Выбрать главу

– ¿Sigue ahí todavía?

– No lo sé… creo que debe de haberse ido ya.

– Bueno… no nos pongamos paranoicos -dijo Víctor.

Michael desdobló el mapa y lo extendió sobre la mesa. Recorrió con el dedo toda la línea de la costa desde Acoaxet, en el sur, hasta la playa de Salisbury, en el norte.

– ¿Sabías que el doctor Rice practicaba la aurahipnosis? -le preguntó Víctor.

– Sí, me lo dijo esta mañana. Y habló de mi «aura» un par de veces en alguna de nuestras sesiones de terapia. Supuse que se refería a vibraciones personales. Me dijo que mi aura estaba en unas condiciones deplorables.

– ¿Nada más? ¿No te explicó qué intentaba hacer?

Michael lo miró y frunció el ceño.

– Intentaba volver a poner mi aura en debida forma. Una especie de entrenamiento a lo Cindy Crawford, sin exageraciones al estilo de Woody Alien.

– Pero, ¿no te explicó nunca en qué consiste realmente la aurahipnosis?

Michael frunció los labios. Le parecía importante que Víctor le hiciese preguntas con tanta insistencia sobre un tratamiento de terapia que él, al fin y al cabo, llevaba experimentando de primera mano durante casi un año.

– La aurahipnosis es un tipo de hipnosis que arregla el aura de las personas, eso es.

– Bueno, claro, en cierto modo sí. Pero actúa de manera diferente a la hipnosis normal. Tiene la misma finalidad terapéutica… pero la técnica es diferente. Leí un artículo sobre ello en New Psychology hace un par de meses, y si uno entiende de conjuros avanzados, está todo explicado aquí, en este libro.

– ¿Ah, sí? -inquirió Michael tratando de no ponerse de mal humor. Había llegado con el dedo en el mapa hasta la playa Priscilla, justo al sur de Plymouth-. Pensaba que no creías en la hipnosis. Creí que habías dicho que la única hipnosis que habías presenciado en tu vida era en el escenario, gente a la que convencían para que se quitara los pantalones y cosas así.

– A lo mejor te mentí.

Michael lo miró.

– ¿A lo mejor me mentiste? ¿Por qué ibas a mentirme en una cosa así?

Victor se quitó las gafas. Tenía los ojos sonmolientos y desenfocados.

– Yo sé lo que la hipnosis hizo por mí. Sólo quería averiguar lo que había hecho por ti.

– ¿Y qué hizo por ti?

– A mí nunca me han hipnotizado. En eso no te mentí. Pero a mi hermana sí, repetidamente, durante varios meses. Estaba muy enferma, ¿comprendes? Parece que le ahorró muchísimos sufrimientos. Supongo que lo que yo quería saber era sólo si eso era cierto, y si realmente le alivió el dolor.

– Bueno, funciona, te lo puedo garantizar -le dijo Michael.

Victor había doblado la esquina de una de las páginas del libro del doctor Rice.

– Escucha esto: «La aurahipnosis fue descubierta originalmente por el marqués de Puysegar en 1782. Fue discípulo de Mesmer, el médico vienes que inventó la hipnosis. Mesmer utilizaba toda clase de elaborado material magnético para hipnotizar a las personas, alambres, imanes y recipientes con agua, pero el marqués de Puysegar demostró que todo ese material no es necesario… que lo único que hace falta es un foco óptico, como una luz o una moneda, y una voz suave.» Y escucha esto también: «Viajó a Sudamérica en la década de 1780 y allí descubrió que los indios peruanos se hipnotizaban a sí mismos sin otro propósito que permitir que sus auras salieran de sus cuerpos y bailasen alrededor de los fuegos de campamento para divertir a los niños.» ¿Puedes creerlo? ¡Televisión primitiva! «Incluso celebraban duelos hipnóticos unos con otros… sumiéndose en trances hipnóticos para que el aura de un guerrero pudiera físicamente dejar su cuerpo y luchar con el aura de otro.» Da la impresión de que en todo esto hubiera de por medio cierta cantidad de hojas de coca masticadas, pero básicamente en eso consiste la aurahipnosis. El aura del propio hipnotizador sale de él durante un tiempo y se reúne con el aura del paciente dentro del trance. Lo que se podía llamar hipnotismo «personal».

– Sigue -le pidió Michael, que había abandonado la lectura del mapa.

– El doctor Rice se refiere a la aurahipnosis dos o tres veces aquí-continuó diciendo Víctor-. Esto es de… ¿cuándo…? Octubre del año pasado. «Michael Rearden tiene un trauma de tratamiento tan complicado que he decidido someterlo en esta sesión a aurahipnosis. La experiencia ha resultado aterradora. Su estado es tal que su cuerpo etéreo ha adoptado la forma de oscuros nudos de tensión y terror, parecidos a espasmos musculares extremos. Es uno de los peores casos con los que me he tropezado, incluso más difícil de llevar que el de Frank Coward. Si fuera posible radiografiar su aura, se podrían identificar una a una las experiencias traumáticas que sufrió aquella noche, pero tal como son las cosas tengo que hacerlo mediante «tocar» y «sentir». Nunca me había encontrado con un cuerpo etéreo tan oscurecido y deformado.»

Michael gruñó divertido.

– Hace que me sienta como Quasimodo.

– El jorobado de Hyannis -dijo Víctor sonriendo-. De todas formas… al parecer creía que la aurahipnosis estaba ayudándole a ponerte en forma. Me parece que deberías estar agradecido, teniendo en cuenta lo peligroso que puede resultar.

– ¿Peligroso? ¿A qué te refieres?

– En la hipnosis corriente, el hipnotizador te coloca en un trance ligero que tiene el efecto de abolir temporalmente algunas de tus funciones corticales. Te convierte en alguien muy sugestionable, y así el hipnotizador puede hacerte regresar a la infancia o al momento en que empezara tu problema… lo cual en tu caso fue el desastre aéreo de Rocky Woods. Te ayuda a localizar y comprender tu ansiedad, y él se limita a sugerirte que no tienes que preocuparte más. Despierta, pías, fin del problema.

– ¿Y la aurahipnosis no es así?

– La aurahipnosis es más parecida a la fisioterapia… ya sabes, lo que se hace cuando uno tiene un accidente o algo así y el fisioterapeuta te mete en una piscina y te masajea los músculos. En la aurahipnosis, el hipnotizador te coloca en un trance tan profundo que los latidos del corazón se hacen lentos y el ritmo respiratorio se reduce casi a la mitad. Y justo cuando estás entrando en trance, su cuerpo etéreo entra contigo, al mismo tiempo. Su aura está realmente dentro de tu trance, contigo. Entonces, él puede «visitar» tus ansiedades contigo y ayudarte a ver que no tienes nada de qué preocuparte.

– ¿Y qué hay de peligroso en eso?

– Para empezar, tus ansiedades podrían ser muchísimo más horrorosas de lo que el aura del hipnotizador fuera capaz de manejar. Sean cuales fueren los traumas que han estado distorsionando tu aura, podrían distorsionar también la suya. El peligro reside en que el médico puede acabar tan enfermo como el paciente. E incluso más, puesto que el aura está fuera de su cuerpo y es mucho más vulnerable de lo que suele ser.

– ¿Tú crees algo de todo esto? -le preguntó Michael.

Victor asintió.

– Tendrías que haber visto a mi hermana Ruth. En 1967 enfermó de cáncer de estómago. Padecía unos dolores que no te puedes ni imaginar. La única persona que consiguió hacerle soportables los últimos días fue quien la sometía a hipnosis. Pudo haber pasado semanas sumida en la agonía y el sufrimiento; pero, en cambio, él le proporcionó semanas de dicha. La llevó de nuevo a su infancia, al día de su boda. Le hizo vivir los momentos más felices de su vida. Cuando murió no estaba postrada en una cama de hospital en Newark, estaba paseando a su perro en casa de nuestro tío, en Cos Cob, Connecticut. -Se dio unos golpecitos en la frente-. Aquí dentro, claro. -Se detuvo unos instantes, con los ojos empañados de lágrimas. Luego añadió-: Eso fue aurahipnosis, y de lo que yo no me enteré hasta años más tarde es que cuando aquella persona estaba sometiendo a Ruth a trance hipnótico, él sufría casi tanto dolor como la propia Ruth estaba sufriendo. Después de morir Ruth, se pasó siete meses ingresado en el hospital con úlceras perforadas. Casi le cuesta la vida.