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– Jamás me habría imaginado que te las arreglarías para componer una cena de tres platos -dijo Erica mientras tomaba una cucharada de su aguacate.

– No, la verdad, ni yo tampoco. Pero en fin, ¡salud y bienvenida al restaurante Casa Hedström, pues!

Brindaron y probaron el vino blanco, que estaba bien frío, y siguieron comiendo un rato en silencio.

– ¿Qué tal te ha ido?

Patrik observaba a Erica bajo el flequillo.

– Pues gracias por preguntarlo, pero he tenido semanas mejores.

– ¿Cómo fue que estuviste en el interrogatorio? Debe de hacer una barbaridad de años que no tenías contacto ni con Alex ni con su familia.

– Sí, redondeando, unos veinticinco años. La verdad es que no lo sé. Me siento como si me hubiese absorbido un torbellino del que ni puedo ni sé si quiero salir. Creo que a Birgit mi persona le recuerda que hubo tiempos mejores. Además, yo estoy fuera de todo el asunto y, precisamente por eso, no puedo funcionar como un factor de seguridad.

Erica vaciló un instante.

– ¿Algún progreso?

– No puedo hablar del caso, lo siento.

– No, claro, perdona, no había caído.

– No pasa nada. En cambio, tú sí que quizá puedas ayudarme. A estas alturas, has hablado con toda la familia y, además, ya los conocías de antes. ¿No podrías hablarme de tus impresiones acerca de la familia y de lo que sabes de Alex?

Erica dejó los cubiertos e intentó clasificar sus propias impresiones y buscar el modo en que le gustaría exponérselas a Patrik. Y le contó todo lo que había averiguado, así como la impresión que le habían causado las personas que había en la vida de Alex. Patrik escuchaba atento, aunque se levantó para retirar los platos de los entremeses y llevó a la mesa el primer plato mientras ella hablaba. De vez en cuando intervenía con una pregunta. Estaba sorprendido ante la gran cantidad de información que Erica había recabado durante relativamente poco tiempo; eso, unido a todo lo que Erica ya sabía de Alex, convirtió a una mujer que, hasta entonces, sólo había sido una víctima de asesinato, en una persona con un rostro y una personalidad concretos.

– Patrik, ya sé que no puedes hablar del caso, pero ¿no puedes decirme si tenéis alguna pista de quién pudo matarla?

– No, yo diría que no hemos avanzado especialmente en la investigación. Una sugerencia, cualquier cosa, sería muy bienvenida en estos momentos.

Suspiró mientras describía círculos con la yema del dedo en el borde de la copa. Erica dudaba.

– Yo tengo algo que puede ser interesante.

Tomó el bolso y empezó a rebuscar en él. Sacó un papel doblado que le tendió a Patrik, que lo desdobló y empezó a leer con interés aunque, al final, alzó una ceja en gesto inquisitivo.

– ¿Y qué tiene esto que ver con Alex?

– Eso es precisamente lo que yo me pregunto. Encontré ese artículo en un cajón de la cómoda de Alex, entre su ropa interior.

– ¿Cómo que lo «encontraste»? ¿Cuándo has tenido tú oportunidad de mirar en los cajones de su cómoda?

Patrik vio que ella se ruborizaba y se preguntó qué sería lo que estaba ocultándole.

– Pues… fui a la casa una noche a mirar un poco.

– ¡Que hiciste ¿qué?!

– Sí, ya lo sé. No digas nada. Sé que fue una estupidez, pero ya sabes cómo soy, primero actúo y luego pienso -Erica siguió hablando sin parar, con la intención de evitar más reproches-. En cualquier caso, encontré este papel en el cajón de Alex y me lo llevé por casualidad.

Patrik se abstuvo de preguntar cómo había podido llevárselo «por casualidad». Lo mejor era no saberlo.

– ¿Qué crees que puede significar? -preguntó Erica-. Un artículo sobre una desaparición de hace veinticinco años. ¿Qué relación puede guardar eso con Alex?

– ¿Qué sabes tú de esto? -preguntó Patrik moviendo el papel de un lado a otro.

– Sobre los hechos, no más de lo que dice el artículo. Que Nils Lorentz, hijo de Nelly y Fabian Lorentz, desapareció sin dejar rastro en enero de 1977. Jamás encontraron su cuerpo. Pero sí se ha especulado mucho a lo largo de los años. Hay quien cree que se ahogó y que el cuerpo desapareció hacia alta mar y que por eso nunca se encontró. Según otro rumor, le birló a su padre una gran cantidad de dinero y se marchó al extranjero. Por lo que he oído, Nils Lorentz no era un personaje especialmente simpático y la mayoría de la gente se ha inclinado por la segunda versión. Era hijo único y dicen que Nelly lo mimó al máximo. Quedó inconsolable tras su desaparición y Fabian Lorentz jamás se recuperó de la pérdida. Murió de un ataque al corazón un par de años más tarde. El único heredero de toda la fortuna es un niño al que apadrinaron un año antes de que Nils desapareciera y al que Nelly adoptó después de la muerte de su esposo. Bueno, esto es un resumen de los chismorreos locales. Pero sigo sin comprender qué relación puede guardar todo esto con Alex. El único contacto entre las dos familias se dio porque Karl-Erik trabajó en las oficinas de la fábrica de conservas Lorentz cuando Alex y yo éramos pequeñas, antes de que se mudasen a Gotemburgo. Pero de eso hace ya más de veinticinco años.

Erica recordó de pronto otra conexión. Y le contó a Patrik la aparición de Nelly en la recepción tras el funeral, donde dedicó a Julia casi toda su atención.

– Aunque no veo qué relación hay entre todo eso y este artículo, parece que algo hay, desde luego. Francine, copropietaria de la galería de arte junto con Alex, mencionó además que creía que Alex quería terminar con el pasado. No supo explicarse mejor, pero yo creo que ahí está la conexión. Llámalo intuición femenina si quieres, pero tengo el presentimiento de que ahí lo tenemos.

Se sentía algo culpable, pues no le había contado a Patrik toda la verdad. Aún había una pieza, diminuta y extraordinaria, que se había abstenido de revelarle. Y de la que no le hablaría hasta que no supiese algo más.

– Ya, claro, no puedo esgrimir ningún argumento contra la intuición femenina. ¿Un poco más de vino?

– Sí, gracias. -Erica echó una ojeada a la cocina-. ¡Qué bonita tienes la casa! ¿La has decorado tú?

– No, ése no es mérito mío. Sino de Karin, que tiene buen gusto para esas cosas.

– Ah, sí, Karin. ¿Qué pasó?

– Bah, lo de siempre, ya sabes. Chica conoce cantante de música pop vestido a la última. Chica se enamora. Chica se separa de su esposo y se va a vivir con el cantante de música pop.

– ¡Estás de broma!

– Por desgracia, no. No sólo me dejó, sino que me dejó por Leif Larsson, admirado y famoso vocalista del grupo más célebre de Bohuslän, Leffes. El hombre con el peinado más atractivo de la costa oeste, a lo jugador de hockey. Así que, no tenía yo mucho con lo que oponerme a un hombre que calza mocasines.

Erica lo miraba con los ojos de par en par.

Patrik sonrió.

– Bueno, quizá te haya dado la versión exagerada, pero algo así.

– Pero, Patrik, ¡debió de ser horrible! Imagino que no lo has pasado muy bien.

– Bueno, estuve compadeciéndome de mí mismo bastante tiempo. Pero ahora estoy más o menos. No bien, pero sí más o menos.

Erica cambió de tema.

– La noticia del embarazo cayó como una bomba.

Clavó en Patrik una mirada inquisitiva y éste tuvo la sensación de que había algo más tras la aparente inocencia de su constatación.

– Sí, parece ser que no le había participado a su esposo la buena noticia.

Patrik esperó a que Erica continuase y, tras un instante, pareció resuelta a seguir abundando en el tema, aunque lo hizo en voz muy baja y muy despacio, como vacilando aún.

– Según su mejor amiga, Henrik no era el padre de la criatura.

Patrik alzó una ceja, gesto que acompañó de un silbido, pero no dijo nada, pues deseaba oír más.

– Francine me contó que Alex había conocido a un hombre en Fjällbacka y que venía aquí todos los fines de semana para encontrarse con él. Según Francine, Alex no quiso nunca tener hijos con Henrik, pero con ese hombre era distinto. Estaba muy ilusionada con el bebé y por eso Francine era una de las personas del entorno de Alex que insistía en que no podía haberse suicidado. Según ella, Alex estaba feliz, por primera vez en su vida.