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Everard asintió para sí. Eso ya estaba. Más difícil que aceptar el fin de las ambiciones sangrientas de Toktai era aceptar la verdad sobre la Patrulla, a la que consideraba su familia, su nación y su razón de vivir. Los distantes superhombres habían resultado no ser tan idealistas después de todo. No se limitaban a proteger una historia, quizá decretada divinamente, que conducía hasta ellos. Aquí y allá, también intervenían para crear su propio pasado… No preguntes si alguna vez hubo un «esquema» original de las cosas. Mantén cerrada la mente. Mira el sendero terrible que la humanidad tenía que recorrer y convéncete de que si en algunos momentos podía ser mejor, en otros podía ser peor.

—Es posible que la partida esté amañada —dijo Everard—, pero es la única de esta ciudad.

Su voz sonó tan fuerte en aquella extensa tierra blanca, que no volvió a decir nada más. Hizo avanzar más rápido el caballo y se acercó un poco más deprisa al norte.