chivo expiatorio -le dijo Thomas.
Matthew acabó de tomarse el café y se limpió la boca.
– Bueno… siempre, desde que Aarón arrojó a Azazel por el precipicio y éste sobrevivió, Azazel se ha jurado a sí mismo que nos devolvería todos nuestros pecados… los mismos pecados que Aarón colocó sobre él el día de la expiación. Para ello mantendría al mundo en un perpetuo estado de contiendas, eliminando a todo aquel que pareciera capaz de traer paz y buen entendimiento. Sus hombres blancos blancos procrearían con mujeres humanas, para que los linajes de sangre del mundo estuvieran constantemente contaminados. Como se dice en la Biblia: «Él y sus seguidores vieron que los hijos de los hombres se habían multiplicado y que de ellos nacían hijas hermosas y bellas. Entonces ellos empezaron a mezclarse con las mujeres y a deshonrarse a sí mismos con ellas.»
»Los hombres blancos blancos enseñaron a sus esposas toda clase de sortilegios y hechizos, así como la ciencia de cortar raíces y de la botánica; y Azazel les enseñó a sus hijos el arte de la guerra, y a fabricar espadas y escudos. También enseñó a las mujeres a usar cosméticos, «el arte del engaño mediante el adorno de sus cuerpos», y les reveló los secretos de la brujería.
«Azazel ha estado provocando el caos, las guerras y los disturbios sociales durante siglos, enfrentando hermano contra hermano, raza contra raza. ¿A qué creen que se deben todos esos disturbios de la calle Seaver? A los hombres blancos blancos, que están haciendo añicos nuestra comunidad. ¿A qué creen que se debió el asesinato de John O'Brien? Cada vez que algún ser humano ha sido favorecido por Dios y muestra señales de intentar aliviar algún problema importante en la condición del mundo, Azazel hace que lo maten. No que lo maten hombres blancos blancos, eso no ocurre a menudo… sino algún hombre de paja, como Sirhan Sirhan, que mató a Bobby Kennedy; o James Earl Ray, que le disparó a Martin Luther King.
»Azazel es la Gran Cabra, Azazel es todos los pecados de Israel elevados a la enésima potencia, porque va a devolvernos con intereses aquel día de la expiación.
Thomas se recostó en el respaldo de la silla y se golpeó los dientes con el bolígrafo en actitud pensativa.
– Se dará usted cuenta de lo absurdo que suena todo eso.
– Claro que suena absurdo -dijo Matthew-. Pero eso es porque los hombres blancos blancos se han mantenido bien ocultos durante mucho tiempo. Yo tengo que llamarlos ángeles, porque así es como los llamaba la gente en tiempos del Levítico, y no sé qué otra cosa podrían ser. Antes se pensaba que los esquizofrénicos estaban poseídos por Satanás, y el hecho de que hayamos aprendido que no es así no impide que sigan estando locos. A lo mejor, estos hombres blancos blancos no están más que «capacitados de manera diferente…» puede que padezcan algún desajuste genético que les impide dormir y les produce una extraordinaria sed de adrenalina. Hasta que tengamos oportunidad de estudiarlos, nunca lo sabremos con certeza.
– ¿Usted cree realmente que Azazel sigue vivo? ¿El mismo Azazel que Aarón condujo al desierto?
– No lo sé. ¿A usted qué le parece? ¿Es posible para un ser terrenal de cualquier clase vivir 1600 años? No creo que eso tenga importancia. Aunque el propio Azazel no esté vivo, su nombre, su obra y sus rituales sí lo están. Siempre que los hombres blancos blancos asesinan a alguien, se llevan una parte vital del cuerpo de esa persona para que la resurrección les resulte imposible.
Victor intervino para decir:
– No sabía que la resurrección fuera posible.
Matthew se volvió hacia él y no hizo ningún esfuerzo por ocultar el desdén que se le reflejaba en la voz.
– Es evidente, amigo mío, que usted no ha estado nunca en Haití, ni ha estudiado la religión vudú, porque la resurrección no sólo es posible, sino que además es bastante corriente… y no sólo en el Caribe. Hay hombres muertos que caminan por Boston, amigo mío. Hay hombres muertos que caminan por Manhattan. Si empieza usted a buscarlos, los verá.
– ¿De manera que hicieron eso con todas las víctimas de los asesinatos? -le interrumpió Thomas intentando retomar el hilo de la conversación.
– Eso es. Con todas y cada una de ellas. Se llevaron el corazón de Abraham Lincoln, el cerebro de John F. Kennedy, los ojos de Martin Luther King y los pulmones de Anwar El-Sadat. Si no pueden llevarse nada en la misma escena del crimen, tienen a montones de médicos y de empresarios de pompas fúnebres a su servicio.
Michael tuvo una vivida imagen mental del doctor Moorpath mientras intentaba trepar precariamente por el aire. Quizás Matthew Monyatta estuviera exagerando. Puede que estuviera mezclando hechos reales con supercherías. Pero había tenido oportunidad de ver el poder de los hombres blancos blancos con sus propios ojos, los llamados muchachos blancos como las azucenas, y sabía que aquello era espantosamente real.
Un poder que procedía de los tiempos del Antiguo Testamento. Un poder que llevaba implícitos toda la magia y todo el misterio de la propia Biblia.