Las fuerzas de ocupación tendrían una nueva reina.
El Suzerano de Costes y Prevención reflexionaba sobre la injusticia de todo aquello mientras se arreglaba las plumas. Las suyas también habían empezado a secarse, pero todavía no presentaban signos discernibles de color.
Primero había sido elevado al puesto de candidato y jefe de la burocracia, tras la muerte de su predecesor. Siempre había soñado con un destino así, ¡pero no con formar parte de un Triunvirato ya maduro! Cuando eso sucedió, encontró a sus compañeros en camino hacia la sexualidad y él se vio forzado a ponerse velozmente a su altura.
Al principio eso pareció difícil pero luego, para sorpresa de todos, logró ganar muchos puntos. Descubrir la estupidez en que habían caído los otros dos durante el interregno permitió al Suzerano de Costes y Prevención efectuar unos importantes saltos hacia adelante.
Entonces se alcanzó un nuevo equilibrio. El almirante y el sacerdote habían resultado ser unos brillantes defensores de sus posiciones políticas.
Pero se suponía que la Muda tenía que decidirse a partir de la corrección de la política. Se suponía que el premio tenía que ser para el líder cuyos conocimientos demostraran ser los más adecuados. ¡Ésa era la forma!
No obstante, el Suzerano sabía que aquellas cuestiones se decidían a menudo por circunstancias fortuitas o por peculiaridades del metabolismo.
O por alianza de dos en contra del tercero, reflexionó. El Suzerano de Costes y Prevención se preguntó si había sido inteligente apoyar al militar contra el sacerdote durante las últimas semanas, dando al almirante una ventaja casi insuperable.
¡Pero no existía otra opción! Tenía que enfrentarse al sacerdote ya que el Suzerano de la Idoneidad parecía haber perdido todo control.
Al principio había surgido ese absurdo acerca de los garthianos. Si el anterior burócrata permaneciera vivo, tal vez hubiera podido evitar aquella extravagancia. Pero tal como había ocurrido todo, se habían dilapidado grandes cantidades: se había mandado traer una nueva sección de la Biblioteca Planetaria, se habían enviado peligrosas expediciones a las montañas y se había empezado a construir una derivación hiperespacial para una Ceremonia de Adopción, antes de tener confirmación de que existía algo que adoptar.
Luego estaba el tema de la recuperación ecológica. El Suzerano de la Idoneidad insistía en que era esencial poner de nuevo en marcha sobre Garth el programa de los terrestres, al menos a un mínimo nivel. Pero el Suzerano de Rayo y Garra se negaba obstinadamente a que ningún humano saliese de las islas. Así que, a un precio muy elevado, se había conseguido ayuda desde fuera del planeta. Una nave llena de jardineros unten, neutrales en la actual crisis, estaba en camino. ¡Pero sólo el Gran Huevo sabía cómo les iba a pagar!
Ahora que la derivación hiperespacial estaba casi terminada, tanto el Suzerano de Rayo y Garra como el Suzerano de la Idoneidad estaban dispuestos a admitir que los rumores sobre los garthianos no eran más que un engaño tymbrimi. Pero, ¿iban a permitir que se parasen las obras de construcción?
No, al parecer cada uno tenía sus razones para querer que se terminasen. Si el burócrata hubiera estado de acuerdo, eso habría supuesto un consenso, un paso hacia la política que tanto deseaban los Maestros de la Percha. Pero ¿cómo iba a estar de acuerdo con tal estupidez?
El Suzerano de Costes y Prevención pió desalentado. El Suzerano de la Idoneidad había llegado tarde a otro coloquio. Su pasión por la rectitud no se extendía, al parecer, a la cortesía para con sus compañeros.
En esta etapa, la inicial competitividad entre los candidatos, tendría que haber empezado a transformarse en respeto, y luego en cariño, para llegar finalmente al verdadero acoplamiento. Pero ahí estaban, al borde de la Muda, y ejecutando aún la danza de la mutua aversión.
El Suzerano de Costes y Prevención no se sentía feliz por el modo en que se estaban desarrollando las cosas, pero al menos estaría satisfecho si todo continuaba en la misma dirección que hasta ahora y si finalmente el Suzerano de la Idoneidad se veía obligado a bajar de su altiva percha.
Un ayudante se aproximó al jefe de la burocracia y éste tomó la plancha de mensajes que le tendía. Tras enterarse de su contenido, permaneció pensativo.
Fuera había una conmoción…, sin duda el tercer compañero llegaba por fin. Pero el Suzerano de Costes y Prevención aún consideró durante unos instantes el mensaje que había recibido de sus espías.
Pronto, sí, pronto. Pronto comprenderemos los planes secretos, planes que tal vez no sean una buena política. Quizás entonces veamos un cambio, un cambio en la sexualidad… pronto.
63. FIBEN
Le dolía la cabeza.
En sus tiempos de estudiante en la Universidad, también se había visto obligado a estudiar hora tras hora durante muchos días, para preparar los exámenes. Fiben nunca se había considerado un chimp inteligente y los exámenes solían ponerlo enfermo aun antes de enfrentarse a ellos.
Pero en aquella época, al menos, había también actividades adicionales, viajes a casa y «momentos de respiro», en los que un chimp podía descansar y divertirse.
Y, en la Universidad, algunos de los profesores le gustaban. Pero en aquel momento, ya no podía aguantar a Gailet Jones ni un minuto más.
—¿Así que crees que la Sociología Galáctica es pesada y aburrida? —le recriminaba Gailet después de que él hubiera tirado los libros al suelo enojado y se dedicara a pasear nervioso por el otro extremo de la celda—. Bueno, lo siento, pero la asignatura no es Ecología Planetaria. De ser así, tú podrías ser el profesor y yo la alumna.
—Gracias por reconocer tal posibilidad —bufó Fiben—. Empezaba creer que lo sabías todo.
—Eso no es justo. —Gailet dejó a un lado el pesado tomo que tenía sobre las rodillas—. Sabes que faltan pocas semanas para la ceremonia. En tales circunstancias, puede ser que tú y yo tengamos que hacer de portavoces de toda nuestra raza. ¿No debemos intentar prepararnos lo mejor posible?
—¿Y cómo estás tan segura de saber qué conocimientos se considerarán importantes? ¿Quién puede decir si la Ecología Planetaria no será entonces un tema crucial?
—Podría serlo perfectamente. —Gailet se encogió de hombros.
—O la mecánica, o la navegación espacial, o… el beber cerveza a grandes tragos, o la aptitud sexual.
—En ese caso nuestra raza tendrá la suerte de que tú seas su representante ¿no? —le espetó ella. Se miraron en silencio unos instantes. Finalmente Gailet alzó una mano—. Lo siento, Fiben. Sé que todo esto te resulta fastidioso, pero yo tampoco he pedido que me pusieran en esta situación.
No, pero eso no importa, pensó Fiben. Tu has sido designada para ello. Los neochimps nunca encontrarían a una chima más racional, sosegada y autocontrolada, cuando la ocasión lo requiere.
—Y, por lo que respecta a la Sociología Galáctica, Fiben, tú ya sabes que hay muchas razones por las que se considera el tópico esencial.
Ahí estaba otra vez, esa mirada en los ojos de Gailet. Fiben sabía que eso significaba que en sus palabras había diversos niveles.