El viento soplaba sobre el caballete, se retorcía al pasar la chimenea y bramaba entre juntas y chapas.
– Hermanito -dijo, dio un paso tambaleante y cayó hacia delante. Se golpeó con violencia contra el tejado de ladrillo, sintió como algo se rompía en su rostro y luego se precipitó por el borde en un salto mortal.
Ola Haver estaba en la calle y lo vio caer. Oyó el grito y alargó instintivamente las manos para detener la caída libre. En ese mismo instante el cuerpo golpeó el suelo helado.
Las luces azules de los coches de policía se batían alrededor y había gente mirando en las ventanas al otro lado de la calle entre amarilis y estrellas de Navidad.
El suelo era blanco y la sangre de Lennart, roja. Durante unos instantes la calle estuvo en calma. Berglund se acercó al cuerpo, que descansaba inclinado en una postura antinatural, y se quitó la gorra.
Kjell Eriksson